El Museo de Rancagua, ubicado en calle Estado, es una oda a la arquitectura de la época de la colonia. Se compone de dos casas: la Casa del Ochavo y la Casa del Pilar Esquina. Ambas son casi los únicos vestigios de la época de la fundación de la ciudad, por lo mismo fueron declaradas Monumento Nacional, en 1980, y través del tiempo han sufrido los problemas de los diversos terremotos que han sacudido a nuestro país. La tarea de recomponer estas casas históricas de la región de O’Higgins no ha sido fácil. Hoy las colecciones del museo se guardan celosamente en sus bodegas, mientras se continúan los trabajos para rescatar estos inmuebles centenarios.
Si bien la Casa del Ochavo aún no abre sus puertas al público para ver sus salas y exposiciones, sí se pueden visitar los jardines y ver las magníficas réplicas de las casonas antiguas de la ciudad, hechas por el maestro maquetista y de la zona de Chépica, Marcial del Real. Y es por aquí por donde empezamos nuestro recorrido. Aunque se ignora la fecha de su construcción, se sabe que esta casa fue propiedad de don Carlos Rodríguez, quien la heredó a su hijo Manuel (nada tienen que ver con el héroe de la patria), y quien, a su vez, la vendió, en 1797, a la familia Baeza.
Se le llama Casa del Ochavo porque las esquinas se construyeron de forma “ochavada”, es decir, tienen los ángulos iguales con el fin de que los coches tirados por caballos de la época no pasasen a llevar el adobe de las casas. Cabe destacar que las casas de la calle Estado (la calle del Rey), fueron las primeras en construirse bajo el régimen de trazado español llamado damero. Régimen en el cual, al fundar una ciudad, esta se dividía en manzanas y estas a la vez en solares. Cada casa constituye lo que fue un solar. Rancagua se fundó por el gobernador José Antonio Manso de Velasco el 5 de octubre de 1743, bajo el nombre de Villa Santa Cruz de Triana.
La Casa del Ochavo está construida como la típica casa colonial, con jardines interiores, corredores largos con pilares, techo con tejas, y gruesas paredes de adobe, lo que terminó siendo la típica construcción chilena.
MAQUETAS Y MURAL
Al entrar a la Casa del Ochavo lo primero que se ve son sus grandes puertas, ya restauradas y de color verde. Muy altas, seguramente por allí pasaban los caballos raudos y los elegantes coches con los dueños de casa. La fachada es blanca, y las puertas del interior negras, con detalles de la época como las manillas, rejas y algunos tallados. Por el pasillo de entrada se ven dos puertas, una a la derecha y otra a la izquierda, ambas hoy albergan al personal que trabaja en el museo. Oficinas enormes, altas, con pisos de maderas y vigas a la vista. Frente al pasillo está el primer jardín, de forma cuadrada y piso de adoquines; alrededor, pasillos eternos y angostos. Esta casa cuenta con un segundo piso, así que desde este jardín se pueden ver los detalles de los cierres de las terrazas de arriba, hechos en madera.
Por los pasillos del primer piso, se ven las maquetas hechas por Marcial. Aquí hay muebles de la época en miniatura con la pintura resquebrajada, se ven zapallos, y hasta la ropa de cama está perfectamente tejida. Solo por ver estas maquetas vale la pena estar aquí.
También hay una carreta de campo antigua en medio del patio y más allá siguen los jardines que recorren toda la propiedad. Se ven mesitas y sillas que se posan bajo la sombra de canelos. Al subir al segundo piso, lo primero que llama la atención es el mural de la pared hecho por el pintor y profesor de pintura del museo, además de colaborador de revista Tell, Francisco Zañartu. Esta pintura se llama Pucará de la Compañía, una visión ancestral.
Con medidas de cuatro metros por cuatro metros veinte centímetros, hecho en acrílico sobre paneles de madera y empotrado a la pared, impresiona su tamaño, y la historia que cuenta. Este FONDART que ganara el profesor, el 2008, habla de una batalla de la que poco se sabe, una batalla en donde la finalidad de Pedro de Valdivia era llegar de Santiago a Rancagua para eliminar la fortaleza incaica o Pucará que en esta zona existía. En esta cruzada se enfrentaron Cachapoal y catorce mil promaucaes contra las fuerzas españolas. Aprovechando la ausencia de Valdivia fue que esa noche, Michimalongo aprovechó de incendiar la naciente ciudad de Santiago.
GALERÍAS Y COLECCIONES
Si bien no están abiertas las puertas de las salas de la Casa del Ochavo, en donde antes del 27F se mostraban las colecciones permanentes que posee el museo. Al frente de la Casa del Ochavo está la Casa del Pilar de Esquina. Ambas tienen las mismas características arquitectónicas, aunque esta última es más pequeña. Es la Casa del Pilar la que hoy está recibiendo exposiciones itinerantes. Esta se construyó en 1780, por la familia Inza. Luego pasó a manos de don Fernando Errázuriz, primer representante de Rancagua en el Congreso de 1811. Posteriormente, vivió aquí la familia Soto-Baeza, que instaló en ella el primer colegio secundario de la ciudad, pero este funcionó poco tiempo. Luego la propiedad fue comprada por los Flores Moreno, quienes en el ala sur de la casa decidieron fundar el Museo de la Patria Vieja, hasta que, en 1952, el lugar pasa a manos de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos. Pero no fue hasta 1994 que fue restaurada por el MOP, cuando abre sus puertas definitivamente como el Museo de Rancagua.
Al entrar a esta propiedad se ve el patio interior cuyo piso es de adoquines, decorados por una inmensa palmera, una escultura de fierro y piedras y una vasija de arcilla de dos metros de alto hecha por un alfarero de la zona. En la primera sala, entrando a mano izquierda, se puede ver una exhibición de una de las colecciones del museo, y que muestra la historia de la loza que se encontró en Rancagua a través de los tiempos. Hay muestras de loza Ironstone, que es aquella hecha en porcelana inglesa o la más conocida como Yellowware, de arcilla amarillenta o la Rockingham, moldeada con esmalte.
Aquí también hay fragmentos de loza perla, con motivos decorativos, y que fueron encontrados en excavaciones realizadas en la zona a finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX, y de loza blanca o Whiteware o la loza crema o Creamware. Todas creadas en China, Alemania e Inglaterra. Hasta llegar a la producción nacional, cuyo registro es del año 1886, según dice en las fichas dispuestas en la sala. Aquí se pueden ver platos y tazas de Loza Penco y de la fábrica de Lota.
Saliendo de esta sala, subimos a otra en un segundo piso de la casona, en donde se ven muestras de alfarería de la zona y una exposición de vidrios: botellas de agua, bebida, vino y cerveza. Tinteros, frascos de todos los tamaños hechos en la Fábrica Nacional de Vidrio. Bajando de esta habitación, y ya en el primer piso, estuvimos en la sala de exposiciones de pintura, en donde vimos cuadros de pintores de la zona como Claudio Goycoolea, Katia Vallejos, y Beatriz Zapata, entre otros.
Por estos días se puede ver una tremenda exposición itinerante y que viene directamente del Museo Nacional de Bellas Artes. La muestra se llama Del Culto al Salón, la que se compone de importantes obras religiosas realizadas entre los siglos XVII y XX. Esta exposición estará abierta al público hasta el 2 de agosto. ¡De no perdérsela!
www.museorancagua.cl.