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EDICIÓN | Septiembre 2016

el GUARDIÁN

José Tomás López, seleccionado hockey césped.
el GUARDIÁN

Con veintiún años y presencia en selecciones nacionales, este estudiante de Ingeniería Civil de Materiales entrega la confianza de un portero experimentado, siendo artífice del ascenso del CDA-OJCC a la liga superior chilena.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

La gran motivación para José Tomás López Molinet, fue integrar el equipo chileno que participaría en los Juegos Panamericanos Junior 2016, disputados recientemente en Toronto, Canadá. Una meta que consiguió a pulso y sacrificio, como único penquista y representante de un equipo de segunda división, que hoy se levanta como gran proyección del hockey césped nacional.

Como parte de la selección que obtuvo el tercer lugar en ese torneo Sub 21 en Norteamérica, el arquero del Old John’s Country Club — equipo fusionado con el Club Deportivo Alemán (CDA-OJCC)—, disfruta este deporte desde la última línea, con visión de juego y reflejos que lo posicionan en una labor que tiene gran responsabilidad.

Sin dejar de lado sus estudios, en la Universidad de Concepción, espera consolidarse en esta disciplina, así como lograr una buena actuación con su equipo en el debut en la máxima categoría nacional.

¿Siempre partiste al arco?

Sí, porque jugaba de arquero en otros deportes, sobre todo en fútbol, y cuando ingresé al hockey lo hice en ese puesto. Fue en 2010, gracias a un compañero de curso con el que también somos compañeros de equipo. Estaban armando un equipo Sub 16 en el Country Club y les faltaba arquero, y me preguntaron si quería probarme. Fui y me gustó.

¿No quisiste probar en otra posición?

Entrené también como jugador, pero no tenía muchas cualidades y volví al arco, que es lo que me gusta. Es más rápido, todo muy distinto, un deporte diferente... Ahora, por ejemplo, se me hace difícil volver a atajar en fútbol, porque en hockey uno no puede agarrar la pelota, solo rebotes, por la forma del guante y el tamaño de la bola. Como que me acostumbré y en vez de agarrarla, la dejo al rebote. Se requiere más reflejos, pues la pelota es chica y el tiempo de reacción es más corto.

También hay mayor exposición y riesgo…

Sí, pero la indumentaria es distinta, porque tenemos protección de cuerpo completo. Incluso así he tenido lesiones, como fisura de huesos, en el pie, tendinitis y cosas así, por la exigencia de algunas pelotas. En la espalda no hay protecciones, por eso hay que saber caer y protegerse.

ROL PRINCIPAL

¿Qué te llamó la atención de este deporte?

Antes de que me invitaran, no lo conocía. Había visto alguna vez a las “leonas”, pero no tenía idea del juego. Lo que más me llamó la atención fue el club, lo unido que era el grupo. Y eso me agradó. La tradición que tenía el equipo y la novedad de un deporte distinto, de mucha velocidad.

¿Cuál es el rol del arquero, más allá de atajar?

El arquero tiene una mayor responsabilidad en el juego, con respecto al fútbol, porque hay jugadas que son claves y que pasan por él. Como los córneres cortos, con estrategias defensivas y lanzamientos. Es una jugada especial, que se entrena bastante y donde uno saca más ventaja. Para eso se estudian las jugadas de los otros equipos, porque llega a ser la más importante dentro de un partido.

¿Cuál es el requisito primordial para un hockista?

Lo principal es el estado físico. Los cambios no tienen límites en un partido, por lo que hay que estar en buen estado. Y trabajar la espalda y las piernas, por la posición en que se juega. En la selección, se entrena de acuerdo a los torneos y con carga diferenciada.

INICIOS

¿Cómo fue tu comienzo en el Country Club?

Partí en la Sub 16, en la competencia nacional, sobre todo en Santiago y un circuito nacional con fechas. Eso me motivó a permanecer en el hockey. En el Country, este deporte se caracteriza por ser familiar, que traspasa generaciones. Pero además, ese año se formó un buen equipo, porque llegó gente motivada. Después pasé a la Sub 18 y luego a la adulta. Pude entrenar con ellos primero, y debutar con el primer equipo. Allí empiezan a aparecer otros desafíos, como invitaciones a los entrenamientos de selección, para probarte cómo estás, desde categorías más chicas.

