Santiago Octubre 2017
30 tell. cl Palacio Cousiño, testigo de la “ Belle époque chilena ” Por Eliana Urrutia Méndez, académica Pedagogía en Historia y Geografía. Facultad de Ciencias de la Educación, USS. ARCHIVO histórico E l domingo 28 de mayo pasado, como parte de las actividades del Día del Patrimonio, reabrió sus puertas al público el Palacio Cousiño, luego de sie- te años de cierre debido a los daños que sufriera con el terremoto de 2010 y el tiempo que comprendió su restauración. La larga fila de visitantes de aquel día reflejaba que se trata de uno de los lugares patrimoniales más reconocidos de Santiago. Unas semanas más tarde lo visité; allí pude apreciar que los años de trabajo para su rehabilitación se habían centrado más en aspectos estructurales que en los estéticos, por lo que aún mantiene ese carácter desgastado que lucía antes del evento sísmico y con los efectos recientes de la humedad que se había filtrado, luego de una intempestiva lluvia que puso en serio peligro la biblioteca y la pinaco- teca de este monumento nacional. La historia de este edificio se remonta a la idea de don Luis Cousiño Squella, acau- dalado empresario agrícola y minero, quien compró dos solares al final de la calle Dieciocho para la construcción de su residencia en Santiago, pero su muerte a temprana edad le arrebató la posibilidad a ver materializada su edificación. Sería su joven viuda, IsidoraGoyenechea, quien continuaría a la cabeza de los negocios, como una de las mujeres más inteligentes y visionarias de su época. La obra del Palacio Cousiño en Santiago fue encargada, en 1874, al arquitecto francés Paul Lathoud, quien dejó plasmado en él la elegancia del clasicismo francés, pero con varios giros ornamentales, introduciendo elementos barrocos y orientales que le imprimieron el exotismo de moda en la época. Así confluyen diversos materiales como mármoles, elementos de fierros, vidrio, granito entre otros, soportados sobre una estructura de albañilería de ladrillo sin refuerzos me- tálicos. Junto con su valioso legado artístico y arquitectónico, se introdujeron ade- lantos técnicos como un ascensor interior y un sistema de calefacción central con calderas y ductos de agua que circulaban por canaletas interiores. El eclecticismo ornamental y arquitectónico se aprecia tanto en su exterior como en salones interiores. En los exteriores, resalta el eje central de su fachada y desta- ca la marquesina de fierro y vidrio que enmarca la puerta principal, sostenida por columnas metálicas, el piso de mayólica italiana y las gradas de mármol. Así tam- bién, en los muros exteriores se aprecianmedallones demayólica italiana y fayen- zas. En la fachada oriente se impone la estructura metálica del jardín de invierno. Este palacete de lo que podríamos lla- mar la Belle époque chilena, es un sobre- viviente y un testigo de ese tránsito que experimentaron los altos sectores de la sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX, dada la bonanza econó- mica y el influjo europeo. Si su exterior refleja la elegancia y gusto por los modelos europeos, su interior esmás sorprenden- te aún, no obstante el paso del tiempo y los infor- tunados eventos a los que ha sido expuesto. El es- tilo del Segundo Imperio con escalas de mármol, pisos demayólica, y cuatro óleos del pintor francés George Clairin, son parte de la entrada. Otro de los espacios destacados lo contituye el Salon de los Espejos o salón dorado, conocido por el uso de los reflejos para dar el efecto de amplitud al espacio, cuya decoración es realmente exquisita, amobla- da en el estilo Luis Felipe y con pisos de parquet realizado en un fino trabajo de marquetería en ébano, nogal, haya alemana, caoba y cedro. Un espacio excepcional lo constituye la pinacoteca y biblioteca, donde hay cinco óleos del pintor fran- cés Monvoisin: Alí Pachá y Vasiliki, Carlota Corday en prisión, Eloísa en el sepulcro de Abelardo, Gue- rreros griegos, La última noche de los girondinos , obras que son un patrimonio en sí mismas. Sobreviente del tiempo, de cataclismos, incen- dios y fluctuaciones de la economía, el Palacio Cousiño, ubicado en Calle Dieciocho 438, nos abre las puerta del tiempo y la historia del San- tiago del siglo XIX.
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