Fue la primera de Chile y la segunda en operar en Sudamérica. A partir de su ejemplo, que mostraba el potencial de esta forma de energía, el uso de la electricidad se expandió por todo el país
El crecimiento incesante de la producción carbonífera en Lota, durante la segunda mitad del siglo XIX, produjo una demanda creciente de energía. Muy pronto se incorporó el vapor y, en una
actitud realmente pionera, la producción de energía hidroeléctrica. El lugar elegido fue Chivilingo, donde un curso de agua impulsaría las aspas de la moderna planta. Tan moderna, que fue la primera de Chile y la segunda en operar en Sudamérica. Producía 430 kw y alimentaba el sistema de carros que extraía el material de las profundidades de la mina. A partir del ejemplo de Chivilingo, que mostraba el potencial de esta forma de energía, el uso de la electricidad se expandió por todo el país.
Los estudios para el desarrollo de la planta habían comenzado en 1893. La compañía comisionó al ingeniero William E. Raby, quien viajó Estados Unidos y Europa para evaluar las posibilidades de la generación y la transmisión eléctrica. La disponibilidad de agua hizo optar por la hidro generación por sobre el vapor. Los motores trifásicos de corriente alterna aparecían como más económicos, de fácil manejo y menor accidentabilidad, lo que lo hacía más adecuado para el trabajo al interior de las minas.
Se encargaron los equipos a fábricas en Alemania y Estados Unidos. Las obras civiles y el acueducto quedaron a cargo de la propia compañía minera. Los trabajos comenzaron en 1896 y la inauguración tuvo lugar al año siguiente. Se señala que Thomas A. Edison diseñó la planta. Lo que está claro es que la compañía norteamericana Consolidated Co. la construyó y el equipamiento eléctrico lo proveyó la empresa Schuckert & Co., de Nürnberg, Alemania.
La planta operó por setenta y ocho años, hasta 1975. Durante los últimos, estuvo conectada al Sistema Interconectado Central de Chile. Es Monumento Nacional desde 1990 y resultó parcialmente dañada con el terremoto de 2010. Es un espacio valioso como testimonio del avance tecnológico y la industrialización, que impulsó el pasado minero.