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EDICIÓN | Enero 2012

Alquimia de lo Natural

Isabella Rastello, paisajista
Alquimia de lo Natural

Llegó al centro mismo del Valle de Elqui hace treinta años, buscando un lugar donde cultivar plantas medicinales. No solo transformó una ladera pedregosa y estéril en un oasis con más de seiscientas especies distintas, sino que afirmó sus raíces y empezó a ayudar a otros creando jardines salidos de una fértil imaginación. Su línea conjuga de manera armónica el diseño y el respeto por la naturaleza, evocando su propio jardín la evocación de un cuento de hadas.

Por Laura Valdés P. / fotografía Patricio Salfate T.

Nos habían hablado del trabajo de Isabella como algo extraordinario y que teníamos que ver. Con curiosidad emprendimos nuestro viaje desde La Serena hasta Montegrande, sorteando curvas y admirando el verde paisaje de una mañana de domingo. Las indicaciones eran claras: un poco antes del poblado, justo en una curva, encontraríamos un portón negro desde donde sobresalían unas varas altas de bambú.<br /> Llegamos acalorados poco antes del mediodía. Al frente del portón, había un cerro desnudo y árido. Pero a nuestro lado del camino, las ramas del bambú y otros árboles nos proporcionaban sombra, mientras una suave brisa fresca nos llegaba. Tocamos la puerta y nos salió a recibir nuestra entrevistada con un cálido abrazo. Al entrar, nos quedamos de pie asombrados. Frente a nuestro ojos se abría un jardín hermoso, árboles, flores, pequeños riachuelos demarcados graciosamente, donde el agua transitaba libre entre el césped. Para llegar a la casa tuvimos que pasar por un pequeñísimo puente estilo japonés, mientras nuestras miradas no se cansaban de rastrear los distintos lados de esa vista formidable, para no perder detalle.<br /> <br /> El hogar de Isabella desprende armonía y tranquilidad. Su casa, construida con adobe, tiene un equilibrio perfecto con ese jardín. Sus amplios ventanales no solo dejan entrar la luz, sino también el paisaje, transformándose ambos en un complemento único. Nos sentamos en el living a conversar mientras disfrutamos de un jugo de naranjas sacadas de un árbol de ese lugar. "Todas las frutas que ves aquí pertenecen a este jardín. No solo hay flores, arbustos o plantas introducidas, sino que me he encargado de cultivar árboles frutales, y de tener en medio mi propia huerta", señala haciendo un guiño.<br /> <br /> <strong>¿Cómo llegas hace treinta años al valle?</strong><br /> Venía de vuelta tras vivir varios años en Canadá y en Europa. Estuve estudiando y trabajando allá. Quería volver a un lugar lo más limpio posible, para plantar un jardín, precisamente. Siempre me gustaron los jardines, desde niña. Además soy espagirista  (espagir es un oficio de la alquimia). Preparo remedios; hago perfumes de plantas. Al llegar a Chile, lo recorrí casi completo buscando un lugar donde hubiera buena agua y sol. Así llegué un día a este valle y me enamoré de él. Nadie vendía nada en esos años. Había solo pequeños propietarios de huertos. Finalmente, después de parar en la casa de Francisco Varela, me topé con un señor que vivía en Montegrande, que era donde yo quería estar, y él me vendió un pedazo de su fundo, y aquí me instale hace treinta años... Llegué con un hijo y después tuve dos más.<br /> <br /> <strong>Empezaste de a poco...</strong><br /> Sí, esto era un pedregal, pero había agua que es lo fundamental. Y todavía no he terminado... (sonríe al ver nuestra cara de asombro). Esto es un trabajo hecho a mano, Vamos haciendo la tierra de a poco. No es como lo que yo construyo en otros lados. Este está armado con mi paciencia y lo he hecho de a poco. Ahora existen como cinco mil metros de jardín, pero falta todavía.<br /> <br /> <strong>¿Qué plantas has traído?</strong><br /> He dejado todo lo que ha salido espontáneamente. En el jardín están mezcladas las cosas silvestres con las introducidas. En un comienzo me interesó poner plantas medicinales y aromáticas para preparar remedios. Tengo frutales de todo tipo. No está dividido el huerto del jardín, tampoco la huerta de verduras. Como no está divido por secciones, entonces te encuentras con las verduras en medio del jardín y de las flores. Tengo mucha agua, que es lo que me ha permitido hacer este jardín con este clima, que en realidad, es como desierto. Hemos hecho como un microclima, gracias al agua. Yo compré este lugar por el agua, que corre en forma permanente.