TELL MAGAZINE FEBRERO 2023

“Con la batería me pasó un poco lo mismo: La experimentación y perseverancia es lo más constante que tengo y mi mejor talento. No dibujo bien y no tengo buenas terminaciones, pero la búsqueda por mejorar los detalles es lo que me destaca. Esa es mi principal virtud”. Su primera muestra individual fue justamente donde acaba de exponer: Las Brisas de Santo Domingo. “Yo no estaba preparado ni pensaba en hacer una, pero un amigo trabajaba ahí y uno de los artistas que iba a exponer se bajó a última hora. Con la ayuda de mi familia, que es mi pilar fundamental para lograr lo que tengo, agarramos todas las obras, camión y a la pla- ya... Se llamaba Sombra, error y rutina . El día de la inauguración se vendieron tres obras y, al día siguiente, me compraron las otras quince. Fue muy loco, negocié muy mal, pero fue una aventura instalar las esculturas. Con el paso del tiempo, esas aventuras comen- zaron a replicarse no solo en Chile, sino en el mundo. “He expuesto en Nueva York, en el Mu- seo del Louvre en París, en la Feria Olhe Brasil P odríamos decir que lo de Andrés es el arte de contar historias, el arte de tender puentes a través de piezas muy elaboradas con lo complejo e ininteligible. “Ahí está la belleza”, dice. En esta, su quinta entrega indivi- dual, la escultura le permite mostrar su particular ma- nera de ver la realidad a través del ejercicio de repetir una misma estructura básica en diferentes escalas. Primero fueron los Lego. Más tarde, un taller de madera escolar. Con hábiles movimientos, sus manos fueron creando universos paralelos que atesora hasta hoy. “Esto de construir cosas lo ven- go haciendo toda la vida; creo que es algo con lo que nací. Cuan- do era niño trataba de copiar todo lo que veía en la televisión”. ¿Escultor autodidacta? Ciento por ciento. La evolución, el enfoque y hasta donde he llegado, solo me lo ha enseñado el material y mi constante obsesión por cuestionarlo hasta los límites y probar todas las combinaciones y resultados posibles. A soldar al arco también aprendí solo. En el campo de una amiga había un taller con herramientas y me dejaron usarlas. Encontré un disco para arar la tierra, le puse patas, tapé los hoyos e hice un disco para la parrilla. Nadie me dijo nada, pero la lógica y el hambre de expe- rimentación me obligaron a encontrar mi propio método para aprender. Tenía dieciséis años. Ser artista es contar historias, despertar sentimientos, generar conflictos, provocar. A veces es terrible porque nada tiene sentido y luego todo tiene sentido. Es bien de altos y bajos”.

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