Unn viaje turístico por la Antártica chilena, la Patagonia y el puerto de Valparaíso la enamoraron de este país. Pensó en esos momentos en la posibilidad de regresar para conocer aún más acerca de los parajes de Chile. Su anhelo se concretó al poco tiempo; sin embargo, el propósito esta vez sería laboral, ya que el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) de La Serena requería para su equipo de trabajo, una glacióloga. Postuló y quedó. Su contrato erapor catorce meses y, desde entonces, han transcurrido cuatro años en el que nuevos desafíos unidos a su proyecto personal, dejaron a Shelley Mac Donell (31) definitivamente en nuestro país.
Este es el inicio de un nuevo ciclo para la joven científica, que nació en Palmerston North en Nueva Zelanda y que creció en la campestre zona de Dunedin. Su conexión con la naturaleza y los bosques del lago Taupo —lugar predilecto para vacacionar en familia— influyeron, desde que era pequeña, en su decisión de dedicarse a las ciencias. “Siempre tuve claro que sería una científica, mi madre tenía un vivero y yo hacía mis propias investigaciones botánicas. A los diecisiete años, en un campamento de ciencias del colegio, me di cuenta de que mis intereses iban por el camino de la geología y geografía”, comenta Shelley.
Un año después estudia Ley y Biología en la Universidad de Otago, al sur de Nueva Zelanda. “El sistema de las carreras en mi país es muy distinto al chileno, no es una profesión específica. El campo laboral es muy abierto y, en rigor, obtienes un grado de ciencias en el que puedes dedicarte a diversos ámbitos”, recalca.
Tras cinco años, Shelley decide dedicarse a la hidrología y realizar su tesis de pregrado en este ámbito. Su profesor guía, David Murrey, padecía entonces de un cáncer cerebral, por lo que Shelley, muy a su pesar, debió cambiar radicalmente de profesor y de proyecto.
¿Este cambio modificó también tu vida?
Es una historia triste para mí, porque al poco tiempo David falleció. El me motivó a realizar cursos de matemáticas en paralelo a mis clases de geografía y gracias a esto tengo más habilidades en materia de modelación numérica. En rigor, el que David ya no estuviera significó cambiar mi proyecto de tesis y lo que hice fue estudiar el comportamiento de los glaciares en la Antártica de Nueva Zelanda.
¿Qué buscabas con este estudio?
En el contexto general, esto era parte de un proyecto para analizar el impacto del glaciar y el terreno. Analizando estas estructuras, pudimos estudiar su formación y su proceso de cambio o mutación.
Conocer la Antártica, sin duda, es un privilegio...
La vista en la Antártica es maravillosa, esa combinación de glaciares y amplios terrenos sin vegetación, es fantástica... ¡es otro mundo!, allá el tiempo parece detenerse. ¡Es tan distinto a la vida normal!
Adaptarse a ese ritmo, no debe ser fácil
Solo tienes tu carpa y la comida. Vivir en campamento y bajo el rigor de la naturaleza tiene sus complicaciones, en ocasiones desarmábamos las carpas para regresar a casa y el helicóptero no podía aterrizar o salir cuando lo necesitábamos. Un día de espera se nos hacía eterno.
¿Se requiere tener, también, un carácter especial?
Para sobrevivir en este tipo de ambiente, debes ser una persona solitaria. Necesitas trabajar en equipo, pero también requieres de mucho tiempo en soledad, preparando informes en tu carpa o en terreno.
AVENTURA GLACIAL
Shelley viajó durante seis meses a la Antártica para su tesis de pregrado. El eficiente y óptimo resultado final de su proyecto le permitió avanzar en un estudio de doctorado sobre “Hidrología de un glaciar en Antártica”. Fueron cinco años más de un trabajo netamente científico y extensas investigaciones que la llevaron a realizar una serie de publicaciones. Durante dos años se dedicó también a la docencia en hidrología en la Universidad de Otago.
En términos científicos, ¿en qué consistió este estudio?
