TELL MAGAZINE DICIEMBRE 2022

Mis collages son una ‘fotografía interna’, una fotografía de mi mundo emocional, mental, psicológico. Lo que tienen en común es la sinceridad de lo que habito en ese momento”. H ace cuatro años renunció a su trabajo como arquitecta e hizo una lista en el es- pejo de su pieza con todas las cosas que sentía que tenía pendientes en su vida. Las escribió con lápices de colores y las fue haciendo todas prácticamente en si- multáneo. “Estudié Feng Shui, hice yoga y empecé a experimentar cortando libros y bordando papel, retomé escribir poesía y varias otras cosas que encendían las ganas de conocerme en esta nue- va versión mía que me parecía tan valiente, viva, enérgica y confiada”. Dice que de alguna manera siempre fue el collage , que siempre le llamaron la atención las imágenes, “pero de eso me doy cuenta recién hoy, que miro atrás y puedo recordarme recortando, haciendo cartas y tarjetas con revistas, haciendo nuevas carátulas a los cedés con imágenes que me gustaban de libros y folletos”. ¿Cuánto hay de arquitectura en ellos? Hay mucho de lo que aprendí como arquitecta que aplico en mi trabajo con collage : la rigurosi- dad, el sentido estético y la factura siempre me recuerdan el proceso de hacer una maqueta, una lámina que explica un proyecto o el dibujar planos. Además, existe una sensibilidad propia de la gente que estudia arquitectura que me hizo rodearme de inspiración siempre. He escu- chado mucho que gran porcentaje de quienes estudiamos arquitectura somos artistas frustra- dos que no nos atrevimos, o que no pudimos, estudiar arte, me siento totalmente representa- da por esa situación. “Agradezco a algunos profesores y compañeros arquitectos que escuchaban buena música, que leían poesía, que me mostraron películas increí- bles y que, en general, tenían un corazón muy sensible que fue despertando mi curiosidad por el arte en general”. Cuando empezó a hacer collage , lo hizo de mane- ra intuitiva. Tenía un libro de mariposas y otro de ilustraciones. “Recortaba las alas de las maripo- sas y se las pegaba a las imágenes de hombres y mujeres que volaban por distintos lugares. Era una clara expresión de mis ganas de cambiar, de experimentar, de volar, de libertad”. “Nunca tuve una imagen predeterminada de lo que quería hacer, sino más bien era el resultado de recortar imágenes que me llamaban y que luego componía escuchando dónde ellas querían estar. Es raro describirlo así, porque suena a que las imágenes tienen cierta vida, pero eso es lo más preciso que puedo describir con respecto al proceso de creación. Es bonito trabajar así, con la emoción de que el collage me entregue un men- saje a través de los símbolos que me hablan de mi mundo interno”. Por lo general, sus collages se componen de mujeres, aves, universos, cielos, naturaleza, montañas, flores y ojos. “Mis collages son una

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0