En cuanto al ejercicio de la arquitectura como tal, sus proyectos se han difundido en diversas publicaciones y revistas, como la Bienal de Arquitectura Nacional, Punto de Fuga, Arquitectura y Estilo 08. Su primera bienal fue a los veintitrés años, cuando cursaba segundo año. En esa oportunidad, expuso su proyecto en el Museo Nacional de Bellas Artes, que comprendía el desarrollo de una ciudad maderera, industrial y rural.
En las otras dos bienales donde participó, exhibió como proyectos su propia casa, construida en Mitrinhue, y el primer subsidio Serviu, de vivienda básica, legalmente licitado en forma pública. “Consistió en cien viviendas de 56 m2 en ochocientos metros de sitio, con luz eléctrica, calles públicas —según la ordenanza—, un estadio de fútbol, un estadio atlético y sede comunitaria, todo por 400 UF por unidad habitacional. Hoy en día hacen un departamento de veinte metros cuadrados por el doble del valor, por eso es que no estoy en el sistema; si uno entiende que la profesión es de servicio, estudia arquitectura para ayudar a la gente”, enfatiza.
AL SERVICIO PÚBLICO
La carrera de este artista-apasionado, como él mismo se define, no fue fácil ni pasiva. Luego de su titulación, en 1984, se fue a trabajar como director de obras en San Ignacio, Chillán, y luego a San Carlos, como asesor urbanista y proyectista encargado de mantención de parques y jardines. Posteriormente, en constante búsqueda de oportunidades, se fue a Viña del Mar, como arquitecto del municipio en asesoría urbana.
Durante tu labor en el servicio público, ¿qué logros destacarías?
En los siete años que trabajé como empleado público, construí un centro deportivo, un colegio, un internado, algunas iglesias y parques; el Villorrio Campesino y viviendas públicas, a través del SERVIU, y un liceo mixto; agrícola, rural e internado, en un solo lugar. En Viña del Mar hice un parque de diez hectáreas, donde se desarrollaron centros para motocross y una media luna para las actividades criollas. Esto, entre muchas otras obras.
Destaca en tu arquitectura el valor del servicio y sobre todo los bajos costos, ¿cómo se refleja eso?
En mis trabajos yo veía la parte pública, lo que no quería ver nadie; las ramadas, las actividades del pueblo. Entonces el logro fue haber construido, por ejemplo, la media luna en base a bolones, con malla acma y durmientes. Es decir, cero costo. En San Carlos, el liceo fue construido en base a reciclaje de materiales, y el Villorrio Campesino, edificado en adobe con un módulo húmedo de hormigón y ladrillo. La unidad habitacional comprendía cuatrocientos metros de sitio, para auto-cultivo sustentable, donde las personas podían pasar medio año sin trabajar, porque tenían su propia comida.
Estuviste ligado también a la parte privada, ¿cómo fue esa experiencia?
En la región de Valparaíso me asocié con otras oficinas para participar en concursos de distintos proyectos inmobiliarios y después, de regreso a Concepción en los noventa, instalé una oficina con otros socios, donde trabajamos para Petrox, Enagas, Pesquera el Golfo y otras grandes empresas. Yo diseñaba los ante proyectos y trabajaba en terreno. Posteriormente, en 1992, seguí como profesor en la Universidad del Desarrollo, Universidad de Concepción y Duoc, de Viña, Valparaíso y Concepción a la vez. Eran cincuenta y seis horas semanales de clases, más el trabajo de oficina. En esa época, literalmente, no dormía.
PASIONES CRUZADAS
Juan Pablo ha complementado su carrera de arquitecto con una ferviente pasión por la pintura, exponiendo en reiteradas oportunidades, tanto individual como colectivamente, además de ejercer la docencia.
¿Qué significa para ti enseñar?
Me encanta la docencia, lo hago desde que entré a la universidad, donde fui alumno ayudante por nueve años. Incluso desde antes, cuando estaba en primero medio. En ese tiempo, ya mezclaba mis dos intereses, porque mis alumnos tenían como uniforme camisetas pintadas por mí.
Esa es otra de tus pasiones, ¿verdad?
Sí. Siempre pinté. En momentos de altos y bajos y de no saber qué más hacer, pinto. Llevo un montón de años con exposiciones personales, una de las últimas en febrero de 2012 en el casino, donde expuse cien pinturas, el trabajo de todo un año.
¿Cuáles son tus expectativas a la hora de hacer arquitectura?
No pretendo hacerme rico con mis proyectos. Soy una persona que nací, me crié y viví paralelamente entre lo rural y lo urbano, por ello debe ser que me cuido mucho de no pasar a llevar a la gente ni a el medioambiente, menos como profesional. Es muy importante entender que antes de llegar el hombre a la Tierra, la sustentabilidad era obvia, sin embargo hoy, la naturaleza nos gana cuando pasamos los límites y lo estamos haciendo constantemente. No nos importa el entorno y eso es peligroso.
¿Qué les transmites a tus alumnos?
Muchos consideran que esta es una profesión de elite y quieren ser parte de eso; sin embargo, nadie sabe que en algunos años más habrá más arquitectos que carabineros y quizás será necesario que ayudemos a cuidar la ciudad, o si no, sencillamente, no vamos a llegar a ninguna parte. En clases les transmito que si no saben las necesidades de un ciego, de un sordo o un mudo, no pueden trabajar. O por ejemplo, que tienen que entender que, en veinte años más, la ciudad llegará a tener treinta y cinco grados promedio de calor y no podrán hacer arquitectura si no comprenden el valor de la luz, de una sombra, del calor. Es importante que entiendan que tienen que estar siempre atentos a los cambios, y a las necesidades de la comunidad donde vayan a ejercer.
Y tú, ¿cómo te definirías?
Como un ordenador de lo tridimensional; del manejo de la luz, de las sombras con la luna, las estrellas y el sol, y su relación con la Tierra. Además, me considero un intérprete de la película del cliente. También debo mencionar que en mi vida siempre está presente el arte; desde ahí, pretendo hacer interpretación de la realidad.