Concepción Febrero 2018

S ituado frente al mar y construido con el mar, tal como lo destaca su nombre, Polignano a Mare es un lugar de remotos orígenes relacionados con la vieja Neápolis, ciudad griega del siglo IV a.c., al que llegué de casualidad, ya que son pocas las guías turísticas extranjeras que lo incluyen entre sus destinos. Regresaba de las islas griegas en un ferri rumbo a Bari y tenía pensado pasar dos días en el puerto, pero me entusiasmé y cambié de planes al escuchar la pasión con que una pareja de italianos describía a la “Diosa del Adriático”, apodo con el que también se conoce a este pequeño pueblo visitado, en su mayoría, por italianos. Porque Polignano a Mare es un secreto bien guardado por los italianos y para los italianos, un lugar ideal para descansar y disfrutar de agra- dables paseos en familia. Ubicado en el tacón de la famosa bota, en una de las regiones más desconocidas de Italia: la Puglia, Apulia en español. En general los turistas llegan hasta Bari (ciudad capital de la región) y van de paso, porque el destino final suele ser Grecia; así es como se pierden la oportunidad de conocer esta antigua residencia de humildes pescadores, hoy considerada una de las zonas más exclusi- vas del sur de Italia. Desde Bari se recorren cerca de treinta kilómetros hasta dar con la vieja Trajana, antigua vía que aún conserva vestigios de la época romana cuan- do servía para unir Roma y el puerto comercial de Bríndisi. El espectáculo comienza al cruzar el puente, siguiendo la misma ruta, ubicado justo so- bre Cala Porto o Lama Monachile. Encantadora bahía que reúne todos los atractivos del lugar: la piedra, los balcones, la aguas cristalinas y la blanca arena. Admirable también desde el mar y, por sobre todo, desde cualquiera de los empinados balcones, construi- dos sobre las salientes de rocas, que permiten apreciar los agrietados cimientos de este empe- drado pueblo. Sus bares y restaurantes son elegantes, más aún los que están en la costa y que, además, son muy caros, por lo que se recomienda dejar dinero para disfrutar, al menos, de un típico aperitivo sentado en alguno de sus bal- cones. Desde esos arrinconados y acogedo- res espacios se admira, en magnitud, la cal- ma del Adriático; son verdaderos miradores y ofrecen panorámicas únicas, muchas de las cuales han sido fuente de inspiración para es- critores y directores de cine como Marco Pon- ti, quien eligió sus calles y calas para rodar Io che amo solo te. Estas también son las tierras de Doménico Modugno, padre de la canción italiana; otra razón que atrae a muchos que desean cono- cer el azul de los mares que habría originado la letra de Nel blu dipinto di blu . Hasta una

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