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EDICIÓN | Agosto 2013

El sentido de Cecilia

Cecilia De la Cuadra, directora Fundación Celebraciones con Sentido
El sentido de Cecilia

Tiene veintisiete años y, sin embargo, la madurez de quien ha vivido mucho más. La muerte temprana de su madre, su experiencia con niños abandonados en Calcuta, orquestar los inicios de una fundación sin más norte que la profunda convicción por sensibilizar a los demás en temas sociales. Han sido varios los acontecimientos que marcan a fuego la vida de esta viñamarina, que la tienen “surfeando la ola”, como dice ella, y que le dieron sentido a su existencia.

 

 

por Macarena Ríos R. / fotografía Vernon Villanueva B.

Pudo haber sido ingeniera comercial, pero Cecilia prefir estudiar administración de  servicios en la Universidad de Los Andes, una carrera incipiente en esa época 2005—que conjugaba a la perfección lo que la motivaba en la vida: las relaciones públicas y los negocios. Pudo haber sido la niña mimada, el conchito luego de cuatro hijos de un matrimonio ya mayor, pero ella op por la independencia y part a estudiar a Santiago. Pudo haber hecho carrera en una multinacional, pero elig hacerse cargo de una fundación que estaba en pañales.

Alta, delgada, ojos almendrados, Cecilia tiene las cosas claras y una fuerza interior que conmueve, a pesar de la aparente fragilidad que irradia. Cuando egresó de la universidad, decid irse a estudiar a Australia por seis meses. Primero en Melbourne y luego en Sidney. La falta de un buen inglés le impedía postular a ciertos trabajos que le gustaban y fue lo que la motivó a partir.

¿Qué te dejó la experiencia?
Aprendí a varmelas por mí misma, creo que es bien valiente ir a vivir a un país donde no sabes el idioma, donde no conoces a nadie. E ir sola. Los primeros meses fueron difíciles, pero eso me daba fuerzas para seguir adelante y tomar nuevos desafíos en mi vida. Dejé muchoamigo brasileños taiwaneses europeosConocí otras culturasotras formas de vivir, sobre todo en Sidney, que es tremendamente cosmopolita.

Antes de volver a Chile via por el sudeste asiático con una amiga chilena. Recorrieron juntas Kuala Lumpur, Singapur, Tailandia y la India. El destino final que marcaría a Cecilia.


SABOR A INDIA

Cecilia dice que India es otro mundo, que pareciera que el tiempo se hubiera detenido en los años setenta y que a pesar de la pobreza, a pesar de la cultura retgrada que habla de castas y de la imposibilidad de surgir, se enamoró de los paisajes, de la comida, de la gente.

La mayoría hace su vida en la calle, cocinan en la calle, duermen en la calle. Van al baño en unas letrinas abiertas. Prácticamente no hay veredas y en las orillas hay unas tapas Grau que las levantan y dejan ver un agua de color café. Con esa agua se bañan y se lavan los dientes.

Durante un mes y medio, Cecilia recorr la zona del Rajastán, anduvo en camello, durm bajo el cielo estrellado del desierto y llegó a Calcuta a trabajar con las Hermanas de la Caridad. Todos los días se levantaba a las seis de la mañana para ir a misa con ellas, quienes agradecían a los peregrinos con un desayuno a base de plátano, pan  y té chai. Todos los días se presentaba en una casa humilde pero limpia, que albergaba a pequeños con parálisis cerebral hasta los ocho años. Todos los días los bañaba, los vestía, les hacía terapia kinesiológica y les daba almuerzo.

¿Cómo fue el primer día?
Me encontré con una hilera de pequeños sentados en unas sillas de palo, con un cinturón que les rodeaba la cintura para que no se cayeran. Eran sillas sin ruedas, que se arrastraban por el suelo. Estaban en fila, listos para ir al baño y ducharse. Nosotros, los voluntarios, nos dividíamos en secciones: a uno le tocaba las duchas, a otro vestirlos, a otro la kinesiología, etc.
 
¿Lo más difícil?
Cada niño tenía un libro que decía Hola, me llamo Juanito, tengo parálisis cerebral severa y necesito que me hagas esta kinesiología. Las páginas siguientes mostraban con fotos, los tiempos, la rutina y las instrucciones para realizar ciertos movimientos. Había algunos que tenían su cuerpo tan rígido que costaba mucho poder vestirlos.
 