<br /> <br /> <strong>AMOR A LA FLORA</strong><br /> <br /> Desde niña, Isabella se acostumbró a deambular entre flores, arbustos y árboles. Su padre, quien tenía un amor infinito hacia las plantas, le heredó ese gusto por la naturaleza y por cuidarlas. Nació en Santiago en la época cuando Tobalaba era campo. Al tiempo, con su familia se trasladaron a vivir a una parcela en Las Condes, que significaba "estar fuera de la ciudad". Vivió allí toda su infancia, al pie de la Abadía de los Benedictinos, entre san Damián y San Francisco. <br /> <br /> En su adolescencia y juventud se acostumbró a jardinear, era su afición. De forma paralela a sus estudios de medicina, filosofía y literatura en Chile, y después en su postgrado en lingüística en Canadá, continuaba conectada con la naturaleza. Por eso, en un momento de absoluta claridad en su vida, decidió, finalmente, dedicarse al jardín y estudió botánica y espagírica. Después, permacultura en Canadá. Tuvo un maestro, don Federico Schlegel, que ha sido su mentor en cosas específicas de la botánica. Así han transcurrido los años; entre el jardín, los estudios y la práctica. <br /> <br /> <strong>¿Cómo ha sido tu carrera de paisajista en el valle?</strong><br /> Empezó por un interés ecológico, de ayudar a la gente a cuidar, a plantar, a conservar. Básicamente, porque soy una conservacionista. Me he dedicado a restaurar huertos antiguos, para que no los boten. Le he ayudado a la gente a conservar sus huertos. Luego, cuando planté mi jardín (ya había plantado jardines en Canadá y en Santiago), empezaron a pedirme que los ayudara como paisajista. De hecho, hace años estoy a cargo de un parque precioso aquí: el de Andrónico Luksic. Son como seis hectáreas. Es un parque muy bonito. Lo plantaron Keka Ruiz-Tagle y Bárbara Said. Me lo entregaron hace casi diez años y después lo he ido plantando yo. Es un trabajo permanente de mantención y paisajismo. También hago jardines en Serena. He hecho algunos en Guanaqueros.<br /> <br /> <strong>¿Tus clientes te dan ideas o trabajas libremente?</strong><br /> Hay gente que tiene ideas preconcebidas, otros me dejan nomas... Lo que yo hago es mimetizarme con el entorno. Siempre con los jardines trato de no romper el paisaje, sino incorporarlo al lugar. Nunca intervengo los terrenos. Me interesa que sea armónico con la forma que tiene el lugar. Ese es el estilo que más me gusta y que espero perpetuar. Funciona muy bien. Hay gente que pide cosas específicas, que se pueden hacer dependiendo del clima...<br /> <br /> <strong>También tienes trabajos reconocidos...</strong><br /> Sí, en Pisco de Elqui. Diseñé y planté el jardín del museo de la pisquera. Es bonito, todo va de acorde al lugar. He realizado otros jardines en el mismo pueblo y recién terminé uno en Alcohuaz. Lo que hago siempre es plantar frutales, porque la idea es que un jardín no sea solo para mirarlo, sino que sea útil, que en una casa un jardín tenga lo que tú necesitas: frutas, verduras, plantas medicinales. <br /> <br /> <strong>¿Cómo te contacta la gente?</strong><br /> Yo no hago publicidad de mi trabajo. La gente me contacta por datos, conocidos o por mail.<br /> <br /> <strong>¿Tienes algún proyecto en mente?</strong><br /> Ahora estoy implementando huertos orgánicos en el jardín de Andrónico (Luksic) y les estoy enseñando a los jardineros como cultivar comida para la casa durante todo el año. También estoy tratando de enseñar permacultura, reciclaje, compostaje (de residuos orgánicos), es la parte ecológica de los jardines. También estoy en un proyecto entretenido con un cliente en La Serena. Él tiene en su terreno unos cactus fabulosos que pienso dejar, porque los jardines tiene caracteres masculinos y femeninos. El de este cliente es como masculino. El jardín tiene que mantener ese espíritu. <br /> <br /> <strong>O sea que tú captas la personalidad de quien habita un lugar...</strong><br /> Claro, porque el jardín es el complemento de la arquitectura. O al revés, la arquitectura es el complemento de paisaje. Por ejemplo, mi jardín es totalmente femenino. A veces, hay una mezcla... Todo se busca con diferentes especies y formas del jardín. Mi jardín es ondulante y está totalmente adaptado a la topografía. Yo no hago movimientos de tierra. Trato de intervenir lo menos posible el terreno para que se inserte de forma armónica a la naturaleza.<br /> <br /> <strong>¿Estás contenta con este camino que elegiste?</strong><br /> La  verdad es que no lo elegí (risas)... Más bien es una imposición... Yo creo que lo que a uno le gusta es la misión que uno tiene. Y a mí me mandaron de jardinera... He hecho otras cosas, pero siempre tengo que estar en el jardín; es mi misión en la Tierra: conservar, plantar, cuidar, embellecer. Para mí es más bien un oficio espiritual y una meditación que un oficio profesional-económico. Es casi una obligación. Es algo que traje puesto. Si a uno le gusta algo y lo hace, es porque tiene dones para ello. Y a mí me fascina. A uno siempre le gusta su don...<br /> <br /> - <em><strong>"Lo que hago siempre es plantar frutales, porque la idea es que un jardín no sea solo para mirarlo, sino que sea útil, que en una casa un jardín tenga lo que tú necesitas: frutas, verduras, plantas medicinales".</strong></em>

 

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