Viña mayo 2018

40 tell. cl “Decidí estudiar fotografía sin tener una cámara y sin saber lo que era ser fotógrafa”, relata con sinceridad. “Lo vi cercano al arte y como una he- rramienta para crear. Lo tomé como un desafío y un nuevo aprendizaje”. En el instituto descubrió el trabajo de André Kertész y desde entonces se encuentra en el podio de sus fotógrafos predilectos, junto a Sergio Larraín y Henri Cartier-Bresson. A través de su composición lumínica y de cuerpos vio irradiado en este artista húngaro a una persona que le decía al oído que sí era posible encontrar una forma original de canalizar sus sentimientos y conducir sus exploraciones artísticas. “Me gustan las distorsiones que Kertész hacía con los reflejos de mujeres desnudas en espejos cóncavos y convexos. El cuerpo toma formas extra- ñas y preciosas”, agudiza, bajando la voz. “Podría tener fotos enmarcadas de André por toda mi casa”. Entre los profesores que dejaron huella durante su etapa de estudios están Soledad Montero, cuyo ensayo Fragmentos desde la locura también abor- da la irrealidad y la distorsión; y Guillermo Yáñez Tapia, quien a partir de la filosofía ha investigado en la ontología de la imagen. Confiesa que gracias a ambos pudo transitar un camino distante de la copia fácil y estéril, y que su problemática de estudios se volcó hacia la imagen digital. La tesis que presentó para obtener el grado abordó las representaciones ilusorias del yo en las redes sociales. Tomó miles de imágenes de distin- tas personas para montar una Valentina repleta de fugacidad. “Quería cuestionar el porqué usamos las redes sociales, qué aparenta- mos y de qué manera nos representamos en esta posmodernidad”, afir- ma. “Me gusta que a partir de una base argumentativa se pueda encon- trar miles de fórmulas para plasmar una imagen. La cámara es solo una herramienta y yo parto desde lo teórico para explorar en lo visual. Decidí estudiar fotografía sin tener una cámara y sin saber lo que era ser fotógrafa. Lo vi cercano al arte y como una herramienta para crear”. ¿Te generó alguna contradicción el postular a un concurso de belleza por el alto grado de ex- posición pública? Todo el mundo tiene el prejuicio que en un con- curso de belleza la mujer es un objeto. Pero concursos como el Miss Earth, Miss Mundo o Miss Universo tienen una causa detrás. Si bien se escoge a una mujer guapa, no siempre gana la más linda, sino la que está mejor preparada. La función de esa persona que gana es ser más que un rostro. ¿No es esa una frase típica de reina de belleza? La mayoría va por ser la más linda, pero cuando empiezan a ver la realidad de otras personas la situación cambia. Nosotras tuvimos que ir a un hogar de menores y a jardines infantiles; eso te abre los ojos y te hace querer aportar como ser humano. Yo hablé con la directora de Valpa- raíso de Desafío Levantemos Chile para ir a un hogar del Sename. Le dije que independiente si ganaba quería sumarme a su equipo de trabajo porque quiero contribuir directamente para el bienestar de esas niñas. Si bien tienen sicólo- gos y un equipo de especialistas a su alrededor, Fotografía gentileza Francesca Cáceres

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