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EDICIÓN | Julio 2013

Compromiso a gran altura

Patrullas de Ski de Chile
Compromiso a gran altura

Son voluntarios, sacrifican sus fines de semana, se levantan al alba y su única satisfacción es poder ayudar a alguien en apuros. Se financian con el aporte de cada uno de sus miembros y el auspicio de algunas marcas; son las patrullas de ski, una verdadera institución en nuestra nevada cordillera. 

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A. y gentileza de Patrullas de SKi.

Comienza la temporada blanca y los de chaqueta roja son los primeros en decir: ¡Presente! Son jóvenes o ya no tan jóvenes, pero están en buenas condiciones físicas para soportar una extensa jornada de voluntariado, a bajas temperaturas y durmiendo en un refugio que dista bastante de su propia cama. Los Patrullas de Ski de Chile están presente en diez centros invernales, desde la región metropolitana hasta Punta Arenas. En la actualidad suman ciento cincuenta voluntarios y muchos se iniciaron en esto en la época universitaria, cuando fueron invitados a participar de charlas informativas.
 
“Mientras estudiaba arquitectura, vi un anuncio de postulaciones a Patrullas de Ski y me inscribí, principalmente, pensando en seguir con mi pasión por este deporte. Con el tiempo descubrí que Patrullas es mucho más que eso, hay una tremenda labor detrás y mi propio compromiso ha ido aumentando en estos casi dieciséis años que llevo en la institución”, cuenta Rodrigo Kemp, patrulla nacional y además presidente del Directorio Nacional de Patrullas de Ski de Chile.
 
La organización nació en el año 1941, cuando cuatro avezados esquiadores nacionales viajaron a Estados Unidos a conocer la labor de la National Ski Patrol. Desde ese minuto la institución no ha dejado de estar alineada con los más altos estándares de prevención y socorro que se siguen a nivel mundial.
“Llevamos varios años fortaleciendo el área de instrucción, de hecho, contamos con la ayuda de Philippe Bouteille, experto en seguridad de montaña, primeros auxilios y rescate en avalanchas, quien realiza diversas capacitaciones e instrucciones a nuestros miembros a lo largo de Chile y, además, es quien lidera el curso de postulaciones junto con el director de instrucción a cargo”, cuenta Fernanda Palacios, patrulla nacional y directora de Comunicaciones y Marketing de la institución.
 
Si bien se trata de una labor disciplinada que requiere de gran esfuerzo y perseverancia, muchos postularon pensando en pasarlo bien y poder esquiar gratis. Con el paso del tiempo esta motivación inicial cambió.
 
“Creo que todos se inscriben en el curso de patrullas para esquiar, alojar gratis, poder ponerse la parca roja y ser el primero en subir en los andariveles, pero rápidamente te das cuenta de que ser patrulla es mucho más que eso. Es servir, es trabajar en equipo, es crear lazos profundos de amistad y amor. Mi señora también es patrulla”, dice Benjamín Dill, voluntario de la sección Valle Nevado.
Para Rodrigo Kemp la situación es parecida “En mi caso, yo entré para poder esquiar, como muchos patrullas que conozco. Estando adentro uno se da cuenta de que esto, aparte de tener mucho esquí, tiene varias otras cosas: compromiso con el voluntariado, vocación de servicio y ¡muchos sacrificios! Por lo mismo, el que entró por solo tener pase de esquí o refugio, descubre rápido de que no es lo suyo y no dura mucho”.
 
La jornada de trabajo es extensa. Deben levantarse temprano, estar en las canchas antes que el público general para abrir las pistas e ir revisando que no haya obstáculos, además de disponer de todos los elementos de seguridad. Y son los últimos en retirarse, tras haber chequeado que no haya ningún rezagado o herido en el camino. Pero lo hacen porque aman el deporte y están ciento por ciento comprometidos con la causa.
 
“Los mejores días de patrulla son los días de nieve, cuando solo salen los más avezados a disfrutar la montaña. Para nosotros es otro día más, donde hay que abrir las pistas, patrullar y luego asegurar que todos terminen sanos y
salvos. Son esos días en que sientes cerca la montaña. Bajas cerrando las pistas mientras cae la nieve, con muy poca visibilidad y mucho frío. Te encuentras con alguien que te pregunta “¿Dónde estoy?”, y tu respondes “¡Sígueme!, te queda poco para llegar”, cuenta Benjamín.
 