El desarrollo de un sistema hidrológico en un glaciar de base fría, bajo condiciones especiales. La investigación tuvo como objetivo comprender los procesos de fusión y configuraciones de drenaje, dando lugar a la construcción de un modelo hidrológico. No tuvo mayor conexión con el mundo real, en comparación a lo que estudiamos hoy, sin embargo, esto me permitió complementar mi fascinación por el agua con la Antártica.
¿Esta experiencia te trajo a Chile?
Después de mi viaje a Chile, me enteré que el CEAZA necesitaba una glacióloga. El contrato era de catorce meses y aquí estoy hace cuatro años.
¿Surgieron también otros desafíos?
Sí, me quedé porque postulamos a un proyecto para estudiar el glaciar Tapado en el contexto de cambio climático. Además, aparecieron otros contratos de empresas privadas para estudiar otros glaciares...
¿Te refieres a los glaciares del proyecto Pascua Lama?
Sí, pero no puedo hablar de eso.
Tema delicado...
Es que es una materia confidencial. Lo único que puedo decir es que fue bastante trabajo porque debíamos investigar, monitorear en terreno y entregar muchos informes.
¿Y qué te pareció esa experiencia?
Trabajar sobre los cinco mil metros de altura es muy duro y debíamos caminar bastante para llegar a esa zona. No puedo decir nada más.
Shelley hace una pausa y respira profundo. Cambia de tema raudamente y comenta que al poco tiempo después, se adjudicaron un fondo de CONICYT para continuar su investigación sobre el cálculo de la contribución de los glaciares en los ríos de la región. Señala que los objetivos específicos son comprender los procesos y obtener un modelo más eficiente para calcular la contribución de los ríos en los glaciares.
¿En términos prácticos qué significa este trabajo?
Realizamos un trabajo en terreno en la cordillera y, el resto del tiempo, estamos en la oficina preparando informes y analizando los datos obtenidos. El equipo de trabajo lo integran, además, el glaciólogo canadiense, Christophe Kinnard y el geomorfólogo francés, Sebasteen Monnier.
Eres la única mujer del equipo, ¿no son machistas?
En una ocasión fuimos al Tapado once personas y yo era la única mujer del grupo. Todos me dijeron ¡tú vas a cocinar! Fue divertido porque siempre en mis equipos de trabajo compartimos todas las tareas. Con Christophe y Sebasteen nos dividimos las funciones.
¿Y a qué conclusiones han llegado respecto al comportamiento de los glaciares?
La nieve es la fuente principal de agua en la región, de manera que los glaciares blancos, como el Tapado, han cobrado mayor importancia en estos años de sequía. Estamos comenzando a estudiar la introducción de los glaciares rocosos, un cuerpo de hielo misterioso que a la distancia se ven como rocas, pero que dentro de ellas existe hielo. En esta región hay bastantes.
¿Qué contribución pudiese tener un glaciar rocoso?
Estamos estudiando su comportamiento. Los próximos cinco años tendremos más habilidades para señalar rigurosamente sobre su contribución.
¿Por qué tanto tiempo?
Es un tiempo aproximado, porque las temperaturas acá son muy bajas, de manera que el derretimiento es más lento. Saber cuándo o a qué velocidad tendremos derretimiento de los glaciares se hace mucho más difícil, si lo comparamos con los del sur.
AMOR Y CIENCIA
Cuando Shelley llegó a La Serena, en el 2009, fue a buscarla al aeropuerto el periodista del CEAZA, Patricio Jofré. Comenta entre risas que no fue amor a primera vista, sino que amor al segundo día. Tras una larga relación, hace un par de meses viajaron a Nueva Zelanda y junto a familiares y amigos celebraron su matrimonio. Hoy, disfruta de su proyecto personal, de su labor en el CEAZA y de contribuir a la comunidad, a través de los resultados de sus investigaciones.
“Los seres humanos no tenemos un impacto directo sobre los glaciares, están ubicados muy lejos de nosotros. Nuestra conexión con ellos es a través del uso consciente del agua, es aquí donde radica nuestra responsabilidad, por eso estamos trabajando con la Comisión Nacional de Riego, juntas de vigilancia, empresas mineras y sectores productivos. Entregamos información útil a la comunidad, especialmente hoy, en tiempos de sequía”, concluye Shelley.