TELL MAGAZINE ABRIL 2024

Lejos de demonizar la tecnología, la batalla de Carolina apunta a la regulación del uso de los smartphones . En sus charlas, con evidencia científica contundente, una buena dosis de humor y su inseparable amigo “Mr. Brain”, no solo derriba mitos, sino que explica, con peras y manzanas, acerca de la adicción que producen las pantallas interactivas en los cerebros en desarrollo y cómo incide en su salud mental. “Es saber qué tecnología, con qué fin y para qué edad. O sea, ¿yo le paso un tablet a mi hijo, para que programe un robot o para que me deje de molestar y vea monos? Esa es la pregunta que me tengo que hacer”. Por Macarena Ríos R./ Fotografías Javiera Díaz de Valdés y gentileza entrevistada. Carolina Pérez Stephens, educadora de párvulos 23 tell. cl “ESTAMOS LLEGANDO TARDE” E l martes cinco de marzo, a las tres de la tarde, una Carolina Pérez vestida de blanco y azul y peinada con una cola de caballo,expusoantelaComisióndeEducacióndelCongreso acerca del daño que producen las pantallas interactivas en niños y adolescentes. En solo diez minutos, con datos duros, gráficos y estudios científicos contundentes, demostró lo que viene diciendo hace años: que los smartphones son una herramienta maravillosa, pero para cerebros maduros, no una plataforma de educación. “Queremos que nuestros niños sean creadores de tecnologías, hoy día nuestros niños son simples consumidores. La última prueba PISA es decidora: Chile es país número tres del planeta donde los adolescentes de quince años se distraen en las clases por el hecho de estar cerca de sus celulares”, les dijo. “La única forma que tiene el cerebro de aprender es con los cinco sentidos y con otro ser humano que me mire, que me enseñe y que me invite a volar más alto”. “Todos los smartphones , todas las aplicaciones, todas las redes sociales, todos los videojuegos son diseñados para generar adicción. Solo en la ciudad de Nueva York hay cuarenta y cinco clínicas de rehabilitación para la adicción a las pantallas donde atienden a niños desde los ocho años. Acá no tenemos ninguna”. ¿MISIÓN IMPOSIBLE? La tildaron de exagerada, de “espanta viejas”, de talibana, de la loca de la neurona. Pero Carolina jamás claudicó, jamás dio pie atrás. Todo lo contrario. Mientras explicaba el daño de entregar un smartphone a un cerebro inmaduro e incapaz de autorregularse, aprendió a hacer limonadas.

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