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EDICIÓN | Julio 2013

Kayaks plegables

Juan Antonio Concha, Kweskar
Kayaks plegables
El objetivo era poder transportar un kayak arriba de una moto. Así nace la idea de construir una embarcación desmontable, del tamaño de una mochila. Con tiempo y dedicación, los prototipos dieron vida al invento y a la senda de emprendedor de Juan Antonio Concha.
 

por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Una mochila de noventa centímetros de largo, con un peso de doce kilos. En su interior, un kayak de cinco metros, incluido el remo y todas las piezas para armarlo en un máximo de diez minutos. El invento es penquista, obra de Juan Antonio Concha, quien hoy distribuye embarcaciones bajo la marca Kweskar.
 
Todo comenzó casi como un juego. Hace un par de años le prometió a su hijo Joaquín, de ocho  años,  que  se irían  de  vacaciones a la Patagonia chilena. El plan era llegar en moto. El pequeño le pidió aprovechar el viaje para navegar en kayak. Ante la dificultad de empacar el bote en el vehículo, comenzaron a probar el experimento.
 
Los modelos fueron tomando forma y los prototipos llegaron al agua, siempre con resultados mejores. El viaje debió postergarse ese verano, pero en lugar de eso nació la idea de un emprendimiento, que despertó  con los buenos  comentarios  en  redes  sociales y que no tardó en ser objeto de interés de potenciales clientes.
Así, este montañista y guía turístico cambió de rubro y llevó su experiencia al emprendimiento,
consiguiendo apoyo público y logrando distinciones a la innovación dentro de un negocio que no paró de crecer.
 
¿A qué te dedicabas antes de esto?
Poco antes del salir del colegio, mi pasión era el montañismo y me metí de lleno a esa actividad, con la idea de ser montañista profesional. Tomé cursos acá en Chile, luego me fui a España, donde me titulé como guía de alta montaña. Me dediqué largo tiempo a desarrollar eso, trabajando con la federación de andinismo, como guía para algunas agencias y generando mi propio emprendimiento con una oficina de turismo aventura. Estudié algunas carreras, pero estaba lleno de trabajo, en terreno y con plata.
 
¿Nada que tuviera que ver con innovación?
Tuvimos antes un acercamiento con muros de escalada desarmables y fuimos los primeros en hacerlos. Vendimos para varias empresas, eventos y municipalidades. Solo en Santiago había  muros  de  escalada, pero fijos, que estaban adosados a estructura y casi como un edificio, Quise construir uno para trabajar, entrenar y poder moverlo a distintos lados. La gente que lo vio preguntó por él, si acaso podíamos arrendarlo, y así comenzamos.
 
¿Cuándo aparece la idea del kayak?
Vino después de un periplo con varios emprendimientos  relacionados.  El  año 2011, en el verano, con mi hijo Joaquín nos propusimos irnos de vacaciones a la Patagonia chilena. Él no conocía, así que nos íbamos a ir en moto, pero él quería andar en kayak. Teníamos uno de plástico de los normales, rígidos. La dificultad era cómo llevarlo en una moto. Le expliqué que era muy difícil, pero él se acordó que yo había hecho uno de madera, y me pidió que lo hiciéramos desarmable.
 
Así partió el desafío…
Me  pareció un poco tirado de las mechas, casi imposible, pero no le dije  que no. Lo comenzamos a intentar. Mirando las carpas de montaña, que prácticamente son casas que se transportan, encontré la base de la idea: qué pasaba si le dábamos la forma de banana como kayak. Armamos un prototipo de materiales muy simples, con una estructura de aluminio, pero nylon por afuera, para hacernos una idea. Lo llevamos a la Laguna Grande de San Pedro, y efectivamente funcionó. Tenía la forma, aunque esa primera vez comenzó a filtrarse agua, pues los materiales no eran los mejores.
 
Las vacaciones pasaron a segundo plano...
Estaba entretenido este tema. Nos pareció interesante, así que en la casa comenzamos a trabajarla con materiales adecuados. Hasta que dimos con el primer kayak desarmable, que efectivamente resistía, flotaba y con las mismas condiciones de arquitectura náutica que cualquier otro. Lo subimos a internet, sin siquiera pensar en venderlo, pues lo mío era el turismo aventura. Sabíamos que estábamos resolviendo un problema de nosotros. Así se nos pasó todo el verano, no fuimos a Patagonia, pero lo pasamos chancho jugando con el prototipo.
 
