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EDICIÓN | Julio 2013

Contra la pared

Natalia Bozzo, pelota vasca
Contra la pared

Seleccionada nacional de frontenis, modalidad de la pelota vasca que reúne características del tenis y el squash, destaca la apertura de Pun deporte que encontró eco en Concepción, donde trabaja con el resto de la selección chilena. 

por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Primero fue el  tenis, luego el squash y ahora la pelota vasca. Desde pequeña, Natalia Bozzo (31) destacó por su facilidad para el deporte, especialmente los de raqueta. Las distintas especialidades la acom- pañaron hasta decidirse por el frontenis, una variante de la pelota vasca que se practica con raqueta, pelota de goma y tres paredes de superficie.
 
Natalia explica que este nuevo deporte, con los principales exponentes de nivel en España y México, le acomodó por las disciplinas que había practicado, pues antes llegó a ser seleccionada chilena de squash. En Concepción se unió al grupo que lo practicaba en el Estadio Español, y desde ahí no paró hasta obtener su lugar entre las mejores del país, para representarlo, incluso, fuera de nuestras fronteras. 
 
Ingeniera  comercial  de  la  Universidad  del Desarrollo, desde el año 2006 forma parte de los entrenamientos de la selección chilena. Su experiencia más importante fue haber participado en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, aunque cree que aún tiene nivel para seguir peleando por medallas en desafíos internacionales. 
 
¿Cómo llegaste a este deporte?
Partí jugando tenis como a los ocho años. Lo mío siempre fueron los deportes de raqueta. Hastalos dieciocho estuve a full con eso, con hartas competencias y campeonatos de menores. Cerca de los diecisiete conocí el squash, deporte en el que competí mucho más y fui seleccionada de Chile. El 2004, obtuvimos medalla de oro por equipos a nivel sudamericano. Y unos años más tarde me puse a jugar pelota vasca, por la cercanía que tenía con los demás deportes. 
 
¿Dónde lo conociste?
Era un deporte que estaba en el Estadio Español de Chiguayante, la única cancha que hay en Concepción. Entonces había algunas personas que jugaban, y me empecé a meter para conocer cómo era. Lo encontré parecido al squash, pero más grande de dimensiones. Fui derivando de a poco hasta terminar dedicada a la pelota vasca.
 
¿En qué se asemeja a los otros deportes?
Lo principal es que se juega con raqueta y pelotas, por lo tanto, es la misma base. El tenis todo el mundo lo conoce: se juega a ras de suelo; el squash suma la pared como superficie; y la pelota vasca es con raqueta de tenis y paredes. Es decir, una mezcla entre las otras dos disciplinas. Para mí era perfecto, porque me iba bien en los otros dos.
 
¿Y entre las demás variantes de la pelota vasca?
Las otras especialidades son muy distintas, prácticamente otros deportes. Incluso con canchas diferentes. El trinquete se juega entre cuatro paredes, el jai alai se juega con un gancho, el xare con una malla y el frontenis, con raqueta de tenis.
 
¿Qué es lo más exigente?
La cancha de la pelota de vasca es amplia, por lo tanto, hay que tener harta fuerza. La raqueta y la pelota son pesadas. Además, hay que calcular muy bien los botes, porque la pelota agarra mucho efecto. Uno entrena para mejorar la movilidad y la ubicación en la cancha, además del físico y saber “leer” la pelota.
 
¿Cómo fue el salto a la selección?
En la pelota vasca, al principio jugamos por el club (Estadio Español), pero de inmediato comenzamos a competir por la selección chilena, porque había muy poca gente compitiendo. Las otras especialidades, paleta y trinquete, se practican en Santiago, y en Concepción tenemos el frontenis. Nos especializamos más, porque para el Mundial del 2010 la federación contrató a un entrenador mexicano, Mauricio Aguilar, que fue seleccionado en su país y con él comenzamos a subir nuestro nivel en el frontenis. Sigue siendo entrenador, pero ahora desde Santiago.
 
¿En qué se notó esa mejoría?
Influyó mucho, porque nos cambió el juego. Por ejemplo, como las pelotas son de aire comprimido, para que no se desinflen las manteníamos en frío. Pero resulta que estas pelotas debían dar hasta dos metros de bote, y con suerte llegaban al metro. El entrenador encontraba completamente absurdo lo que hacíamos, y recién ahí dejamos de meterlas al congelador. La pelota entonces comenzó a inflarse y con los botes cambió el deporte. No teníamos idea.
 
