Norte junio 2018
22 tell .cl EL PADRE Día del Padre. Una festividad que une a la familia en torno a la imagen paterna. Papá, el héroe capaz de hacerlo todo, de responder todo, de inventarlo todo. Y como muestra del testimonio de un hijo agradecido, tomaremos el homenaje que Andrés Sabella Gálvez hacía a su padre. sabella Por María Canihuante Vergara U n día, papá, entre la tristeza y la leyenda de tu Jerusalén, elegiste una ciudad del mundo para tu vida. El azar la señaló en Chile, tan lejano y tan áureo para tus sueños: Antofagasta sabe tu historia. Abandonó su ciudad natal para venirse lejos, muy lejos. Traía una pequeña faja colorada atada a su cintura y un rosario de sueños atado a su corazón. Buscaba el futuro en tierras inhóspitas, que exigían esfuerzos y trabajo para triunfar. Yo pienso en mi madre y en los años de amor que me otorgaste, papá, y no atino sino a entregarte estas páginas que te devuelven la sangre que dejaste en la pampa Es necesario recordar que Andrés perdió a su madre, señora Carmela Gálvez, en 1920, cuando el futuro poeta recién había cumplido siete años. Compartían el mundo solos, padre e hijo. Y así lo recuerda Andrés: Una mañana de enero de 1920, padre me comunicó, llorando: - ¡Se fue la mamita! Estamos solos los dos. Era la mañana. Pero oscureció para mi de- sconcierto. ¿Por qué nos quedamos solos? ¿Y la madre? Mi padre lo explicó en un sollozo… A su vida de niño triste y sinmadre, llegaron abuelita Delfina, tías Delia y Martina. Ellas endulzaron esa tristeza, lo llenaron de cariño, lo mimaron… Pero Andrés siempre esperaba la llegada de papá, como el hecho más importante del día. Y pienso enmi padre y lo veo en sumodestia y en su tierna condición de hombre empeñado en enseñarme a vivir dentro de lo que era, para su conciencia, la primera regla, de ser un hombre de paz. Tal fue su enseñanza. Y llegó 1953. El poeta estudiaba en Santiago. Su padre viajó a la capital. Allí, en casa de amigos, pasaban una hermosa tarde, entre las filigranas de flores que era ese hermoso jardín… De pronto, don Simón Sabella Signora, lavó sus manos y … cayó. Un rayo artero e inesperado partió en pedazos su cansado corazón, que había albergado tantos sufrimientos… Yo podría asegurar que mi Padre murió en un acto de servicio, porque falleció mientras se lavaba las manos. En esta consciencia de mantener sus manos limpias, anduvo entera la vida y, mojadas, las mostró a la muerte. Se lavó las manos para morir. Y Andrés hijo, ante ese dolor inmenso, frente a esa pérdida desgarradora, consuela su alma, escribiendo: Papá no ha muerto, porque, un día, decidió regresar a su tierra y, allí, continúa, de pie, deleitándose con el aire de Jerusalén, la ciudad maravillosa, el mismo aire que disfrutaron David y Salomón.
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