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EDICIÓN | Julio 2013

Su batalla contra la legalización

Ana Luisa Jouanne, presidenta de la Corporación Esperanza:
Su batalla contra la legalización
Mientras algunos discuten acerca de la legalización de la marihuana y la libertad para comprar, cultivar y consumir, Ana Luisa se mantiene firme en su negativa a discutir esta opción. Los años a cargo de la Corporación Esperanza como testigo del daño que provocan las drogas reafirman su posición. “Es cierto que la mayoría de los consumidores no pasa de la marihuana, pero un veinte
Dpor ciento de ellos se hace adicto y eso es horroroso”. 

por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

Descubrió  su  pasión casi por casualidad. Más bien por acompañar a su marido y pasar más tiempo juntos. Ana Luisa Jouanne es periodista y desde los veinte  años está  casada  con  el senador Jaime Orpis. En esos años, él había sido designado alcalde de la nueva comuna de San Joaquín, lugar donde se enfrentó con crudas realidades de pobreza y abandono en un sector complejo, que incluía emblemáticas poblaciones, como La Legua.
 
Pocos años después, Jaime se transformó en diputado y veía a los pobladores muy afectados por el tema de la droga. Luego de enterarse del suicidio de un joven  adicto,  conoció  a un niño que pedía plata para comprar pasta base. Se desesperó por tratar de ayudarlo y se dio cuenta de que no había ningún lugar, así que decidió abrirlo”, recuerda.
 
¿Y te  motivaste inmediatamente por ayudarlo?
La verdad es que no. El proyecto me encantó pero no estaba muy convencida, no sabíamos nada del tema y me parecía sórdido dedicar nuestras vidas a eso… nada  más  alejado de lo que yo habría soñado. Pero él estaba fascinado, arrendó una casa en San Joaquín, incluso quería dejar la política y dedicarse por completo a eso. A esas alturas, solo lo veía los domingos, así que un día agarré una brocha y partí a pintar la casa… mi primera motivación fue mi matrimonio.
 
¿Cómo se prepararon para hacerse cargo de un tema tan complejo?
Partimos sin saber nada, pero Jaime se puso de cabeza a estudiar el tema. Se fue tres semanas a Estados Unidos y visitó veinte centros de rehabilitación. Nuestra idea inicial era hacer una granja, pero en el camino nos dimos cuenta de que lo que se requería era un centro urbano, con eje en la capacitación laboral, que buscara reinserción y formación de hábitos de trabajo.
Sin  un  peso,  empezaron  a  buscar  ayuda.
 
Agarramos la guía de teléfonos y visitamos mil doscientas empresas. Conseguimos que noventa nos donaran 3UF al mes. No puedo negar que el que Jaime haya sido diputado fue una ventaja, aunque no faltaron quienes vieron en esto un tema político y que no creían en la buena fe del proyecto. Pero eso no nos quitó energía”, dice.
 
 
LA RECOLECTORA
 
Para el primer centro partieron a la feria a buscar gente que necesitara ayuda. La idea era auxiliar a los que estaban desahuciados, vencidos por las drogas. Partieron con cinco pacientes, decididos a ir aprendiendo sobre la marcha.
 
Acá no trabajamos con voluntarios, este es un tratamiento que requiere profesionales. Es ambulatorio pero a full, porque sabemos que si no los sacamos ahora, se mueren. Por lo mismo, mi pega desde el principio consistió en  buscar  fondos.  De  hecho,  para nuestro primer centro me conseguí hasta el último clavo... todo fue donado. Hoy tenemos siete centros, financiados de la misma manera. Con mucha pobreza, pero con vocación, cariño y muchísimo trabajo”.
 
¿Así se han repartido las labores dentro del matrimonio?
Jaime es muy quijote y yo más aterrizada. La plata nunca estuvo y si nos sentábamos a esperarla, no hacíamos nada.
 
La Corporación Esperanza se definió como una institución laica, porque la idea era demostrar que no solo la iglesia católica tenía responsabilidad en temas sociales, donde el único requisito para entrar es tener reales ganas de rehabilitarse. “Nos gusta mucho usar la parábola del hijo pródigo: que cada uno de ellos se sienta abrazado, querido y perdonado y, desde ahí, comenzar a trabajar”, explica.
 
Desde hace seis años, Ana Luisa se dedica por completo a la corporación. Y hace de todo, desde ordenar la casa hasta pedir plata. “Postulamos a algunos fondos, tenemos algunas pequeñas empresas donde los mismos chicos aprenden oficios y que se autofinancian y también somos una OTEC con dos líneas de negocios: charlas de prevención en colegios y empresas, y excedentes de capacitación a través de cursos de becas sociales, que hoy representan el cincuenta por ciento de nuestros ingresos.
 
