Serena Noviembre 2017

32 tell. cl Al egresar de cuartomedio, sumadre le regaló su primera cámara digital ré- flex. “Era una cámara Canon semiprofesional. Muy amigable y fácil de usar. La tuve cerca de tres años y le saqué el jugo. Después compré una cámara usada a un amigo y cuando mi papá viajó a Estados Unidos, le encargué una Canon 6D, con un lente de cincuenta milímetros uno punto cuatro y un juego de lentes. Fue una inversión importante porque a partir de esto mejoré muchísimo mis fotos”, recuerda Carmen. Amante de las letras, la lectura y con una ideamuy clara de la justicia, estu- dió Derecho en la Universidad Católica del Norte, en Coquimbo, y hace un poco más de dos años se tituló. “Siempre fui bien aplicada, nunca reprobé un ramo porque sabía cuáles eran mis responsabilidades durante la sema- na como estudiante de Derecho. Los fines de semana tomaba mi cámara y me dedicaba a la fotografía. La verdad es que nunca imaginé que esa camarita que me había regalado mi madre se transformaría en mi fuente de trabajo mientras estudiaba”, señala. ¿Cómo fue el proceso de aprendizaje? En ese tiempo, con mi amigo Patricio Mercado, quien también es fotógrafo autodidacta, nos juntábamos para tomarnos fotos entre nosotros. Así fui- mos aprendiendo, probando y conociendo de lo que éramos capaces, in- cluso, aprendimos a editar la piel de los retratos que captábamos en nues- tras fotografías. Subíamos las fotos a Facebook y comenzaron a hacerse populares entre nuestros seguidores. Además, teníamos nuestras propias plataformas artísticas en Internet y mostrába- mos este trabajo, a nivel internacional. Eso fue muy entretenido porque hicimos varios amigos fotógrafos de distintos países y de hecho conocí a algunos cuando viajé a Nueva York. ¿Tu trabajo comenzó a hacerse conocido? A los diecinueve años llegué a tener más de tres- cientas mil visitas en esta plataforma. Las fotos que subía eran solo retratos. Me encantaba to- mar fotos a distintas personas y me enfocaba en sus manos, en sus rostros y expresiones. A la gente le llamó la atención este tipo de fotografías y comenzaron a contactarme. La verdad es que no tenía idea cuánto costaba mi trabajo y creo que al principio cobraba cinco o diez lucas por una foto. Una vez que me pidieron las primeras fotos, se sumaron los amigos, los parientes y así partí… Y luego vinieron los eventos Aumentó la confianza gracias a la calidad de mis trabajos. Comenzaron a llamarme para matrimo- nios, ceremonias de bautizo y empecé a trabajar con algunas empresas y con la municipalidad de La Serena. Creé mi fanpage y cuando quise potenciar aún más mi trabajo, las redes sociales comenzaron a tomar más fuerza y eso me ayudó un montón para crear mi propio nicho. La gen- te no solo veía mi trabajo por las redes sociales, sino que, además, me solicitaba hacer sus fotos para el perfil y una vez que las subían a las redes sociales me etiquetaban. Fiel reflejo de una millennials Sí. Lo que marcó un antes y un después fue dar un buen uso al Instagram, especialmente para el mundo etario en el que me muevo. Instagram se convirtió en una herramienta súper potente y las empresas lo saben, porque esto genera es- tadísticas. Cuando egresé de la universidad le di más seriedad a esta aplicación y eso me ayudó a tener mejores propuestas laborales. La verdad es que nunca imaginé que esa camarita que me había regalado mi madre se transformaría en mi fuente de trabajo mientras estudiaba”.

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