Rancagua Mayo 2018

22 tell. cl Las misiones religiosas de Colchagua en el siglo XIX Por Cristian Urzúa Aburto, Licenciado en Historia, Universidad de Chile. Creador del sitio: memoriadelasextaregion.cl ARCHIVO histórico L a misión evangelizadora de la Iglesia católica en Chile tomó un empuje renovado en el siglo XIX, cuando su hegemonía se vio cuestionada du- rante la independencia nacional y con el advenimiento de las ideologías seculares. Esta crítica amenazaba con restarle su antiguo poder, por lo que la institución resolvió lanzar, a lo largo y ancho del país, ejércitos demisioneros para reconquistar a los sujetos y ponerlos al día en la correcta enseñanza del credo. Cada año, las grandes haciendas se acondicionaban para la realización de ceremonias y actividades que se extendían por varios días. Acudían los in- quilinos del fundo así como los campesinos de los alrededores. En 1899, por ejemplo, se acondicionó la casa del fundo La Puntilla del hacendado Ale- jandro Arriagada para las misiones del pueblo de Roma bajo la dirección del fraile Luis Ramírez, mientras en Corcolén y Mendoza se realizaban misiones para los reos de la cárcel. La más popular de estas misiones era la misión de Mendoza, ubicada en el de- partamento de Caupolicán. Las fiestas se celebraban en noviembre de cada año y duraban cerca de ocho días, concurriendo una extraordinaria cantidad de fieles de distinta procedencia. Llegaban a pie, en mula o carretas y, después, por me- dio del ferrocarril urbano. Durante la jornada se desataba todo el fervor popular con oraciones, procesiones y bautizos enmasa. Pequeños comerciantes con sus canastos y ramadas se beneficiaban del gentío. Tal era la importancia de esta fiesta, que el gobierno construyó, a principios del siglo XX, dos puentes para faci- litar la afluencia de los feligreses. En 1886, el periódico El Comercio de Rengo daba un panorama completo de las actividades realizadas en Mendoza durante ese año. Cerca de seis mil personas concurrían al lugar en carretas, coches, caballos o a pie, recorriendo distancias demás de una legua para oír las pláticas de los religiosos que venían desde San- tiago. La casa deMendoza abrió sus patios para albergar a la concurrencia. Junto al gentío, el pequeño comercio, las chinganas y otras ventas populares aparecían por doquier. Decía la crónica que “Allí se elevan oraciones fervientes y generosas que, estamos seguros, Dios ha de tomar muy en cuenta, en razón de las dificul- tades que arrostran los que, a despecho de la pobreza y de la falta de medios de Las misiones, por sobre todo, tenían un fin moralizador que buscaba renovar el compromiso espiritual del pueblo con la iglesia, dando sacramentos en masa, bautizando a los niños, casando a los amancebados y confesando a los pecadores. transporte, acuden de puntos tan distantes, sin contar con otro tesoro que el de su fe”. Lasmisiones, por sobre todo, tenían un finmorali- zador que buscaba renovar el compromiso espiri- tual del pueblo con la iglesia, dando sacramentos en masa, bautizando a los niños, casando a los amancebados y confesando a los pecadores. Así, en las misiones de Rengo en 1885, trescientos niños habían sido bautizados de una vez. En San Fernando, en 1890, se aseguraba que “Con las últimas misiones religiosas habidas en la matriz, los matrimonios han sido tales y tantos que he- mos oído decir que se ha casado a destajo”. Las misiones, junto con consolidar las leal- tades entre la iglesia y sus seguidores, sirvió además de tribuna para mantener la buena conducta de los trabajadores y en tiempos de elecciones para apoyar a los candidatos afi- nes al Estado confesional.

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