Santiago Enero 2018

30 tell. cl Un Año Nuevo para siempre… Por Leonardo Mellado González. Docente de Pedagogía Media en Historia y Geografía, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad San Sebastián. Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica. Máster en Museología de la Universidad de Valladolid, España. ARCHIVO histórico A ctualmente, Valparaíso recibe a más de dos millones de visitantes para presenciar una de las fiestas de pirotecniamás extensa del mundo, con un largo de costa de treinta kilómetros de fuegos de artificio sobre toda la bahía. La fiesta es llamada: “Año Nuevo en el Mar” y abarca desde Quintay, al sur de Valparaíso, hasta Concón, en un espectáculo que puede prolongarse por más de veinticinco minutos. Sin embargo todo esto tiene un origen, y no nos referimos al mítico cuento chino del monstruo Nian que explicaría el porqué de los fuegos de artificio, ni tampo- co de los fuegos de colores que explotan en el cielo gracias a los pirotécnicos italianos, quienes agregando sales metálicas como estroncio para el rojo, bario para el verde, cobre para el azul y sodio para el amarillo, así como el clorato de potasio para aumentar el brillo, lograron la magia de convertir la negra noche en un manto de estruendosas formas y colores. Fue en 1953 en que por primera vez, en Valparaíso, se realizó este espec- táculo que, sin duda, se ha convertido en todo un patrimonio cultural de la ciudad puerto. Su creador, Ernesto Dighero, hijo de un emprendedor viajero italiano, llegado a costas chilenas en 1892, Ernesto Dighero Stagnaro, no fue sino un inquieto y visionario habitante de la avenida Alemania, emplazada en los tradicionales cerros que hoy albergan la popular “Sebastiana”, morada porteña de Neruda, y el “Museo organológico” y quien fuera el primer director de la Escuela de Odon- tología de la U. de Chile, bombero y navegante. Según él, las municipalidades gastaban mucho dinero quemando fuegos en alguna plaza, espectáculo que era visto por un reducido número de personas, mientras que ese mismo show hacia el mar sería un gran espectáculo presen- ciado por la ciudad de Valparaíso y Viña del Mar. Con estas palabras, convenció al directorio de la Liga Marítima, en septiembre de 1952, iniciándose con ello una rápida y efectiva campaña que tendría por resultado una fascinante fiesta abierta para todos. Un regalo de la ciudad digno de ser replicado cada año. El 1 de enero de 1953 se realizó el show pirotécnico conocido hasta hoy como Las luces entre los mástiles, los reflectores y bocinas de los barcos fondeados en la bahía de Valparaíso, ilumi- naban y encendían la noche de cada Año Nuevo, era una antigua costumbre que lla- maba la atención de los veci- nos de los cerros del puerto, alegrando la noche de esta familiar celebración. “Año Nuevo en el Mar” que, en 1962, pasó a ser íntegramente organizado por laMunicipalidad de Valparaíso. La prohibición de venta de fuegos artificiales a personas particulares, el año 2000, acrecentó el interés por los espectáculos masivos, más segu- ros y controlados, haciendo, además, que dicho modelo de celebración se replicara en diversas ciudades como Algarrobo en el litoral central, La Serena, Valdivia o los de la Torre Entel en Santia- go, entre muchísimas otras.

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