rancagua Enero 2018

D ice que aprendió español leyendo a Neruda. Tatiana Zents- ova (49), arquitecta y pintora rusa, llegó a Chile en 1994, tras el derrumbe de la Unión Soviética. Entonces estaba casada con un arquitecto chileno y embarazada de su ter- cer hijo. Y se sentía muy distinta. “Era otra mentalidad, otra forma de ser. Y yo siempre he sido tímida. Además, no entendía lo que me decían. Iba a comprar carne a la esquina y me hablaban de posta paleta o punta de ganso, y yo decía ‘no, quiero carne vacuna’. Terminé yendo al supermercado”, relata entre risas, hoy acostumbrada a su país postizo e inmersa en su taller de paredes blancas, que acondicionó en la casa de Olmué a la que ella y su segundo marido, el historiador Bernardo Subercaseaux, se mudaron en 2016. Tatiana dibuja y pinta desde niña. Creció en Siberia, con veranos breves e inviernos rigurosos. A los doce años ingresó a una escuela de artes para niños. “Me encantaba colorear el paisaje marino. Pensé que en un Chile rodeado de agua, me la iba a pasar ahí, pero el mar es muy helado, incluso para una siberiana habituada a cuarenta grados bajo cero, como yo. Acá ‘me salvo’ con las termas. Y en mis viajes hago snorkel , que es como meterme en el mundo que pintaba de chica”. Hija de un operario de turbinas y fotógrafo aficionado y de una constructora civil de centrales atómicas, que vino a Chile para ayudarle con la crianza de sus niños, Zentsovaestudióarquitectura conespecialidaden restauración, en Ucrania. Llevaba tres días acá cuando conoció Valparaíso. En 2007, Valparaíso es Patrimonio de la Humanidad, pero falta que los residentes cambien su mentalidad. Yo he visto muros con frases como “La basura es cultura”. Como parte del proyecto de difusión turística lagartijas.cl, esta artista, pulcra y meticulosa, diseña láminas y merchandising de sitios como Valle Nevado. Y hace logos y dibujos para libros infantiles, e ilustraciones para Estados Unidos, Perú y Argentina.

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