Norte mayo 2018

28 tell. cl La filantropía privada en la educación ARCHIVO histórico La educación republicana en La Serena y en Copiapó yergue sus estructuras desde el sistema de educación colonial, en manos de la Iglesia y las órdenes religiosas, especialmente de los jesuitas, hasta 1767, cuando son reemplazados por los agustinos, sumiendo la enseñanza de las primeras letras y la formación de bachilleres en una profunda crisis. La educación particular es ejercida por institutrices y profesores que enseñaban a leer y escribir, nociones de matemáticas y geometría. Hernán Cortés Olivares. Académico e historiador Universidad de La Serena. E n este contexto, uno de los mayores problemas para or- ganizar el Estado es formar a los funcionarios públicos y a ello se suma la falta de funcionarios especializados en el control y fiscalización de las aduanas, lo cual impedía cobrar los impuestos a las exportaciones de plata y cobre, pues la eva- sión era extraordinaria al no existir técnicos en minero metalur- gia, excepto los de las propias empresasmineras, quienes fijaban la ley del metal. En la región existen dos iniciativas que consideran la creación de escuelas, pero para niñas. Una es la de doña Matilde de Sa- lamanca, dueña de la mitad del Valle del Choapa, quien en su testamento lega $10.000 pesos para la creación de una escuela de niñas, proyecto que quedó en el olvido. La otra iniciativa es de don José Arviña, empresario minero de Copiapó, quien donó $12.500 para crear una casa de ejercicios o colegio para niñas pobres. Este proyecto duerme el sueño de la negligencia del Ca- bildo de Copiapó, pues los albaceas, aparte de usufructuar de los arriendos de la finca, por la suma de $2.235 anuales, avalaban el deterioro de la propiedad y su depreciación. En La Serena, don Gregorio Cordovez, el 28 de febrero de 1821, solicita que la donación de Arviña sea para cumplir con el artículo octavo, Capítulo 3° de la Constitución, que manda fomentar en la capital y en todas las ciudades y villas, el establecimiento de escuelas públicas e institutos o colegios formados por el espíritu de la religión y las ciencias. Y agrega el parecer de la época res- pecto de quienes deben ser privilegiados con la educación: “esta debe empezar por el sexo que forme la gente activa y principal de la sociedad y por ello se deben privilegiar las condiciones de los colegios de hombres y se sitúe en la ciudad de La Serena o pro- vincia de Coquimbo, o en otro pueblo que disponga la autoridad que en Chile ejerza la potestad legislativa”. Para cambiar la voluntad del testador, el obispo de Santiago se- ñala que el Instituto de Coquimbo sea similar al Instituto Nacio- nal de Santiago, pero establece la obligación “que en cuanto lo permitan las circunstancias y cuando el Instituto Departamental de Coquimbo adquiera fondos suficientes sea obligado a propor- cionar también una cómoda y competente educación de las mu- jeres”… “y carga la conciencia del Cabildo de la población donde se estableciere el Instituto, de su Jefe Político, de su párroco y al Factor del mismo Instituto y ruega a sus sucesores en el Obispa- do, que tengan presente que solo con esta condición accede a la conmutación del testamento de Arviña”. Además, en 1821, el instituto debía impartir las cátedras de Mi- neralogía y de Química, pues estos conocimientos eran los más necesarios en las provincias de Atacama y Coquimbo, donde la dedicación a las minas era el ejercicio principal de sus habitan- tes. Esta obligación se cumplirá en 1838, con la llegada de Igna- cio Domeyko.

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