 
VOCACIÓN DE SERVICIO
 
Para llegar a convertirse en patrulla es indispensable tener un buen nivel de esquí o snowboard, además de capacidad física y resistencia para desarrollar deportes en altura. Sin embargo, todo lo anterior puede estar presente, pero si falta la motivación y la capacidad de entrega, la ecuación falla.
“Es indispensable ser mayor de edad, tener vocación de servicio y profesionalismo a toda prueba, porque nosotros buscamos prestar un servicio de excelencia”, asegura Rodrigo.
 
El camino para convertirse en patrulla es largo y no está exento de dificultades. Se ingresa a la institución como aspirante, tras un tiempo pasan a ser aspirantes avanzados y finalmente se obtiene el grado de patrulla, no antes de cuatro o cinco años en la institución. Para ascender de grado deben sortearse varias pruebas, relacionadas con procedimientos de socorro, nivel de esquí y manejo de tobogán en pista y fuera de pistas. Finalmente, para convertirse en patrulla nacional, deben llevar más de seis años prestando servicio y haberse destacado por su comportamiento o tener algún cargo paralelo dentro de la institución.
 
¿Qué es lo mejor y lo peor de ser patrulla?
F.P (Fernanda Palacios): Hay dos cosas que resultan maravillosas: la familia que formamos dentro de la institución, con el grupo de amigos diversos que desarrolla una mística de grupo y una tremenda unión. Y lo segundo, poder ejercer la vocación de servicio en un entorno que me apasiona: la montaña. Lo peor viene dado, sin duda, por aquellas situaciones en que no puedes hacer nada y te das cuenta de que ayudar está fuera de tu alcance.
B.D (Benjamín Dill): Para mí, lo mejor de esto es tener la excusa para subir todos los fines de semana a compartir con la montaña, sus diversas caras y gente. Lo peor, tener que despertarse a las siete de la mañana todos los sábados y domingos.
 
Como en muchas otras actividades, convertirse en patrulla conlleva un ritual de iniciación, un “bautizo”. El nuevo integrante debe bajar desde la última pista en ropa interior y con solo un esquí, claro que una vez que las pistas se han cerrado y no quedan más que los colegas y curiosos dando vuelta. “Recuerdo que un año y en complicidad con Carabineros, quisimos hacerles una broma a los nuevos patrullas en su bautizo. Ellos debían bajar desde la pista más alta al cierre, en ropa interior y con solo un esquí, obviamente decorados con huevos, harina y adornos. Y, al llegar a la base, tal cual venían, se subieron al auto y los trasladamos a nuestro refugio en Farellones. Sin embargo, habíamos preparado con Carabineros que al auto le hicieran un control policial... al encontrarse con los patrullas en ropa interior, los detuvieron, los trasladaron a la comisaría y les hicieron prestar declaraciones. Solo después de un buen rato les informaron que se trataba de una broma. Ese año, Carabineros bautizó con nosotros a nuestros patrullas”, cuenta Rodrigo.
 
Resulta increíble que, pese al tremendo aporte que hacen, la institución se financie gracias a las cuotas de membresía que pagan los voluntarios. Con estos recursos se costean los refugios y los gastos de administración. A la vez, cuentan con tres auspiciadores que colaboran con los uniformes y equipos de rescate, además de los cursos de capacitación: Ripley, la ropa deportiva Rescue y el protector labial Blistex. Los centros de esquí aportan la alimentación en días de servicio y, en algunos casos, existen beneficios adicionales como pases gratis. Sin embargo, no existe financiamiento alguno por parte del Estado o de los municipios donde se presta el servicio.
 
“Chile se destaca por ser un país solidario. Se experimentó cuando el país fue arrasado por el terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010. Asimismo, existe un tremendo espíritu de voluntariado. Nuestros bomberos son voluntarios y diversas organizaciones sin fines de lucro lideran muchas importantes iniciativas a lo largo del país. Patrullas de Ski de Chile es una organización profesional con altos estándares de capacitación y calidad de servicio, formado exclusivamente por voluntarios con un objetivo: hacer de la montaña un lugar más seguro para todos”, concluye Benjamín.
 

“Creo que todos se inscriben en el curso de patrullas para esquiar, alojar gratis, poder ponerse la parca roja y ser el primero en subir en los andariveles, pero rápidamente te das cuenta de que ser patrulla es mucho más que eso. Es servir, es trabajar en equipo, es crear lazos profundos de amistad y amor”, Benjamín Dill.

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