TELL MAGAZINE FEBRERO 2024

prestaoído 14 tell .cl Por Marcelo Contreras Disfrazando el desprecio PRESTA oído A pesar de su categoría internacional, como un re- ferente entre los más grandes eventos musicales de Hispanoamérica por más de seis décadas, el festival de Viña del Mar irradia, de tanto en tan- to, cierto provincianismo; señales reveladoras de que en este contexto interconectado e instantá- neo en el que vivimos, Chile expone su condición isleña con lecturas toscas. Inolvidable la reacción furibunda de la prensa, por ejemplo, ante la visita de The Police, en 1982, distinguidos con el premio limón ante una prensa desfasada, incapaz de descifrar a la banda más grande de la Tierra en ese momento. El guitarris- ta Andy Summers lo dijo en su autobiografía El tren que no perdí (2006): el paso por Chile fue el peor en la carrera del trío. En 1991, un diario tituló “Please no more” ante el debut de Faith No More, una de las instituciones rock indiscutidas de los noventa y que, con el correr de los años, urdió una cercana relación con el país mediante numerosas visitas. Durante este verano, “el festival de festivales”, como se autodefine el certamen, ha sido noticia nacional e internacional por el intento de veto a la presencia del mexicano Peso Pluma (24), el cam- peón de los corridos tumbados. Calificado como promotor de la narcocultura por parte del colum- nista Alberto Mayol, para el sociólogo resulta in- aceptable que un evento con dinero público acoja a un artista con esas características. Lo primero es que el festival no se hace con apor- tes estatales. Lo segundo es la señal emitida al intentar prohibir a un artista que figuró en la mayoría de los listados, con lo mejor del pop en 2023 a nivel global. Si bien la organización aclaró rápidamente que no habría veto alguno, TVN in- sistió en su cuestionamiento. Lo cierto es que el festival de Viña no está en po- sición de perder la energía del público juvenil. Dar un portazo a una gran estrella bajo acusaciones discutibles —atacar al narcotráfico por un cantan- te semeja una raya en el agua—, abre las puertas para futuras cancelaciones por arbitrariedades elitistas que, en el fondo, no ocultan su desprecio por las expresiones populares. Aquellas opiniones a favor de la descalificación del urbano se estrellan contra la historia. Basta recordar lo que la generación del tango, del bo- lero y de las grandes orquestas opinaba del rock.

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