Conce Abril 2018

estuvieron allá crearon una palabra mágica, “ aletú ” y con ella jugaban y se llamaban unos a otros. Fue una especie de código que los unió. Cuando la veían por skype, mis niños le gritaban: Cata, ¡ aletú! y ella les respondía: ¡ aletú!, entonces cuando la Cata llegó a Chile y nos vio en el aeropuerto ya éramos un grupo conocido para ella. Éramos nosotros, los que había conocido en Haití; la única diferencia era que el paisaje había cambiado. La Cata no solo se incorporó a mi grupo familiar, sino con el entorno, con los primos, con los tíos, con los abuelos, con los amigos de mis hijos. Nos cambió la dinámica. De alguna forma se transformó en el punto de referencia de mi familia. Yo soy igual de mamá con los cuatro. Acá no hay diferencias. Y si se pelean entre ellos, la cosa se resuelve como con cualquier hermano. Lo central es vivirlo desde el amor y el respeto. Nuestro gran desafío es no creernos el cuento de que porque adoptamos somos buenos. La gente siempre te dice que eres generosa, qué lindo lo que hicieron. Nosotros no creemos en eso. Esto no fue un acto de generosidad, sino que fue algo que "Ser mamá es bacán. Y ser mamá adoptiva o biológica para mí es lo mismo. Yo encuentro que ser adoptado es un privilegio, porque la adopción es un amor consciente, donde tú eliges querer a alguien". se dio nomás. Lo anterior es un vicio poco saludable que te confunde. Quiero que mis hijos sean felices, que sean unidos, que sean hermanables. Quiero que cada uno desarrolle sus potencialidades. Que vivan desde la verdad, desde la honestidad. Ser mamá es bacán. Y ser mamá adoptiva o biológica para mí es lo mismo. Yo encuen- tro que ser adoptado es un privilegio, porque la adopción es un amor consciente, donde tú eliges querer a alguien. La adopción es una experiencia increíble ” .

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