rancagua Noviembre 2017
Este relato cuenta sobre un largo camino recorrido, de un talento nato para emprender y de una pasión descomunal para enfrentar la adversidad. La historia de Empresas Vía Real está marcada por nadar fervorosamente contra la corriente en tiempos de crisis y lograr posicionar no sólo una marca, sino que además un apellido de prestigio y confianza. C uando se iban los 80, la visión de Fernando del Real Alfaro (1950-2017) lo llevó a iniciar una actividad que iba de la mano con una de sus grandes pasiones. Amante acérrimo de las en ese entonces populares carreras en citronetas, casi como no queriendo dejar un día de estar metido entre fierros y motores, logró consolidar un proyecto que llevaba fraguando por años. Adquirió un sitio a orillas de la carretera 5 sur y se instaló con su empresa de maquinarias y camiones para brindar servicios a la granminería y a otras actividades productivas de la zona. Contando con el apoyo incondicional de su familia, sobretodo de su hermano Maximiliano del Real (Gerente General de Comercial del Real), Fernando comenzó a ganarse un lugar en una ciudad como Rancagua - donde todos se conocían -, producto de su esfuerzo y seriedad a la hora de enfrentar estos desafíos profesionales. Pero como todo camino al éxito, vivió situaciones que hicieron el recorrido de dulce y agraz en algunos momentos. Si bien es cierto él recuerda que su infancia estuvo marcada por cierta estrechez económica, para él eso era parte de un aprendizaje más que una debilidad para enfrentar la vida. Siempre recordó esa etapa como algo enriquecedor y como parte integral de su formación y visión. Tan arraigado quedaron esas lecciones respecto de la responsabilidad que no era raro verlo llegar tarde porque “ los problemas del trabajo había que solucionarlos antes de irse a casa ” . con visión de futuro PUBLI reportaje Transportes Casado con Patricia Melero tuvo 4 hijos (Sebastián, Constanza, Fernanda y Josefa) quienes lo recuerdan como “ un papá súper cariñoso y malcriador ” . “ Nosotros siempre tuvimos claro que éramos todo para él, pero también sabíamos que su trabajo era su energía vital. Aunque suene un contrasentido, el necesitaba trabajar para descansar ” . Desde muy joven Fernando convivió con el trabajo duro. Era un vendedor nato, amaba la gestión comercial, relacionarse con las personas y, de hecho, contaba con orgullosa nostalgia su infancia en Santa Elena donde vendían quesos, manjar, pan e incluso pollos para ganarse la vida y colaborar en su hogar. Por eso no es de extrañar que lograra convertir su emprendimiento en una de las empresas más consolidadas y serias de la región en arriendo de maquinarias. Empresas Via Real Constanza del Real M.
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