Norte junio 2018

28 tell. cl La mirada del otro construye nuestra realidad ARCHIVO histórico Durante todo el siglo XVIII, la Corona envió distintas expediciones científicas a Chile y a América para conocer las riquezas del país. Alcanzada la independencia, fueron reemplazadas por viajeros europeos que, por fin, tenían la oportunidad de explorar y realizar estudios en un espacio inexplorado. Alexander Von Humbolt y Charles Darwin fueron los más emblemáticos e ilustres hombres de ciencias que visitaron el territorio americano. Hernán Cortés Olivares. Académico e historiador Universidad de La Serena. A través de su Diario de viaje , Charles Darwin nos en- trega información sobre los habitantes, sus usos y costumbres. Teoriza sobre el espacio geográfico y sus fenómenos naturales; destaca el efecto antrópico del hombre y nos da explicaciones respecto al cambio climático. Nada escapa a su curiosidad. ¿Qué dice Charles Darwin, sobre la Región de Coquimbo y Atacama? Él emprende viaje desde Valparaíso, el 27 de abril de 1835, y durante siete meses recorrerá los escabrosos ca- minos del norte hasta el despoblado de Atacama (675 km) a lomo de cuatro caballos y dos mulas. Cocinando y durmien- do al aire libre. Describe las poblaciones y sus habitantes, desparramadas por las orillas de los arroyos lavando oro. Le llama la atención que los pequeños propietarios sean cosa rara en Chile y que su subsistencia dependa de un pequeño huerto y un campo muy pobre. El dinero es tan escaso que los campesinos se ven obligados a vender su trigo en ver- de. El paisaje presenta pocos árboles destacando uno muy grande entre los valles de Quilimarí y Conchalí, el terreno es cada vez más estéril hacia el norte y sin vegetación para las cabras; solo en primavera y después de las lluvias crece el pasto y llegan los ganados de la cordillera. También se refiere al efecto que tienen en el origen del desierto florido, afirmando que un aguacero al norte de Copiapó tiene el mis- mo efecto en la vegetación que dos aguaceros en Huasco y tres o cuatro en el Choapa. El valle de Illapel lo describe como muy ancho y fértil, con grandes campos de alfalfa. Visita el mineral de los Hornos que semeja un hormiguero. Su profunda mirada deja una estela de reflexiones que van desde la admiración por los trabaja- dores mineros, hasta la crítica profunda por ciertas prácticas consideradas como bárbaras. Pero no dejan de expresar un dejo de benevolencia por la honradez y sincera amistad que profesan los lugareños del norte. Los mineros chilenos tienen costumbres muy originales, viviendo durante semanas ente- ras en lugares tan solitarios, y cuando descienden a las al- deas en los días festivos, no hay exceso ni extravagancia que no cometan. A menudo han ganado una suma considerable y entonces, como los marinos con su parte de botín, parecen ingeniárselas para derrocharlas. Beben en exceso, adquieren ropas en grandes cantidades y, al cabo de pocos días, vuelven sin un centavo a sus misérrimas chozas, para trabajar más ru- damente, como bestias de carga. Se les provee de alimentos cada día, y por eso no son previsores.

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