¿Cuáles han sido tus pasos más importantes en esta disciplina?
Soy seleccionada nacional desde el 2006. Ese año participamos en el Mundial de México, luego en el de Francia 2010, y en los Panamericanos de Guadalajara 2011. Esos fueron los campeonatos grandes. Entre medio, jugamos en varios torneos, incluso en México, pero no de la misma categoría. En todo caso, tuvimos buen rendimiento, como el último en Morelia, donde salimos campeonas.
 
 
DESDE CONCEPCIÓN
 
La práctica del frontenis, como especialidad de la pelota vasca, fue asunto exclusivo de Concepción desde el arribo de este deporte a Chile. Las instalaciones del Estadio Español permitieron que el primer grupo de exponentes comenzara a competir el año 2002: Ignacio Trucco, Francisco Versluys y Osvaldo Ortiz.
 
Las mujeres se sumaron a continuación, conformando el contingente que iba a repre- sentar al país en las próximas competencias internacionales. Allí es donde ingresó Natalia Bozzo, una de las pioneras en el frontenis penquista, quien suma importantes logros junto a sus parejas Rosario Valderrama y Andrea Salgado.
 
¿Cómo anda el nivel femenino chileno?
Hay equipos que se escapan a nivel mundial: México, España, Francia y Cuba son muy buenos. Nosotros competimos con Argentina, Venezuela, Brasil o Perú, y ahí estamos súper bien. Partimos acá con el equipo el 2006, formado por José Antonio Ciriza. Desde entonces jugamos a un nivel casi profesional, con entrenamiento diario y dedicación. Yo justo terminaba la universidad, antes de irme a España, y tuve todo ese tiempo libre canalizado hacia el deporte.
 
¿Después qué vino?
En España no lo hice, y fue un error del que probablemente me arrepienta, porque allá habría aprendido mucho. Conocía a españoles que jugaban, así que era cosa de haberlos contactado para jugar. Pero en ese momento me dediqué a otras cosas, me puse a trabajar, y apenas practiqué tenis.
 
¿Ha crecido el interés?
Sí, y como deporte ha subido el nivel. Hay un proyecto para que sea deporte olímpico, porque cuando fuimos a Guadalajara actuó como deporte invitado en los Panamericanos. Allá es muy popular y son campeones mundiales. Pero son muchas disciplinas, por lo tanto sería difícil incorporarlo por infraestructura y el recuento de medallas. Lo que se está trabajando es el frontón 2020, que es una cancha de treinta y seis metros y un panel movible, en el que se pueden hacer dos canchas en una y acomodarlo a solo cinco especialidades.
 
¿Y en Concepción?
También crece el interés, porque hay más niños jugando y ha crecido la práctica. Pero a nivel nacional es difícil que despegue más, porque las únicas canchas están en los clubes y así es difícil que crezca.
 
¿Qué destacas de tu trayectoria?
Destaco los Panamericanos del 2011. Como no éramos profesionales, no estábamos acostumbrados a ese nivel de torneos. Estuvimos en una villa panamericana, con todos compitiendo y siendo parte de un equipo de Chile de trescientos deportistas, en el cual todos nos apoyábamos. Fue lejos mi mejor experiencia en este sentido, porque además los juegos son un tremendo espectáculo.
 
¿Ahora qué viene?
Los Juegos Bolivarianos, que son en noviembre en Perú (Trujillo), y que se disputa entre Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela. Chile participa este año en calidad de invitado. También tenemos competencia local y nacional, porque existen campeonatos cada dos meses. No se divide entre hombres y mujeres, porque hay poca gente, pero a pesar de eso ganamos la última final con mi compañera a una pareja de hombres. El próximo año hay otro mundial, y el 2015 el Panamericano en Canadá, aunque allí no es seguro que participe la pelota vasca.
 
¿Qué objetivos quedan?
Mi sueño era una medalla en el Panamericano, pero no se pudo. Por lo menos, he tenido la fortuna de no haberme lesionado. Espero seguir así, obteniendo triunfos en torneos y entrenando para alcanzar medallas y un mejor nivel.

 

 

“La cancha de la pelota vasca es amplia, por lo tanto, hay que tener harta fuerza. La raqueta y la pelota son pesadas. Además, hay que calcular muy bien los botes, porque la pelota agarra mucho efecto”.

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