¿Cómo se convierte en negocio?
En Facebook comenzaron a interesarse. Un amigo de Osorno pidió precio, pero como no estaba vendiendo, le dije que le podía enseñar y él ponía los materiales. Se vino una semana a mi casa y se llevó su kayak, las fotos que subió tuvieron más éxito y así surgieron más interesados. Él los contactó conmigo y me empezaron a pedir. Construí un par, que al principio vendí demasiado barato. Como una de las primeras carreras que estudié fue ingeniería comercial, hicimos un rápido análisis de mercado, flujos de caja, y ahí recién me di cuenta de que era un negocio.
 
¿Por qué Kweskar?
Busqué la marca para asociarla, y como conocía un poco de la cultura originaria, elegí Kweskar porque era la tribu nómade del mar, que navegaba entre los fiordos de la Patagonia. Esas embarcaciones eran resistentes, y por ese plus le pusimos así.
 
Y de ahí la consolidación...
Empezaron a llegar varios clientes. Pero me di cuenta de que no estaba siendo capaz de cubrir la demanda. En un mes me llegaron diez pedidos, un número que no iba poder entregar, porque yo solo me demoraba poco más de una semana en construir uno. Cuando estaba
recién partiendo, y conversando con un amigo, le conté mi complicación y se ofreció a comprar las máquinas, arrendándomelas para recuperar su inversión. Nos asociamos y buscando por internet nos encontramos con más facilidades.
 
 
EMPRENDEDOR
 
En la búsqueda de nuevas opciones para mejorar el creciente emprendimiento, los patrocinadores e incubadoras aparecieron en el horizonte de Juan Antonio Concha. Lo novedoso de su proyecto le abrió la puerta a distintas vías de financiamiento, que impulsaron su idea hasta dar el salto definitivo. “En la Universidad del Biobío recibieron bien la idea y nos invitaron a presentarla en la convocatoria de Innova. Nos fue muy bien: nos adjudicamos un monto de diez millones de pesos para desarrollo de nuevos negocios. El prototipo estaba listo y avalado. Ahí parte el circuito de emprendimiento, pues nos empezaron a invitar de otras instituciones, como la Red de Mentores, para escuchar a empresarios destacados, para que nos ayudaran con el modelo de negocio”.
 
¿Ese fue el despegue?
Generamos un book de negocio, se estructuró formalmente la empresa y la escalera fue siempre ascendente. Nos invitaron a concursos, foros de inversión, como la Sociedad de Emprendedores de Latinoamérica en Argentina, donde ganamos por primera vez un premio de diseño para Chile. Fuimos a dar charlas y hablar de diseño, sin ser diseñadores.
 
¿Se inspiraron en algún ejemplo?
Cuando hicimos el análisis de mercado nos percatamos de que no habíamos descubierto la rueda. Había cinco empresas fuertes a nivel mundial en este rubro, en Estados Unidos y Europa. Cuando las chequeamos, empezamos a averiguar un poco más, y encontramos que tenían mayores precios y el armado de su producto tomaba más tiempo que el nuestro. Notamos que había competencia, pero no era muy conocida y tenía problemas en estrategias de marketing. Presentamos este book a una segunda etapa de postulación y nos adjudicamos un Capital Semilla por cincuenta millones. Ahí consolidamos la empresa, con la contratación de personal y marketing.
 
¿Qué otros productos ofrecen?
Me llamaron para participar en la Asociación de Emprendedores de Chile, que tiene sede regional y actualmente soy presidente. Ahí se logra una red de contactos y entramos en otros negocios. Kweskar es la marca, pero la empresa explora otros rubros que podíamos cubrir. Por ejemplo, hay un buen equipo de diseñadores, por lo tanto también se trabaja como agencia de diseño y publicidad.
 
¿Que otros proyectos hay en camino?
Por este cuento del emprendimiento me relacioné con un equipo de informáticos de nivel mayor, más científico. Hay un bio informático, un geo informático y un experto en inteligencia artificial. Estamos armando un proyecto que es una plataforma de innovación. Una web en la cual las personas con una idea de negocio pueden ingresar, cargarla y la plataforma los va guiando con distintas metodologías que se aplican, para bosquejar la idea y transformarla en un proyecto formal. Con esa idea se pueden aplicar estrategias de ejecución, apuntar a fondos públicos o privados, etcétera. Es un vacío que nos dimos cuenta que había en el mercado.
 

“Kweskar porque era la tribu nómade del mar, que navegaba entre los fiordos de la Patagonia. Esas embarcaciones eran resistentes, y por ese plus le pusimos así”.

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