¿Volverías?
No sé. Todo es muy lindo, pero muy fuerte y complicado a la vez. Hay que estar ahí para poder entenderlo, es difícil poder transmitir lo que sientes allá. Escuchar los gritos de los niños cuando los estás bañando te angustia, te parte el alma. Como no pueden hablar, no sabes si gritan de dolor o de placer.
 
¿Lo que más te conmovió?
Los niños. Se ve mucho trabajo infantil forzado en las calles, sobre todo en las construcciones. Mucho niño pobre, con hambre, con esa guatita de desnutrido.

 
ATERRIZAJE EN VIÑA
 
El 2011 regresó a Chile. La enfermedad de su padre la hizo volver a Viña, su ciudad natal. “Papá, no te preocupes, yo me voy a hacer cargo de tus propiedades”, le dijo. Y se hizo cargo no solo de las bodegas, los departamentos y las oficinas que administraba su papá, sino del incendio que llegaría meses más tarde (febrero del 2012) al sector Los Limonares, donde tenían un galpón.
 
“Perdimos cinco bodegas. Estuvimos hasta las tres de la mañana trabajando con bomberos. Me tuve que hacer cargo de este incendio, de ver dónde iba a reubicar a la gente a la cual se le había quemado su bodega, de buscar otros lugares donde pudieran estar mientras reconstruíamos”.
 
Esa capacidad de gestión, ese carácter resolutivo fue seguramente lo que vieron los directores de la Fundación Celebraciones con Sentido, donde postuló Cecilia. Luego de un proceso de cuatro meses, la llamaron para invitarla a desarrollar la corporación. Ese mismo día había recibido otra noticia: Wallmart la quería entre sus filas.
 
¿Difícil elección?
Fue un tema de desafío personal. En un lado de la balanza tenía una multinacional, con todos los beneficios que eso conlleva y, en el otro, una idea altruista de un grupo de personas. Y me arriesgué.

 
EL SENTIDO DE AYUDAR
 
“¿Por qué no creamos una institución que ayude a las fundaciones a conseguir plata y de esa forma cumplir sus proyectos?”, se preguntó un día el empresario Roberto Ibáñez, fundador de Celebraciones con Sentido. Hacía poco había organizado el cumpleaños de un conocido hombre de negocios en el hotel W con una idea muy particular. El festejado no quería recibir regalos, sino donar el dinero que se recaudara a alguna institución. Esa noche se juntaron quince millones de pesos, que fueron destinados a América Solidaria de Benito Baranda.
 
Tanto le gustó la idea a Roberto que decidió hacer lo mismo en su cumpleaños. Juntó ochocientos mil pesos que fueron a parar a Costa Sur, una organización que nació post terremoto en la zona de Cobquecura. El modelo funcionaba, solo había que echarlo a andar. Y ahí llegó Cecilia. De a poco, esta viñamarina comenzó a conocer el mundo de las fundaciones. A conocer las faltas, las carencias, los agobios, los dolores.
 
¿Qué significa trabajar en esta fundación?
Mi pega consiste en sensibilizar, en abrirles los ojos a los demás para que cada día sean más
las personas que estén dispuestas a donar sus regalos. Mi pega se trata de que la gente esté consciente de los problemas que hay, que sepa que hay niños que no pueden estudiar por falta de recursos, que sepa que hay niños con piel de cristal, que hay personas que no tienen todavía una casa digna donde vivir.
 
¿Cómo funciona?
El festejado envía una invitación a sus amigos y familia en donde les pide que en lugar de llegar con regalos lo hagan con un aporte monetario que irá destinado a un proyecto social y lo donen en la entrada. Nosotros, como corporación, vamos al lugar de la fiesta (con pendones, una caja acrílica, sobres y hasta redcompra), sacamos fotos y recolectamos el nero in situ. A quienes colaboran les ponemos una pulsera de género con la inscripción de Celebraciones con Sentido que indica que esa persona donó. Es como una medida de presión social, ¡y funciona! Después del cumpleaños les informamos al celebrado y a sus invitados el monto recaudado —menos la comisión del quince por ciento— y para qué se destinó su regalo-donación.
 
