Serena Noviembre 2017
40 tell. cl hermanos, que trabajan en lo mismo que yo. Y se reparte equitativamente. Logramos que el director de la Fundación Las Rosas converse con el de Conapram, que ambos compartan sus dificultades y aprendizajes, lo bien y mal hecho, los dolores y las desesperanzas. No repartimos todo en partes iguales porque eso sería una expropiación, pero gastamos tiempo entre nosotros, hacemos sinergias. Para lograr esto, los directores de estas doscientas organizaciones se reúnen en espacios de reflexión, encuentros y talleres. Y además organizan campañas, salen todos juntos a la calle, como lo hicieron en la campaña “Enamórate de Dar”: dar trabajo, dar tiempo, dar una sonrisa. Los primeros jueves de cada mes se presentan las organizaciones que quieren postular, los demás tienen varios espacios. Por ejemplo, se agrupan de acuerdo a sus programas de intervención y hacen mesas técnicas de trabajo; de infancia, de adultomayor, de vivienda, de entorno y varias más. ¿Y las instancias gubernamentales recurren a ustedes? Por ejemplo, ¿con el caso Sename? Sí, porque hacemos un tremendo trabajo. En el caso del Sename tuvimos una mesa de trabajo con ellos, pero también con otras instancias, porque los ministerios no conversan entre ellos. En ese caso, todo lo que ocurrió no fue novedad para nosotros y llevábamos años advitiendo que algo así se venía. Nuestro nivel de incidencia va creciendo, hoy tenemos doce mesas temáticas, cada una con su ruta. Creemos que la mejor forma de superar la pobreza es volver a ser comunidad: cuando estamos todos juntos, dejamos de ser pobres… hace poco alguien nos comentó que le habían donado varias placas de volcanita y que le iban a sobrar muchísimas… las pusimos a disposición del resto de los miembros y todas llegaron a un buen lugar. Así repartimos doscientas treinta toneladas de porotos o las distintas organizaciones se prestan las bolsas cuando tienen una colecta. Si alguno hace una cena, parten todos los directores y compran bingos… es alucinante lo que se produce. Es como tu clase de religión… Sí, tal cual. Hemos logrado que cada uno se reconecte con su propósito y que todos esos pequeños propósitos se transformen en uno más grande. No por nada hay leyes como la Ley Zamudio, la Ley Emilia o la Ley Ricarte Soto, que han nacido de la organización civil organizada. Y nosotros tenemos el enorme desafío de que esta sociedad civil alcance la altura para relacionarse de igual a igual. Porque por algo estamos aquí, porque somos vigilantes del Estado, garantes de la democracia y siempre, siempre, movemos los límites. Cuando conocí a Karoline Mayer, fundadora de Cristo Vive, una monja revolucionaria, de esas que a mí me habría gustado ser… se transformó en alguien relevante en mi vida, con ella recordé un Chile que había olvidado, porque vivimos en una ciudad que está hecha para olvidar. Y me encontré con una pobreza que era aún más dura que cuando yo era niña, porque hoy está al medio de todo la droga. Y la violencia”. T
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