Llega puntual y llama de inmediato la atención por su belleza y sencillez. Es cálida y entretenida, por lo que la conversación con ella surge de forma natural. Comenzamos hablando de su niñez y del rol que jugó su padre en su vida. Juanita es hija de Federico Ringeling, ex alcalde de Zapallar y luego diputado por la zona, quien hizo que inevitablemente la política tuviera un lugar importante en la vida de su hija.
Depende cómo uno entienda la política. En el fondo tiene que ver con cómo uno se relaciona con la sociedad, cómo enfrenta la educación cívica y, en ese sentido, me interesa mucho. Otra cosa son los políticos y ahí tengo reparos. No solo de la forma de hacer política, sino lo que significan todas las esferas del poder. Siempre he estado muy comprometida con la veta social, ha sido algo ineludible dado que mi papá ha trabajado siempre en esto y desde chica lo acompañé en las campañas, en los casa a casa. La política es parte de mi vida, y lo agradezco. Somos una familia súper crítica y no hay sobremesa que no terminemos discutiendo temas de política o del país en general. Ahora, si me preguntaran si quiero ser ministra, por decirte algo, claramente mi respuesta sería no me interesa”, afirma.
Nacida en la Clínica de Reñaca, la tercera de cinco hermanos, se crió en Cachagua y siempre supo que lo suyo era el arte, la actuación. “Cuando uno es chico no le pone nombre a las cosas, pero siempre me expresé con performance, montaje, circo, presentación ante los papás, los primos, etc. Me disfrazaba y me encantaba organizar pequeñas puestas en escena para cualquier cosa. En el colegio participé de cuanto taller de teatro se hizo. Tuve la suerte de que fomentaban mucho las artes, y el teatro tenía un tremendo protagonismo. Por ahí hubo tanta libertad en explorar ese mundo que se me hizo fácil vivir en esta forma de expresión”, cuenta.
Una vez terminado el colegio y teniendo claro que quería estudiar teatro, vino la disyuntiva de dónde hacerlo. Por un lado dejar la playa significaba sacrificar su calidad de vida, pero por otro lado quedó en la Universidad Católica y no dejó pasar la oportunidad.
“En tercer año de teatro me salí de la escuela. Me vino una pataleta en contra del estudio y estuve casi dos años haciendo cosas nada que ver: un voluntariado de enfermería, empecé a hacer ropa para generar ingresos, pusimos con mi hermana una Pyme e hice comerciales, cortometrajes, además de viajar muchísimo”.
De regreso al país quiso retomar sus estudios, esta vez en la Escuela de Cine de la Universidad Católica, pero no tuvo suerte. Trabajó como ayudante de la facultad de estética, en los cursos de cine, cuando surgió la posibilidad de entrar a la TV.
¿Cómo partiste en televisión?
Empecé en TVN en la teleserie Hijos del monte. Nunca lo busqué mucho, no tenía esa avidez de entrar a la televisión y de proyectar mi carrera a través de la pantalla, pero me llamaron un martes a un casting y al día siguiente me avisaron que estaba seleccionada. ¡No tuve tiempo ni de pensarlo! Después de eso vinieron Los ángeles de Estela y Cuarenta y tantos... Entremedio hice un telefilm llamado La Tirana y la serie Cumpleaños.
EN LA CÁRCEL
Después de Cuarenta y tantos, producción nocturna en la que tuvo un rol más visible, viajó a Estados Unidos a estudiar teatro físico, un método creativo que parte del cuerpo, del movimiento, de la improvisación, con distintos estímulos que se van sumando, hasta llegar a crear el montaje. Tras pasar tres meses en el Double Edge Theatre y luego otra temporada en el Teatro de Odin, en Dinamarca, volvió a Chile con la idea que sería muy productivo implementar ese tipo de técnicas en lugares con problemas sociales, como la cárcel, dado que al reprimir el lenguaje, el método logra que el cuerpo, la imaginación y la libertad afloren.
“Es un método muy acorde a un espacio privado de libertad. Partí ofreciendo el tema en Gendarmería, pero finalmente fue la Corporación Abriendo Puertas, que lleva quince años trabajando en la cárcel, la que me permitió hacer el taller”, explica.
