El tema del que les escribo surgió de mi lectura de un diario, en que se hablaba del arte en el metro de Santiago. Entretenida, leí las líneas identificando las imágenes de los lugares de los que se hablaba y por los cuales he pasado constantemente en mi vida. Pero hubo una obra que llamó absolutamente mi atención: El puente.
Creación del artista Osvaldo Peña, es una escultura gigante que cuelga en el extremo sur de la estación del metro Baquedano de la línea 5 y que une ambos extremos de los andenes desde lo alto, dejando los carros pasar por abajo, como se muestra en la fotografía. Maravilloso.
Increíble no solo por su belleza, sino también porque tuve que leerlo para percatarme de su existencia. Paso por ahí todo el tiempo, igual que miles de santiaguinos, y pienso que es insólito que jamás haya alzado la vista como para darme cuenta de esa tremenda escultura, una pieza de arte sin igual insertada en medio del ajetreo de la multitud. De alguna forma todos somos parte de la obra, moviéndonos de lado a lado, siempre apurados.
Para mí fue un llamado de atención, pues muchas veces, por estar acelerados en la máquina del día a día, dejamos de ver maravillas que hacen que la vida sea más linda.
Los insto a no perder la capacidad de observación y de asombro, y a “subir al balcón” para ver la realidad en la que se está con otra mirada, con perspectiva y con altura de miras, porque la vida es mucho más linda cuando la vemos en su integridad y las cosas son mejores cuando las observamos atendiendo a los detalles.