Serena Octubre 2017
H ace más de tres mil años que la muerte vive en Varanasi, una de las ciudades más antiguas del mundo, creada por los mismos dioses, según la fe de sus habitantes. Desde esas eras, allá en el noreste Indio, conviven hinduistas, jainistas y budistas; hoy las tres religiones comparten en paz, venerando y honrando a la antigua Benarés como su tierra sagrada. Numerosas son las historias y leyendas que confirman la santidad del lugar, entre ellas se cree que después de alcanzar la iluminación, el príncipe Siddarta Gautama habló por primera vez con sus discípulos en Varanasi y, así como Buda, son cientos los maestros y yoguis que han dedicado su vida a la contemplación de la naturaleza, buscando respuestas y encontrando en ella el poder de los más de trecientos millones de dioses que forman la religión hinduista. Las palabras de los santos resuenan en cada rincón de la ciudad acompañando a las divinas imágenes que se levantan por todos lados. Brahma, el padre creador y sostenedor es una de ellas, de él se dice que una de sus cuatro cabezas descansa en Varanasi; Vishnu es el protector y la destrucción la representa Shiva; ellos son las tres fuerzas principales que gobiernan el universo y son también algunas de las voces de los Vedas, poesía milenaria india que confirma la admiración que el hombre sentía por el mundo natural. Narrada en sánscrito, donde Veda es conocimiento y proviene del término indoeuropeo weis que significa ver, son versos que describen la experiencia de sentir la vida y orar para vencer en ella. La diosa Ganga nace sobre los cuatro mil metros de altura, entre el silencio y el frío de los Himalayas occidentales, justo encima del límite de las nieves perpetuas donde los hielos se acumulan para formar el Gangotri, glaciar que alimenta al río Ganges. La diosa es un afluente con dos mil quinientos kilómetros, atraviesa numerosas llanuras y ciudades del En vida te busco y venero, querida Ganga, para ti son las flores que ato formando coloridos collares y las pequeñas llamas de luz que enciendo queriendo iluminar tus noches; a ti te canto con devoción porque eres tú la diosa de la salud y la prosperidad. Los vivos te adoramos, con fe nos sumergimos en tus aguas para lavar nuestros cuerpos y los de nuestros hijos y es a ti que, en cenizas, nos entregamos al final del camino. Texto Constanza Fernández C. Fotografía Constanza Fernández C. y Rodrigo Suarez C. conifernandez@gmail.com 40 tell .cl
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