TELL MAGAZINE SEPTIEMBRE 2022

65 tell. cl Catalina Girardi y Melanie Taylor dieron vida a este emprendimiento creativo, que nace de la firme convicción del poder de los vínculos entre las personas y de la filosofía africana Ubuntu, enfocada en las relaciones personales. A través de juegos de cartas, crearon una dinámica maravillosa para volver a conectarnos con nosotros mismos y los demás, generando un espacio único de reencuentros. “Es urgente humanizar los espacios familiares”, dicen ellas. ¿Eres de los que aman las sobremesas y las conversas profundas? Esta entrevista es para ti. Por Macarena Ríos R. /Fotografías Javiera Díaz de Valdés. Vive Ubuntu Preguntas poderosas C uenta la historia que un antropólogo es- taba visitando un poblado en África; que- ría conocer y entender más sobre su cul- tura y sus valores y se le ocurrió hacer un juego con los niños. Puso una canasta de frutas junto a un árbol y les dijo que el primero que llegara se iba a quedar con ella. Para su sorpresa, lo que sería una carrera por llegar an- tes, se convirtió en un acto de amor y solidaridad: los niños entrelazaron sus manos y corrieron jun- tos en dirección al árbol, tomaron la canasta y se sentaron en círculo para compartirla entre todos. Cuando el antropólogo les preguntó por qué lo ha- bían hecho, ellos respondieron “Ubuntu”, con una sonrisa. “¿Cómo uno de nosotros va a estar feliz si el resto está triste?”. Ahí estaba. Eso era. Una profunda filosofía de vida que se refiere al modo de entender y de estar en el mundo y que pone a la comunidad en el centro de todo. “Se dice que las personas tienen Ubuntu cuando son empáticas, abiertas y acogedoras. Que no ven al otro como una compe- tencia, sino como alguien que tiene mucho que entregar y con el que también pueden compartir y enriquecerse mutuamente”, afirma Catalina. De eso se trata este emprendimiento. La génesis de Vive Ubuntu no fue algo fortuito. No. Nació al alero del cariño y la mutua admira- ción entre una licenciada en Filosofía y Cultu- ra Religiosa y una sicóloga, que se conocieron cuando trabajaban en un colegio de San Ber- nardo, en Santiago, a cargo de la pastoral. Me- lanie venía llegando tras una larga estadía de siete años en Perú y Ecuador, y Catalina acaba- ba de salir de un cáncer que la había remecido hasta sus raíces. “Vivíamos organizando talle- res, grupos de reflexión y actividades sociales y en ese trabajo en grupo nos dimos cuenta de que era muy transformadora la vida en comuni- dad y que el espacio que se generaba era muy rico en cuanto a experiencias de encuentro con el otro y con uno mismo”. No pasó mucho tiempo para que ambas se dieran cuenta de que vibraban con las mismas cosas y que había mucha sintonía entre ellas, tanta, que decidieron crear un proyecto juntas. “Queríamos brindar espacios para que las per- sonas se pudieran conectar de verdad”. En esa búsqueda, y en plena pandemia, apareció la pa- labra “Ubuntu” en sus vidas, que vino a reafirmar lo que llevaban años experimentando con los grupos de pastoral y en la vida misma. Dicen que ese descubrimiento les hizo estallar la cabeza. Eso era. Renunciaron a sus trabajos con la certeza abso- luta de regalar experiencias de encuentro y sacar la mejor versión de uno mismo.

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