Este es un programa en primera persona donde mujeres periodistas se sumergen en distintas realidades en carne viva durante veintiún días seguidos. La frase de enganche proclama âporque no es lo mismo contarlo que vivirloâ, y la promesa se cumple. El trabajo de imagen transcribe nítidamente esa percepción. Hay mucha cámara manejada por las mismas reporteras, con toda esa sensación de subjetividad y cercanía provocada por ese tipo de encuadres, alternadas con tomas a cargo de un equipo. El formato original es español y suma cinco temporadas al aire, a su vez inspirado en 30 Days del canal del cable FX Networks. En España, hubo episodios dedicados al porno, el insomnio y el boxeo, mientras el de FX âsin el protagonismo periodísticoâ, forzaba situaciones paradigmáticas como poner bajo el mismo techo, por un mes, a un ultraconservador con un gay.
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La versión de TVN se ha dedicado, por ejemplo, al consumo de marihuana, a depender de la basura, beber con alcohólicos, y a vivir a ciegas. Al principio, la idea es indiscutidamente atractiva, el relato resulta dinámico y con ese atractivo de la sinceridad a flor de piel. Las periodistas Catalina Castro y María José Terré son jugadas y no ocultan âincluso al contrarioâ, sus prejuicios respecto de los espacios y personajes que exploran. Se crea un dramatismo porque vemos cómo, a través de la práctica, las opiniones van cambiando.
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Pero también llega un momento en que 21 Días comienza a girar sin avanzar y cunde la impaciencia. Los capítulos se extienden por más de una hora y se tornan tediosos después de treinta minutos. La monotonía propia de la cotidianidad, la que sea, termina colando fuerte y debilitando una idea que suena mejor de lo que se ve en pantalla.