Reconoce que nunca han tenido fondos para hacer estudios ni seguimientos muy acabados de sus pacientes, pero saben que el ochenta por ciento de ellos dejó de delinquir y el sesenta por ciento estaba bien y con un trabajo estable. “En este momento, tenemos cerca de trescientas personas en nuestros centros. El proceso cuesta unos cinco millones de pesos por cada uno y consiste en un año intensivo “La droga hace daño y si se debilita ese mensaje hay menor percepción de riesgo y aumento de consumo”.
y dieciocho meses de seguimiento. Hemos ido avanzando en la calidad del tratamiento, que hoy incluye psicoterapia, apoyo laboral, familiar y espiritual”.
 
 
CHILE Y LA LEGALIZACIÓN
 
“En este momento, lo más grave en Chile es el consumo de pasta base, así como en otros países las drogas químicas. El tema es que siempre se parte por la marihuana y de ahí derivan a otras cosas más “funcionales”, es decir, dependiendo de si quieren estar despiertos o volados, pueden pasar a la coca, el éxtasis, etc.”, explica Ana Luisa.
 
Mucho se habla de la marihuana y poco del alcohol, que parece ser un tremendo problema.
El tema del alcohol es tan severo que no somos capaces de abordarlo. Es una droga legal y su consumo ha aumentado de forma incontrolable... entonces no entiendo por qué, si no somos capaces de abordar este tema, queremos agregar uno más, legalizando otra droga.
 
Pero la gran mayoría de los consumidores de marihuana no son adictos.
Es cierto, y también es verdad que la mayoría de ellos no pasa de la marihuana. Pero ningún adicto quiso serlo, todo partieron probando y hoy el SENDA (Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol) informa que alrededor del veinte por ciento de ellos termina con una adicción... parece un número más, pero si lo llevamos a la realidad es una cantidad horrorosa si, además, consideramos que solo la quinta parte de ellos tomará, en algún momento, la decisión de rehabilitarse. Acá el tema no es legalizar la marihuana para construir centros con los impuestos que se recauden; el tema es que la mayoría no quiere rehabilitarse.
 
¿Qué pasa con la experiencia de legalización en otros países?
El único país en que el aumento no ha sido progresivo es Portugal, en el resto ha habido incrementos, sobre todo en adolescentes. Además, Chile tiene la más alta tasa de consumo de la región en estudiantes; en los últimos dos años el consumo en Octavo Básico creció de un 6,4% a un 10,2%. Es impresionante darse cuenta de que seis de cada diez adolescentes cree que fumar marihuana dos veces a la semana no hace daño. La droga hace daño y si se debilita ese mensaje hay menor percepción de riesgo y aumento de consumo.
 
¿Y la penalización al consumo?
No puede haber consumidores en la cárcel. Eso es un hecho, pero la mayoría de ellos está por razones secundarias. Lo que pasa es que fumar marihuana en la vía pública es una falta y, como tal, acarrea una multa. La mayoría de los que caen presos son aquellos que no pagan esa multa. Eso es lo que hay que cambiar y buscar establecer salidas alternativas.
 
¿Por qué entonces cayó preso Manuel Lagos?
Lo que pasa es que la cantidad de marihuana necesaria para establecer a alguien como consumidor o directamente como microtraficante queda a criterio del juez. Hay quienes opinan que sería bueno establecer cierta cantidad de gramos, pero otros, como la OEA, creen que no es recomendable. A mi juicio, habría que investigar el tema y acotarlo a la realidad chilena. Lo de Manuel Lagos es complicado, porque le encontraron más de setecientos gramos de droga y él tiene que demostrar que eran para consumo personal, lo que es muy difícil, considerando que para hacer un pito se usan entre dos y cuatro gramos... ¡o sea, estamos hablando de trescientos cincuenta pitos! La línea es confusa, se supone que el consumo no es delito, básicamente porque nadie puede meterse en lo que tú haces en las cuatro paredes de tu casa, pero si no te permiten proveerte ni cultivar tus propias matas... la conclusión es que consumir tampoco es legal.
 
Pero de ahí a considerarlo un peligro para la sociedad...
Eso es criterio del juez. Yo lo único que espero para él es un juicio justo. Siento que lo que ha pasado con Lagos puede ser injusto para el resto, sobre todo porque la presión de los medios y del mundo del espectáculo pueden hacer sospechar un juicio distinto al que tendría cualquier chileno.
 

“Ningún adicto quiso serlo, todo partieron probando y alrededor del veinte por ciento de ellos termina con una adicción... parece un número más, pero si lo llevamos a la realidad es una cantidad horrorosa”.

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