Serena Febrero 2018
Estas figuras están talladas en las iglesias del altiplano, porque representan la Pachamama. Los indígenas de nuestro territorio cada vez que podían incluían parte de sus ritos o sus creencias en las construcciones de las iglesias o en el vestuario de los santos. De esta forma, participaban del catolicismo, pero manteniendo sus propias tradiciones”. T HISTORIA DE UN PAMPINO Humberto desde pequeño tuvo cercanía con el mundo del arte. Su madre fue su principal ejemplo, sin embargo, su padre fue quien realmente lo estimuló a crear libremente, recompensándolo por las buenas notas del colegio con papel y pintura. Nació en la salitrera Santa Laura, pero habitó lamayor parte de su infancia en la oficina Victoria. Debido al puesto de su padre, quien era contador bilingüe en esa época, vivían en la avenida principal de la oficina y por ese motivo debían jugar en el patio de la casa junto a las gallinas y los materia- les sobrantes. En esos tiempos las clases sociales eran evidentes, porque las oficinas salitreras separaban los barrios de acuerdo al tipo de trabajo que se realizaba. Humberto recuerda “nosotros nos sacábamos los zapa- tos para jugar con los hijos de los obreros, así éramos todos iguales”. Pasaron los años y el trabajo se hizo más escaso, por lo que la familia Ala- che Ríos debió migrar a Iquique. “Fue un cambio fuerte para nosotros, nos parecía una ciudad muy fría y extrañábamos profundamente la pampa, pero finalmente nos adaptamos”, recuerda Humberto. A la hora de entrar a la universidad Humberto no desvío su camino y si- guió fielmente ligado al arte, donde estudió en la entonces Universidad del Norte. Siguió su carrera como docente por más de cincuenta años en los mejores colegios de Iquique. Aunque no se casó, ni tuvo hijos, todos sus estudiantes forman parte de su historia, llena de recuerdos y anécdotas divertidas. Ya jubilado creó su propia escuela de arte, donde hasta la ac- tualidad imparte clases para adultos.
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