Antofagasta Diciembre 2017
44 tell. cl unido a la naturaleza y a los cinco elementos del universo. Asegura que el contacto directo con la comida permite sentir e incorporar las propiedades de los alimentos, generando una espontánea conexión con ellos; la persona se vuelve consciente de lo que come y, comer, se torna un ritual capaz de sanar. UN VIAJE POR EL AGUA En la antigua costa Malabar, actual ribera occidental sur de la India, el océano Índico se abre y expande a través de cientos de brazos para abrazar a toda la región; entre estos pequeños riachuelos navegables, se cruzan fracciones de tierra y diminutas islas, que han sido habitadas desde hace cientos de años, originando pequeñas aldeas pesqueras. Es una zona especialmente húmeda y, aunque sus temperaturas se mantienen entre los 35ºC y 20ºC, la sensación térmica suele ser superior. Hasta aquí llegan muchos viajeros provenientes del norte buscando contrarrestar los caóticos y desgastadores días vividos al otro extremo del país, porque Kerala es ordenada, quieta y limpia. Y es que cuenta con los mejores índices de alfabetización y esperanza de vida, además del presupuesto más alto para salud y educación de toda la India. lo dominaban las indias y las coloridas telas que visten con glamur, incluso, mientras cargan vegetales o peces sobre la cabeza; elegancia que contrasta con el dothis , simple pareo que los hombres de Kerala atan entre sus piernas. Ya en tierra, caminamos por diminutos senderos que se cruzaban y perdían entre las extensas plantaciones de arroz. Y bajo la sombra de mangos, plátanos y anacardos —castañas de cajú—, atravesamos rústicas aldeas para llegar a casa. Sandra, la hija menor de Sajeev, fue la primera en asomar su oscura cabeza entre los ribetes de una vieja puerta de madera, seguida de su madre quien vestía un tradicional sari, tela que cruzaba verticalmente sus hombros y caía larga hasta sus tobillos, dejando el torso descubierto. La niña, de unos siete años, se adelantó para estirar una hoja de plátano sobre lamesa y, encima del verde intenso de ese artesanal plato local, la madre acomodó pequeñas vasijas de metal con distintos curris, una mezcla de variados condimentos. También dejaron caer flores sobre la comida dándole un último toque de cariño a ese primer desayuno indio. Cuando, con una suave sonrisa, madre e hija me miraron, entendí que era momento de sentarme a la mesa, aunque nadie más lo hizo conmigo. Mientras el calor del fuego disolvía el cardamomo, la pimienta y el cla- vo de olor, me preguntaba por dónde comenzar; entonces Sandra y su pequeña hermana, me enseñaron a comer. Rodeadas por el agradable aroma que liberaba el tradicional té chai, que la madre preparaba en la cocina, metimos las manos en la comida. Con la mano derecha to- mamos un puñado de arroz, lo mezclamos con uno de los curris y lo amasamos hasta formar una húmeda bola de comida que metimos a la boca. Esta tradicional manera de comer tiene su base en el Ayur- veda, milenaria ciencia india que ve al ser humano de forma integral,
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