Santiago Noviembre 2017

norte de la India y Bangladés, recibiendo cultos y ceremonias durante su andar; todos quieren morir cerca de ella, especialmente cuando pasa por Varanasi porque allí la oración es la principal compañera del hombre. Reconocida mundialmente, la ciudad es uno de los focos espirituales más aclamados por hindúes y extranjeros; destino de enfermos y ancianos que buscan la paz. Refugio también para los abandonados y olvidados que sobreviven en el suelo de sus callejones; para los sadhus o renunciantes, que optaron por el camino de la penitencia y la austeridad, personas que nunca cortan sus barbas ni cabellos, que eligieron los templos como hogar y las túnicas naranjas como vestido. Todos ellos creen en el karma y la reencarnación, es decir que aquello que les toca vivir hoy es consecuencia de sus acciones en vidas pasadas por lo que, independiente de su realidad, están ahí esperando celebrar el fin de la vida junto a la diosa porque ella tiene la facultad de liberarlos. Sostienen que cuando un cuerpo sin vida se sumerge en el río Ganges, el poder de sus aguas termina con el ciclo de nacimientos y el alma conquista el estado iluminado; algo que para los cristianos sería como llegar al paraíso. LOS ÚLTIMOS PELDAÑOS En el casco antiguo de Varanasi existen seis kilómetros de río y noventa ghats, escaleras de piedra que llegan hasta la orilla. A ellas se acercan todos los días, sagradamente, la mayor parte de sus dos millones y medio de habitantes para rezar. En estos peldaños del siglo XVII se 50 tell .cl

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