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EDICIÓN | Agosto 2013

Iquique, puerta hacia el poniente

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D., Profesor en La Universidad de Chile, Director China & India Intelligence Reports
Iquique, puerta hacia el poniente

Para nosotros, Asia está hacia el Poniente, cruzando el Océano Pacífico ¡ese es el futuro! Por lo mismo, no dependemos del Canal de Panamá ni de su capacidad o estrechez; podemos soñar en grande, podemos imaginar a un Iquique recibiendo naves colosales, acopiando en lo alto de la ciudad volúmenes descomunales de bienes.

Iquique, tierra de gigantes; lo oí desde pequeño y me imaginé una ciudad titánica. Iquique es una ciudad pujante, aunque dista de ser fantástica y dejar boquiabierto. No obstante, sí posee grandeza, estatura y bravo corazón, resultante de su población corajuda, luchadora, decidida y emprendedora, bien simbolizada por personajes épicos como los boxeadores Estanislao Loayza y Arturo Godoy, hijos predilectos.

Cada cuarenta años, Iquique se remece con algún cambio fuerte. Los contratiempos, lejos de deprimir a los iquiqueños, los hacen exprimir el seso y vencer la adversidad. Primero fue la decadencia del salitre. Hacia fines de los años setenta, la depresión de la pesca, que llevó a crear la zona franca. Comenzó esa facilidad con tan solo unos pocos galpones atestados de mercaderías desordenadas. A esa etapa precaria, siguió la ZOFRI en el lugar que está hoy, sector que ha seguido creciendo hasta llegar a ser una agitada ciudadela comercial que hierve en actividad. No hay lugar más internacional en Chile que esa especie de Torre de Babel, donde se oyen conversaciones en chino, en hindi, en urdu, en malayo, por cierto en inglés, y en español con distintas entonaciones. Zona de compra, de venta, de distribución hacia el interior, sea ese movimiento hacia Bolivia, al norte de Argentina, a Paraguay, o incluso hacia Brasil.

Pero eso no es todo; el empuje de Iquique no acaba. Es cosa de hacerle una visita al inagotable alcalde Jorge Soria, y sorprenderlo en cualquier jornada explicando su plan del puerto futuro a inversionistas, políticos, o a delegaciones extranjeras. El choro Soria es una locomotora nortina; no para de hablar mientras muestra maquetas, mapas de integración de vías férreas y de caminos, para transformar a Iquique en algo así como la Singapur de Sudamérica. ¿Será eso demasiado? No, eso es aún poco. Porque así es el espíritu de los iquiqueños; les gusta soñar en grande. Y, porque Asia seguirá siendo y en forma creciente, el principal destino para la producción chilena, pero también para la boliviana, para la paraguaya y lo que produzca el Brasil Central. Y sin duda, una de las buenas opciones para dar salida a esas producciones es por Iquique, la puerta hacia el Poniente. Porque aprovechamos de hacer la corrección: el Oriente lo es desde el punto de vista europeo, visión que va quedando atrás. Para nosotros, Asia está hacia el Poniente, cruzando el Océano Pacífico ¡ese es el futuro! Por lo mismo, no dependemos del Canal de Panamá ni de su capacidad o estrechez; podemos soñar en grande, podemos imaginar a un Iquique recibiendo naves colosales, acopiando en lo alto de la ciudad volúmenes descomunales de bienes, porque el Iquique costero es estrecho y será inevitable el conflicto entre lo turístico, lo cultural y lo comercial.

Iquique aún huele a salitre; y si bien la nueva modalidad del yodo y el nitrato van por otros caminos, el escenario salitrero en cierto modo se repite. Iquique y su auge atrajeron a inmigrantes. Llegaron como abejas a la miel, y si a comienzos del siglo XX fueron italianos, croatas, españoles y otros europeos, hoy son los asiáticos, más los peruanos y bolivianos que se sienten aquí muy cómodos, casi locales. No hay problema; en el Iquique “Puerta al Poniente” hay espacio y trabajo para todos. Todo está en que no se cometan los mismos errores. El ciclo salitrero tuvo como principal yerro el creer que el esplendor duraría siglos. Se gastó el dinero a manos llenas y cuando hubo que competir con el salitre sintético, no se pudo; el otro era mucho más barato.

Hoy, en Asia compran todo lo que se envíe porque aún se requiere cantidades exorbitantes de cualquier cosa. Pero vendrán momentos más arduos, en que el triunfo será para los que con eficiencia hagan las tareas. Como han señalado varios observadores, el así llamado “festín de los commodities” pareciera llegar a su fin; sin embargo, el banquete no se ha acabado. Ahora viene el postre. Y así como los iquiqueños produjeron los chumbeques, así ha llegado la hora del uso inteligente de los recursos y del espacio. Y lo que hagan los iquiqueños puede ser señero y un avance de lo que se haga en el país. No sería la primera vez que lo que pasa en Iquique sea inspiración nacional.

 

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