¿Cuáles han sido tus mejores momentos en este deporte?

El primer viaje que tuve con la selección fue en 2013, a los Juegos Bolivarianos de Perú. Esa vez llamaron a un equipo de proyección, más algunos seleccionados jóvenes. Yo tenía dieciocho años y desde ese llamado he estado en otras convocatorias importantes, con procesos serios y selectivos. Ese verano entrené con la selección adulta, que apuntaba a los Juegos Odesur. Entrené diciembre y todo enero con ellos, siendo el más joven. Eso me llevaría por el camino a los Panamericanos Junior de este año.

¿En el arco es más difícil encontrar un lugar?

Es difícil ser joven y disputar un puesto, porque los arqueros son los más experimentados. En la selección, los porteros son los más veteranos del equipo, sobre los treinta años, pero el técnico (Diego Amoroso) confió en mí. En ese proceso, pude jugar unos test match, frente a Canadá adulto, en un partido que ganamos 3-2.

SACRIFICIOS

¿Cómo fue el camino a los Juegos Panamericanos Sub 21?

Fue un proceso muy largo. Dos años de preparación, en los cuales hubo mucho de sacrificio. En un principio eran entrenamientos los viernes, pero también hubo giras preparatorias, veranos sin vacaciones y también estaba la universidad. Afortunadamente, tuve el apoyo para seguir adelante. En primer año me costó, porque tuve que organizarme para viajar. Ahora no tanto, pero hay que aplicarse harto en los viajes y entrenamientos. Tuve que pasar mucho tiempo viajando a Santiago.

¿Cuál fue tu motivación para hacerlo?

Jugar por la selección y llegar el Panamericano Junior. Cuando se concretó, fue un sueño cumplido. Emocionante, sobre todo cuando dieron la nómina. Por todos los sacrificios: concentraciones larguísimas, entrenamientos tres veces al día, gimnasio, hockey y sin la familia cerca. El Panamericano fue en mayo, y la nómina la dieron recién dos semanas antes.

¿Cómo fue esa experiencia?

Una grande, que hizo valer la pena todos los sacrificios hechos. Obtuvimos la medalla de bronce, aunque no me tocó jugar tanto como esperaba. Actué en los partidos amistosos previos, y en el Panamericano, en dos cotejos contra Guyana y Puerto Rico. Salimos punteros del grupo, ganando todo, pero en semis perdimos con Canadá (3-1). Los dos finalistas iban al mundial, así que fue fome haberlo perdido, porque podríamos haberlo logrado.

¿Tienes algún referente?

El arquero de Canadá, David Carter. Por sus reflejos y su singular forma de atajar. En el partido que debuté por la adulta, me tocó enfrentarlo, justamente. Fue un buen desafío y gran experiencia. Veía sus partidos y cómo entrenaba. El año pasado fue el mejor arquero del mundo.

FUTURO

¿Qué es lo que viene ahora para ti?

Viene el nuevo proceso, con el llamado a la selección adulta como principal objetivo. No es difícil, quiero hacer un buen torneo en primera división para lograrlo. El nivel es distinto, eso también ayuda. Hay partidos de mayor intensidad, los entrenadores están en esa división y es una buena vitrina. Es importante nivelarse con todos.

¿Y tus aspiraciones en el hockey?

Aún es un deporte semiprofesional en Chile. Los jugadores lo complementan con sus profesiones, entrenando full, aunque también otros se la han jugado por salir afuera. En mi caso, me gustaría salir de la universidad, irme a Santiago para trabajar y entrenar por un club y la selección. Y así estar dedicado a la actividad, porque viajando, como lo he hecho hasta ahora, no se está en las mismas condiciones y eso termina siendo una carga adicional. Pero se disfruta el doble.

 

"El arquero tiene una mayor responsabilidad en el juego, con respecto al fútbol, porque hay jugadas que son claves y que pasan por él”.

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