TELL MAGAZINE FEBRERO 2024
24 tell. cl Si no dedicas tiempo a conocerte a ti, ¿cómo pretendes saber qué quieres en tu vida? El único recurso que sí está en tu total control es el tiempo. ¿Cuántas horas del día pasas dedicada a ti?, ¿a la contemplación de tus pensamientos? Esto hay que entrenarlo y ahí está mi invitación”. S usana Huerta está sentada. Tiene los ojos claros como el día y la boca pintada de rojo carmesí, furioso, como la rabia contra el mundo que la consumió durante mucho tiempo. Hoy día no lleva puesto en su cuello el camafeo, donde guarda un mechón de pelo de Emilia, su tercera hija, que se suicidó hace casi ocho años. Hoy tendría veintidós. Hija de un padre ausente y una madre que nunca estuvo emocionalmente disponible, creció a su suerte o, mejor dicho, se esculpió a sí misma con las herramientas que tuvo a la mano. Tiene puesto un vestido azul, que resalta su piel marfil y, en la mano, un libro, su primer libro. Su contenido obedece a las ganas de que el mundo sepa cómo renació de las cenizas luego de un pasado tormentoso, cómo, a pesar de todo lo vivido, y a través de un largo proceso de autoconocimiento y sanación, se liberó de sus ataduras, etiquetas y creencias limitantes. “Mi único propósito es poder llevar un poquito de luz a quienes están experimentando una vida con muchas nubes y tormentas. Quiero contar cómo pude salir del desierto, cómo enfrenté mis sombras, con la única finalidad de que mi experiencia pueda ser de utilidad a alguien más”. Como dice su amiga Verónica Skewes, “la historia de la Susi es su reflexión sobre lo que pasó, por qué pasó y para qué, que son los elementos necesarios para empezar a construir una existencia sólida y pellizcarle a la vida esa felicidad que todos perseguimos”. El camino fue largo, igual que el trabajo interno que se obligó a hacer para enfrentar sus demonios y que fue sorteando con valentía, aun cuando ella misma se sentía un monstruo. Profesora, coach , directora de Global Virtual Village, dice con calma que eso no la define en absoluto. “Me di cuenta de que no era la Susana, de que no era este personaje”. ¿Y quién es Susana? Una hija de Dios, pero no del caballero de barba blanca. Soy amor y me pongo a disposición de los procesos de búsqueda de las personas. Tú lo dijiste: dar y recibir es lo mismo. No hay herramienta más poderosa que ponerte a disposición del trabajo de otros. Contar su historia fue duro, durísimo. “El libro me llevó al detalle, pero eso fue horriblemente precioso, porque al escribirlo me di cuenta de que ya no tenía pena. Lloraba por la emoción que me provocaba la felicidad de ya no tener pena ni rencor”. En sus páginas están, sin anestesia alguna, pasajes de dolor y angustia ante los abusos reiterados, el desamor y el abandono, que no solo gatillaron en ella un fuerte desapego a la vida, sino que la sumieron en un espiral de autodestrucción que solo podía anestesiar gracias al alcohol y los sicotrópicos. Los recuerdos de infancia que estaban bloqueados resurgieron con una fuerza arrolladora que le gatilló una neurosis regresiva y tuvo que ser internada en un hospital siquiátrico. El mismo en el que estuvo su hija Emilia, muchos años después.
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