rancagua Octubre 2017

32 tell. cl ¿Cuál fue tu primera competencia? En un principio, los campeonatos locales de las escuelas de Punta de Lobos. Las competencias de verdad fueron los primeros nacionales, los Ceremoniales, donde venían surfistas de otros lados y la cosa se ponía más difícil. ¿Y a nivel internacional? Partí siguiendo el tour latinoamericano de surf, por lo que recorrí Argentina, Brasil, Perú Ecuador, Panamá, El Salvador. Esta competencia la hice todos los años desde los dieciocho hasta los veintiún años. Después me dediqué a correr algunos campeonatos del tour mundial, aunque fue difícil seguirlo porque es muy caro… Para poder vivir fuera de Santiago, tuve que realizar otra actividad relacionada con el surf. Y nacieron los eventos. Pensé en hacer circuitos femeninos de surf. Empecé con uno de índole nacional, llamado Sirena Surf Trip . Y hace cuatro años que empecé con mi evento más fuerte, el Pichilemu Woman´s Pro, que es el mundial femenino”. N os juntamos a hacerle esta entrevista en la playa de Punta Lobos. Aquí, Trinidad (28) llegó con su traje y su tabla preparada para la sesión de fotos. Estupenda, simpática, relajada, esta seleccionada nacional de surf, hoy es toda una empresaria. Le gusta la vida sana, la buena alimentación y el yoga. Gracias al surf, Trinidad ha viajado por gran parte de Latinoamérica, EE.UU ., Indonesia, Australia y, el 2015, siendo embajadora de Yalea Languages, esta institución le dio una beca para que se fuera a estudiar por un mes inglés a Hawái, la isla que tiene las mejores olas del mundo y que es el sueño de todo surfista. Oriunda de la capital, dice que a los trece años se fue un verano a Maintencillo y allí unos amigos la iniciaron en lo que hoy es su principal motivación y trabajo: el surf. “De ahí pasaron dos años en los que traté de complementar el surf con los estudios. Conocí Pichilemu y me gustaron mucho más las olas de acá… En esa época, mi mamá no me daba mucho permiso para venir sola, era muy chica, entonces me empezó a acompañar. Y le gustó. Y por circunstancias de la vida —ella no estaba trabajando y vivíamos las dos solas— me propuso que nos viniéramos a vivir a Pichilemu”. ¿Desde cuándo te propusiste hacer del surf algo profesional? Se fue dando. Empecé a viajar harto y a competir en un tour latinoamericano junto a dos amigas que hacen lo mismo, Jessica Anderson y Sofía Bórquez, y empezaron a auspiciarnos algunas marcas. Fuimos las primeras y únicas mujeres de acá que competíamos.

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