serena Enero 2018

37 tell. cl La profesional se desempeña actualmente como directora de la Escuela de Ballet de la Corporación Cultural de Antofagasta (CCA). Sabe que la danza es una profesión de largo aliento, en que cada día hay lecciones que recibir. Más que un trabajo, incluso más que una vocación, la carrera de Carolyn se ha transformado en su vida. Por Pamela Rodríguez T. / Fotografías Rodrigo Herrera bailarina Carolyn Galarce, de Carolyn El gran R ecuerda que al usar sus primeras zapatillasdepunta,selerompieron los pies y aunque el dolor era intenso, pasaba a segundo plano por su felicidad, que superaba con creces cualquier sacrificio. “¿Te duele?”, le preguntó su mamá. Carolyn Galarce le respondió: “sí, pero no importa’’. Era feliz. Pasó de ser estudiante a maestra, y más tarde directora de la Escuela deBallet de laCorporación Cultural de Antofagasta (CCA). Nacida en Chuquicamata, Carolyn ha pasado gran parte de su vida entre el norte y Santiago, siguiendo sus sueños y vocación: el ballet. ¿A qué edad y cómo nace este amor por la danza? Era tan pequeña que no sabría decir cómo nació, pero sí puedo decir que mi mamá era una gran fanática del ballet. Ella siempre quiso ser bailarina y le gustaba mucho, pero nunca pudo tomar clases, porque en esa época eramuy difícil. Cuando me llevó a la primera clase, me enamoré de ladanza. Así que gracias ami mamá, soy loque soy. Creo que si ella no hubiese tenido el interés por inculcarme la disciplina, la perseverancia, no estaría aquí. jeté

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