Cuando Justin Bieber causó revuelo al conocer la casa de Ana Frank en Amsterdam, y escribir en el libro de visitas que la chica asesinada por los nazis hoy habría sido una “belieber” —el apelativo de sus seguidoras—, estuvo lejos de la estupidez que le achacaron.
Solo constató una de las tantas impresiones que la mayoría se lleva desde ese lugar, en particular de su dormitorio. A pesar de la guerra y el encierro, la adolescente Ana era una fanática de los espectáculos y figuras de aquella época. Pegaba fotos y afiches de celebridades en las paredes de su habitación, tal como hoy lo hace la juventud en cualquier rincón del mundo.
La cultura pop utiliza los mismos métodos hace muchísimo, y posee ciclos que se alternan por más de medio siglo. Los grupos de chicos existen desde los años cincuenta —Frankie Lymon and the teenagers es el mejor caso—, mientras que los conjuntos corales femeninos se cuentan desde The Supremes en los sesenta. Y así como las boys band regresaron con One Direction y The Wanted, es probable augurar el relevo de Spice Girls.
Existen al menos cuatro proyectos trabajando con algunos de los productores más reputados del pop mundial, casi todos asociados a competencias de talentos televisivos. Está el caso de las británicas Little mix, quienes siguen los pasos de One Direction: también participaron de The X Factor y firmaron por el mismo sello. Dr. Luke (Britney Spears), figura tras G.R.L. Fifth harmony salieron terceras en la versión estadounidense de The X Factor y están por lanzar su debut, mientras The Laylas son las hermanas de Bruno Mars, un renovador del pop. No tienen aún un disco, pero ya cuentan con un reality para registrar cómo se fabrica una estrella hoy.