Santiago Febrero 2018
C uba es un destino que gran parte de los turistas tie- nen como uno de aquellos lugares imperdibles. Ya sea si te gusta la playa y quieres disfrutar de sus paradi- siacas aguas templadas o te mueve la curiosidad de conocer esta mediática isla que estuvo sumida en el bloqueo económico por mas de cincuenta años, Cuba, en general, y la Habana, en particular, está presente de una u otra forma, en la conciencia de todo el mundo. La Habana es una ciudad de contrastes. De gente alegre pero con necesidades, de una arquitectura exquisita pero deteriorada, de una cultura de las artes que probablemente sea una de las mejores del mundo pero que carece de protagonismo (al menos es la sensación que sentimos al visitarla). Los cubanos, en general, sonmuy nacionalistas y orgullosos de sus raíces, no quieren ser “americanos” pero símbolos icónicos como la manzana de la compañía estadounidense Apple adornan los escaparates de tiendas o los parabrisas de muchos autos en la capital cubana; claro, siempre con los colores de la bandera cubana, la figura del Che Guevara o las del mismísimo Fidel. En el casco viejo de la Habana, pareciera que el tiempo se hubiese deteni- do. Al recorrer sus calles vas descubriendo construcciones majestuosas, la mayoría, deterioradas o en reparaciones las que sirven de vivienda a la población cubana. Familias numerosas viven en estas construcciones subsistiendo con lo básico. Lo básico que está garantizado para los cuba- nos y otorgado por el gobierno. Todos los cuba- nos tienen un techo donde vivir (independiente de cómo sea ese “techo”). Es común ver a ancianos sentados en el porche de las avejentadas construcciones viendo el tiempo pasar o conversando de la vida con su vecino. En tanto niños y adolescentes se entre- tienen jugando en las esquinas con un palo y una pelota de trapo soñando quizás, algún día, convertirse en un jugador de beisbol profesional, jugar en las ligas mayores de EE.UU y optar a un futuro mejor. El mejor ejemplo de que el tiempo pareciera haberse detenido en la Habana a partir del embargo en los años sesenta, es el hecho de que el parque automotor es prácticamente el mismo. Los “almendrones”, llamados así por los nacidos en la isla, son aquellos vetustos coches americanos de los años cincuenta que casi por milagro han sobrevivido hasta hoy. Reparados, refaccionados y “enchulados”, es- tos vehículos son el sello distintivo y la imagen icónica de la isla y, en especial de la Habana. La mayoría, convertidos en taxi, ofrecen viajes turísticos por la ciudad.
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