Llegó el mes de los niños y no podía dejar de comentar una película que hace poco reunió a todo su elenco original, diecisiete años después. Se trata de Matilda (1996), la encantadora y mágica historia de una peculiar niña.
Dirigida y narrada por Danny DeVito, basada en la novela de Roald Dahl, fue llevada a la pantalla grande cuando el actor, al leerles el libro a sus hijos para hacerlos dormir, se dio cuenta de cómo toda la familia quedaba ansiosa por el próximo capítulo.
Matilda Wormwood (Mara Wilson), es una pequeña de seis años que no encaja en su familia y que sueña con estudiar. Su padre, Harry (Danny DeVito) es un estafador de autos que se molesta porque Matilda lee demasiado; su madre (Rhea Perlman) está más preocupada de las cosas materiales que de su crecimiento; y su hermano la agrede constantemente por ser una sabelotodo.
Matilda, desde los cuatro años, se desenvuelve como un adulto; se cocina, va a buscar libros a la biblioteca y trata de aprender todo lo que hay a su alrededor. Pero cuando al fin logra que sus padres la manden a la escuela, se encontrará con una cruel directora que odia a los niños: la señorita Tronchatoro (Pam Ferris), una amargada mujer que esconde un oscuro secreto. Por eso la acogerá la dulce maestra Miel (Embeth Davidtz), con quien descubrirá que tiene mucho en común.
Al ver que los niños también pueden castigar a los adultos, si se portan mal, comenzará a hacer travesuras para que cambien su actitud. Lo que no se espera es que esto irá de la mano de increíbles poderes. Memorable la escena en que hace volar un mazo de cartas o come cereal con el poder de su mente, algo que todo niño siempre quiso hacer. Aprender a valorar a los hijos, por muy diferentes que sean de uno, y evitar ser unos padres ausentes es uno de los grandes mensajes que nos deja.