TELL MAGAZINE ENERO 2025
75 tell. cl El toque original lo otorga un fuelle restaurado que convirtieron en mesa. Construida por el arquitecto Rodrigo Rogaler, El Cornelio tiene dos habitaciones, con las mismas características del hotel porteño, que invitan a la desconexión, paz y tranquilidad. En cada puerta, reza un letrero: Tierra y Luna. Sobre la casa, una pequeña terraza panorámica hace las veces de mirador. El escenario perfecto para contemplar la vía láctea por las noches. JOYA CLANDESTINA “El Cornelio es nuestro paraíso. Siempre decimos que el terreno nos encontró a nosotros. Era época de pandemia y se nos ocurrió venir por esta zona a hacer un picnic. Había un letrero de “Se Vende” y cada uno le tomó una foto sin saber”, recuerda Anne. El resto es historia. Decidieron comprar el lugar con la idea de rescatar no solo el bosque esclerófilo, sino también el cactáreo. Con paciencia, fueron recuperando árboles frutales y nativos. Y con el tiempo, volvieron los pájaros. “En las mañanas te levantas con un concierto de aves. Aguiluchos, carpinteros, picaflores, diucas, chirigües, chincoles”. También han visto cóndores, búhos y codornices. Dicen que el bosque esclerófilo es una joya clandestina que se tiene que cuidar. “La energía que se respira es increíble. Tenemos que mostrarlo, tenemos que darlo a conocer”. Y en eso están. Actualmente organizan paseos al lugar bajo el concepto de Full Day, ideal para grupos familiares que buscan esa conexión con la naturaleza.
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