Viña Diciembre 2017
34 tell. cl Baburizza: palacio, PINACOTECA Y ALGOMÁS S i bien la noticia hizo que rápidamente se reaccionara, y la sombra de pérdida se disipó, dejó un sabor amargo, en cuanto a pensar que aquella gran joya, como es la colección pictórica, estuviera en riesgo de perder de forma insólita una de sus principales obras que componen el patrimonio del museo. Lo anterior nos deja muchas enseñanzas. Lo primero es que el patrimonio no puede ser expuesto a peligro alguno en el futuro, compromiso que ha sido asumido por las autoridades del museo y también del municipio. Y entre las razones para defender este principio, es que el Baburizza no sólo es la joya de Valparaíso, sino también un patrimonio nacional y universal. Pero la historia de este museo es larga y va más allá del patrimonio que alberga. Su emplazamiento ya es digno de visita. Ubicado en el Cerro Alegre, se emplaza junto a la estación alta del ascensor en Peral —otro imperdible patrimonial— en el paseo mirador con el nombre de un país que ya no existe: Yugoslavia. De hecho, en su origen el paseo se llamaba “americano”, por la presencia de algunos vecinos estadounidenses, sin embargo, con la llegada de croatas al sector, como la familia Baburizza, Petrinovic (actual hotel Astoreca) y Antoncich, terminaron por inclinar el rebautizo del espacio público con el nombre del país, nacido como reino en 1918, y que cobijaba en su territorio a la natal Croacia. Sin embargo, la fractura y posterior desaparición del país balcánico en la década de 1990, instauró la duda de si era viable mantener el nombre del paseo. Incluso existió una propuesta concreta de renombrarlo como Croacia, consecuente con la identidad nacional de Baburizza, pero hasta la fecha se ha optado por conservar el nombre que ya es un patrimonio histórico. Otra particularidad del palacio es que no fue construido para la referida familia croata, sino para el italiano Ottorino Zanelli, empresario originario de la Liguria, quien encargó la construcción a los arquitectos Arnoldo Barison y Renato Schiavon, quienes provenían de la región de Trieste, en la actual frontera italiana– eslovena. La obra fue realizada en 1916, pero ese mismo año su mandante falleció sorpresivamente, por lo que en 1925 la viuda de Zanelli lo vendió al empresario Pascual Baburizza, quien estaba buscando residencia en el principal puerto de la república. Tras su muerte, en 1941, el hermoso palacio Art Nouveau siguió en poder de la familia hasta que la Municipalidad de Valparaíso lo adquirió en 1971 y desde entonces, aunque con un largo período de cierre, se transformó en el museo que alberga la colección pictórica, conformada en parte por la donación que había dejado a la ciudad el notable personaje, así como obras que pertenecían al patrimonio del municipio desde finales del siglo XIX, y otras provenientes de la célebre Bienal de Arte de Valparaíso. En suma, el palacio Baburizza y su museo es hoy un imperdible de la ciudad y del gran Valparaíso. Y la mejor forma en que todos debemos defenderlo es tomar conciencia de su valor, visitarlo periódicamente, promover su conservación e imaginarlo aún más grandioso en el futuro. Hace unas semanas, una desafortunada noticia circulaba en distintos medios de prensa. Por unas deudas en cobranza judicial que afectaban al municipio de Valparaíso, se anunciaba el embargo y amenaza de remate de algunas emblemáticas pinturas pertenecientes al Museo Municipal de Bellas Artes de Valparaíso, conocido popularmente como Baburizza, una de las pinacotecas más importantes del país. conectados con la historia Por Rodrigo Moreno Doctor en Historia. Director Departamento de Historia y Ciencias Sociales Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez.
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