Serena Noviembre 2017

77 tell. cl meses en reformarla y hacer todos los cambios necesarios para dejarla en óptimas condiciones, sin embargo, el terremoto de septiembre de ese año, que afectó a gran parte de esta región, les significó armarse de paciencia y extender los plazos. Durante un año, Alex y Valérie dijeron ¡manos a la obra! Lo primero fue botar un muro divisorio en el salón principal para dar más amplitud a lo que sería el comedor y la recepción. Contiguo a este espacio existía un baño que ellos habilitaron como cocina. Lijaron los marcos de las ventanas y puertas de pino Oregón y pulieron el piso de madera de toda la casa. Mientras ella pintaba las maderas, él se dedicaba a restaurar y pintar los muros. Ambos hicieron, también, las superficies de las mesas del comedor. Mandaron a fabricar las bases y, luego, se afanaron en las terminaciones. Las sillas del salón, del escritorio y una serie de muebles y artículos decorativos fueron comprados en el persa Bío-Bío. Cada uno, elegido minuciosamente por Valérie. “Creo que fuimos unas diez veces a comprar al Bío-Bío. Todos los muebles fueron restaurados y pintados por mi”. “La vajilla y la loza las compré en Bélgica. Antes de viajar a Chile compré muchas cosas que no sabía si las iba a utilizar. Aproveché de hacerlo porque este tipo de cosas, al igual que las lámparas y los apliqués, son mucho más económicos en Bruselas”, comenta Valérie. Al igual que el comedor, el resto de la casa fue tarea de ambos. “En nuestro país la mano de obra es tan cara y escasa que aprendemos a hacer de todo, además, nuestra intención siempre fue reformar esta casa con nuestras propias manos. Para el trabajo más duro contratamos a personas de la zona, como por ejemplo, todo lo que se hizo con pasta muro y para eliminar las grietas causadas por el terremoto”, afirma Alex.

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