Antofagasta Octubre 2017
“ Hace dieciséis años que no daba un workshop en español y me ha encantado. Ha sido toda una revelación para mí”, comenta Cristina, encantadora, desde el taller Ceramistas de Reñaca. Acaba de terminar una clase para una veintena de artistas que llegaron desde todos los puntos cardinales. Menuda, de pelo azabache y acento marcado, se limpia las manos con un paño. Esas mismas manos, minutos antes, le habían dado vida al rostro de una mujer en arcilla con una destreza absoluta. ¿Escultora o ceramista? Buen punto. A través demi carrera he pasado por distintas facetas. Lo que hizo definirme fue que, a veces, mezclo la cerámica con otros materiales para poder ejecutar la idea que tengo. Yo creo que sin la cerámica, no estaría ligada a las esculturas. ¿Cómo definirías tu obra? Escultura figurativa, en ella busco generar un espacio emocional más que narrativo, crear sensaciones que te hagan conectarte con la obra. ¿Cómo es trabajar con cerámica? La cerámica es como la abuela que te quiere. Y te permite. Y te perdona. Por eso es que nos sentimos tan acogidas con la cerámica. Es bien poco lo que la cerámica te niega. La única limitante es el tiempo porque estás frente a un material vivo. El barro es un diálogo, tienes que poner atención, porque si te despistas se seca y lo pierdes. MANOS A LA OBRA Cristina estudió Arte en la Universidad de Puerto Rico, en Mayagüez. Más tarde se perfeccionó en laUniversidad Alfred, enNueva York, donde obtuvo su maestría. Actualmente vive en Penland, Carolina del Norte, donde llegó, el 2002, como artista residente en la Escuela de Artesanía. La cerámica es como la abuela que te quiere. Y te permite. Y te perdona. Por eso es que nos sentimos tan acogidas con la cerámica”. Fotografía gentileza entrevistada Fotografía gentileza entrevistada
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