¿Somos un país solidario?
Poco. Somos solidarios cuando es demasiado evidente que tenemos un problema, por ejemplo para la Teletón, los terremotos o los aluviones. Pareciera que tenemos que esperar sucesos tremendos para ponernos la mano en el corazón y ayudar y demostrar así nuestra generosidad. Pero en el día a día no somos generosos, pocas veces miramos para el lado. Un país que es solidario lo es siempre, todos los días.
 
¿Cómo ha sido este primer año de trabajo?
Un año de aprendizaje, conocimiento y crecimiento. Cuando tomas la decisión de hacer algo nuevo, de emprender, tienes que tener fe en el proyecto y luego saber que vendrán riesgos, desafíos, alegrías, rabias y miles de emociones que debes estar dispuesto a asumir. Nunca es fácil partir.
 
¿Desafíos?
Queremos ser un referente, que cada vez más se adopte esta nueva forma de celebrar. Pero que no sea solo una moda, sino una costumbre de celebrarse con sentido, desprendiéndose de las cosas materiales para entregárselas a quienes más lo necesitan.
 
 
LA FUNDACIÓN EN CIFRAS
 
En todo este tiempo han realizado cerca de cuarenta celebraciones con sentido —bodas de oro, despedidas, fiestas, aniversarios y cumpleaños—, y han donado más de veintiséis millones de pesos a las diferentes fundaciones con las que trabajan: Debra, Reforestemos Patagonia, Costa Sur, Astoreca, Andes Mágico, Africa Dream y Hábitat para la Humanidad. “Buscamos fundaciones medianas, no muy conocidas, con pocos recursos. Nuestra idea es potenciar sus comunicaciones y ayudarlos a financiar sus proyectos”.
 
¿Siempre estuviste ligada al ámbito social?
Fue mi mamá quien me inculcó el tema social. Siempre iba con ella a hogares de ancianos, de niños, a hacerles té, a celebrar navidades. Fue ella quien me enseñó a preocuparme por los demás y no hablo solo de los desvalidos, sino del resto, de tus papás, de tus hermanos, de tus amigos. Una preocupación constante por el otro.
 
¿Historias humanas?
Millones. Al principio, cuando vas a ver las fundaciones, quedas choqueada pensando en cómo potenciarlas. Pero llega un momento en que tienes que seguir adelante, tienes que pararte, tienes que sobreponerte. No te puedes quedar con la pena, tienes que buscar herramientas para acercar estas realidades a las personas y que a través de la sensibilización venga la ayuda. Ese es mi trabajo.
 
¿Cuáles son sus principales necesidades como fundación?
Ser sustentable económicamente en el tiempo. Continuamente estamos buscando nuevas formas de donde obtener fondos y poder seguir con nuestra labor, aumentando las donaciones y las instancias para apoyar proyectos sociales y fundaciones que lo necesitan.
 
¿Tienen socios?
Estamos trabajando en eso.
 
¿Cómo se puede motivar?
La forma más efectiva es la de partir por casa y celebrar la ocasión que quieras pero “con sentido”. Vivir la experiencia de donar tus regalos por una buena causa no tiene precio y esa felicidad se irradia a los invitados, que a su vez se sienten motivados a celebrarse con sentido, porque ellos también quieren ayudar.
 
¿El mejor consejo que te han dado en la vida?
Todo pasa y todo pasa por algo. Lo malo no dura para siempre.
 
¿La experiencia más fuerte?
Superar la muerte de mi mamá. Cuando ella murió yo tenía veintiún años y vivía sola en Santiago, porque estaba estudiando en la universidad. Fue muy fuerte. Tuvieron que pasar siete años para enfrentar la realidad y poder hablar del tema con una sicóloga y recibir terapia. Tuve que sacar la pena, la rabia, la frustración y dejar que ella se fuera. Siempre recordaba que ya no estaba conmigo, que ya no la podía llamar, que me hacía falta, pero no recordaba las cosas buenas, no recordaba cuando cocinábamos juntas, cuando íbamos de paseo, cuando tejíamos, cuando nos reíamos.
 
 
“Pareciera que tenemos que esperar sucesos tremendos para ponernos la mano en el corazón y ayudar y demostrar así nuestra generosidad. Pero en el día a día no somos generosos, pocas veces miramos para el lado. Un país que es solidario lo es siempre, todos los días”.

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