Junto a Javiera Osorio trabajaron con las internas durante cinco semanas, todos los días, seis horas consecutivas. Hoy espera poder cumplir con la promesa que les hizo de volver y echar a andar un centro cultural, para que exista un espacio de programación anual de talleres que fomenten la rehabilitación dentro de la cárcel.
¿Qué aprendiste de esa experiencia?
Rescaté varias cosas, quizás la más importante tiene que ver con la deuda que tenemos con el sistema penitenciario en Chile: los reclusos son gente olvidada. Hay una sensación de parias de la sociedad y ellos lo sienten así, viven francamente en una situación paupérrima, donde la rehabilitación se hace imposible. Me siento en deuda con mis alumnas, fui con la promesa de volver y quiero que el centro cultural les dé la opción no solo de tomar talleres técnicos, que funcionan durante todo el año, sino además programas que les permitan generar autoestima, habilidades blandas y que aprendan a relacionarse entre ellas, porque muchas de mis alumnas ni siquiera se conocían.
UNA BUENA VEDETTE
En un ambiente de tonos alegres, muchas alfombras, tapices, lanas y lámparas de cristal, Zanzíbar Underground entrega el escenario perfecto para hablar de la última aventura actoral de Juanita. Hace algún tiempo, decidió no amarrarse contractualmente con ningún área dramática y tener así la posibilidad de elegir sus próximos papeles.
“Las teleseries me gustan porque te dan un ritmo de trabajo súper bueno y me han permitido estar con actores de primer nivel, pero son producciones en serie, en que hay que sacar capítulos rápido. Hay poco contacto con los guionistas, el proceso de ensayo, de pre-producción, la opinión que tengas de tu personaje, vestuario, etc. Uno tiene que hacer y hacer. Por lo mismo, cuando volví planteé que quería tener la posibilidad de desarrollar la parte creativa, que mi opinión valga un poco más en los procesos y también poder elegir mis proyectos”, cuenta Juanita.
Y fue así cómo surgió la posibilidad de participar en Bim Bam Bum, una serie ambientada en el Santiago bohemio de los cincuenta, donde Juanita interpreta a Laura Arrieta, una mujer dispuesta a todo, que llega de provincia para abrirse paso en el mítico teatro de la revista.
¿Qué ha significado para ti Bim Bam Bum?
Es la primera vez que tengo la oportunidad de hacer un protagónico con este nivel de difusión. He tenido varios, pero este personaje en particular está envuelto en un contexto histórico real y en un espacio que es súper emblemático para Chile. Te hace ser caballo de batalla de algo que, para muchos, genera nostalgia y, para otros, curiosidad. Entonces, se vea o no la serie, igual ha sido muy mediática. Siento una gran responsabilidad y un desafío por demostrar que uno puede ser una buena vedette y cantar y bailar, además de la parte actoral. Es una súper buena plataforma para demostrar que una tiene ese abanico de posibilidades.
Para estar a tono con el personaje, debió contratar un personal trainer y someterse a duras jornadas de entrenamiento físico. “Quería desarrollar cosas súper específicas: tener poto, un poco más de piernas, afinar la cintura y tener un cuerpo preparado para bailar, para hacer los lifts, para ponerse un bikini y sentirse bien”, cuenta. Además, dos veces por semana ensayaba junto al cuerpo de baile de la Universidad de Chile y pudo desarrollar la parte vocal trabajando con dos grandes de la música chilena, Camilo Salinas y Pablo Ilabaca.
“Fue una experiencia espectacular, como actriz pocas veces se presenta una oportunidad de explorar una gama tan amplia de habilidades para desarrollar. A mí siempre me ha gustado cantar, de hecho formo parte de la banda de Julio Pino, así que cuando me dijeron que tenía que hacerlo en la serie me pareció fantástico”, asegura.
¿Qué se viene ahora?
Está por salir la segunda temporada de Soltera otra vez donde participo y hay tres películas por estrenarse. Además, empiezo a ensayar una obra de teatro, pero no puedo contar mucho porque no ha habido una reunión formal.
¿Teatro o televisión?
He hecho muy poco teatro, pero siento que cada cosa tiene su tiempo. Es tan inmenso el campo del teatro que no sé si es comparable a hacer una teleserie. En la televisión mi trabajo es actuar, en el teatro, en cambio, mi rol va más allá, incluye un proceso creativo más amplio, un proceso mucho más complejo.