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EDICIÓN | Julio 2013

Cultura en acción

Andrea del Solar
Cultura en acción
Aprendió la maravilla de la artesanía cuando estaba en plena adolescencia. Probó con distintas manualidades y aunque le iba bien, sentía que algo le faltaba. Un día, descubrió qué era ese algo y tal como va formando sus creaciones, comenzó a unir las piezas que hacían falta hasta dar forma a Nuevo Arte Diseño, un colectivo orientado a fomentar la creación y el emprendimiento.
 

por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Aún no cumple los treinta y tiene una historia de vida llena de aventuras y aprendizajes. De hecho, fueron sus muchos viajes los que la inspiraron a lograr lo que hoy es la única feria itinerante de diseño que funciona en Antofagasta: Nuevo Arte Diseño. “En otros países o ciudades me tocó ver cómo los artesanos tenían lugares asignados los que utilizaban cada quince días, por ejemplo. De esta forma, se potencia la manufactura y, además, se entrega un espacio para que los ciudadanos y los productores se conozcan y se genere el intercambio”, nos cuenta Andrea del Solar.
 
Está en último año de pedagogía básica y cuando nos cuenta su vida, me la imagino tejiéndola, escogiendo los colores que la han acompañado en sus cortos años y preparando madejas para continuar, sorprendiéndonos y sorprendiéndose a sí misma con lo que es capaz de hacer.
 
“Yo era una niña normal, tenía un toque artístico en el colegio, pero ninguna vocación definida. Estaba en enseñanza media cuando empecé mi relación con Rinaldo reconocido grafitero antofagastino y como él pinta, yo también algo hacía. El punto de inflexión ocurrió cuando cumplí dieciocho años y en las vacaciones visitamos a unos amigos artesanos en Ecuador. Ellos vivían en un pueblo muy turístico y yo ahí me di cuenta de que se podía vivir de lo que uno creaba”, recuerda Andrea.
 
¿Y cómo conocieron a esos amigos artesanos?
Los papás de Rinaldo fueron artesanos y,por lo mismo, tienen una mirada mucho más global de lo que significa este oficio. El viaje a Ecuador nació gracias a un amigo de la familia que había buscado nuevos horizontes y yo, de puro fresca, me colé. Ese fue el momento donde comencé a hacer cosas. Primero empecé tejiendo macramé, haciendo cosas súper elaboradas, trabajos con piedra, con muchos colores. Cuando volví a Antofagasta, tenía claro lo que iba a hacer. Estudiaba y vendía artesanía, esa era mi vida.
 
¿Se te hizo difícil?
Ya conocíamos a los artesanos de acá y eso me ayudó a generar redes. Como no había espacios, pesqué mis cosas y me fui a la playa a venderlas. No me daba miedo ni pudor, porque antes ya había acompañado a Rinaldo a vender sus cuadros en el centro, sabía cómo era el teje y maneje.
 
¿Y te daba lata que te vieran tus amigos?
La gente en Antofagasta es súper discriminadora y con el artesano no es la excepción, pero yo me sentía muy segura de mí misma. No tenía por qué explicarles a todos que yo era una estudiante universitaria y que vender mis trabajos me llenaba de orgullo. En general, siempre fui un poco distinta y nunca me importó mucho lo que opinaran.
 
¿Y tus papás, qué decían?
Mis papás me apoyan y creen en mis sueños. Además, respetan mucho mi metro cuadrado, siempre y cuando cumpla con mi carrera. Yo he respondido y he sido súper autogestionada, mis trabajos como dependiente son muy esporádicos y creo que eso también les da satisfacción a ellos. El mejor regalo de mi mamá fue mi máquina de coser. Con esta maquinita, poquito a poco, fui haciéndome del capital necesario para emprendimientos mayores.
 
¿Alguna vez pensaste en instalarte?
Por un tiempo nos conseguimos un local en la feria de la Plaza del Mercado. Tenía menos de veinte años, muchas ganas de hacer cosas de manera independiente y mi mamá me pagaba la universidad, por lo tanto todo lo que podíamos generar era para nuestro emprendimiento. En las vacaciones nos íbamos de viaje. Varias veces fui a Ecuador, Bolivia, Perú, Argentina, gracias a la artesanía. En todas las ciudades yo vendía y seguíamos viajando.
 
Cada viaje era toda una experiencia...
¡Un total descubrimiento! Mi rubro actual es la costura, trabajo mucho con las telas coloridas, telas de ropa en desuso, reutilizo todo lo que encuentro. Pero he pasado por teñir, hacer cerámica, tejidos con procesos indígenas. En cada país y en cada ciudad aprendí algo nuevo porque siempre me acerqué a los artesanos, conocí cómo viven, cómo hacían sus trabajos. Los viajes son, lejos, la mejor inversión porque recorrer el mundo es ir a una universidad callejera. Por eso llegó un momento en que decidí que lo mío era el hacer cosas, el producir, el dar a conocer lo que uno sabe. El problema era cómo. Entonces, con la ex polola de mi primo, que también hacía artesanías, nos sentamos y decidimos formar una agrupación donde el foco principal fuera el diseño y la estética.
 
¿Cuál era su intención al agruparse?
Ganar espacios. No queremos tener locales fijos, sino más bien contar con las autorizaciones para que quincenal o mensualmente podamos instalarnos en un determinado espacio para mostrar las creaciones de un número acotado de participantes y donde, además, promovemos vida sana, cultura de reciclaje, talleres de arte. Estamos juntas hace dos años y nuestro sueño aún está vigente.
 
¿Para qué formar una agrupación?
La unión hace la fuerza. Al tener personalidad jurídica podemos postular proyectos, gracias a los cuales tenemos una infraestructura espectacular. El siguiente paso es conseguir un permiso permanente que nos permita instalarnos cada cierto tiempo en un espacio determinado.
 
¿Cómo ha sido la experiencia de la gestión?
Yo estudio pedagogía con un fin netamente social. Siento que tengo las herramientas necesarias para planificar todo de tal forma que resulte bien, que además de generar un punto de ventas de las creaciones de nuestras socias, la expo tenga un sello diferenciador. Es un orgullo utilizar los parques de la Avenida Brasil y ver cómo la gente agradece que revitalicemos este sector. Estoy segura que lograremos que la autoridad nos siga dando el permiso, eso es lo único que necesitamos.
 

“Mi rubro actual es la costura, trabajo mucho con las telas coloridas, telas de ropa en desuso, reutilizo todo lo que encuentro. Pero he pasado por teñir, hacer cerámica, tejidos con procesos indígenas, etc”.

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