Gracias a haber sido galardonada en la categoría de Mejor Dirección del Cortometraje DocumentalSolo tú, yo y el asombro, en el Festival FEMCINE 2012 realizado en Santiago, es que esta joven promesa del cine llegó hasta París para exhibir su creación. En estas páginas la historia de una mujer, talquina, y tremendamente exitosa.
por María Paz Macaya O. / fotografía Francisco Cárcamo.
Gracias al asombro de la niñez, la pantalla chica marcó su infancia definitivamente. Magdalena tiene muy buenos recuerdos de esos tiempos y de la televisión, como una gran compañía. “Me crié con la tele prendida; mientras mis papás trabajaban, yo llegaba del colegio y pasaba todo el resto del día viendo TV. Era una compañía, llegar a la casa y prenderla todos los días”.
Con la inocencia de una niña, Magdalena Chacón (32), desde los doce años quiso estudiar cine. No tiene claro qué fue lo que la motivó a seguir el séptimo arte, pero sí recuerda que sus papás eran muy buenos para ver películas. “Aquí en Talca no había muchos cinesni mucha variedad en películas. Sí había un videoclub cerca de la casa y arrendábamos mucho. Ahí encontrábamoslargometrajesque no se exhibían en la pantalla grande, como decine europeo o películas gringas más originales, no tan masivas. Gracias a ese pequeño lugar, vimos mucho cine arte y producciones más alternativas”.
La influencia de su padre fue también determinante al transmitirle y experimentar juntos el gusto por el cinearte. Juntos disfrutaron muchas tardes de cine europeo. “Mi papá era fanático del cine italiano, así que en muchas ocasiones compartíamos en familia viendo este tipo de películas”.
Con un nostálgico romanticismo valora especialmente la programación de la televisión de antes. “Los comerciales de antes eran buenos, entretenidos. La televisión, cuando era chica, tenía más calidad, transmitían por lo menos tres películas al día: tardes de cine, cine en su casa y cine de última función. Hoy día uno prende la tele y ve solo farándula y realitys. Antes daban cine y series de un atractivo sano y mágico, que le dieron a ese medio una buena imagen, a diferencia de la programación actual. Yo creo que eso tal vez me impulsó a estudiar esto”.
Todas esas experiencias entorno a la imagen y al séptimo arte, motivaron a Magdalena a estudiarcine en la Universidad Arcis. Pero el mayor asombro fue comenzar los estudios, ya que la realidad de hacer cine es una colosal aventura más allá de la apasionante creatividad. “Se me abrió un mundo increíble, desconocido, había mucho que aprender y desarrollar. Pero me di cuenta de lo difícil que es hacer cine en Chile, con producciones de poco presupuesto, donde no hay una verdadera industria cinematográfica”.Egresó el dos mil cuatro y después se fue a Buenos Aires por seis meses a cursar unos talleres de guión y de voz. Luego, también hizo un diplomado en la PUC, sobre teoría cinematográfica.
UN MUNDO NUEVO
Como lo define Magdalena, este es un arte complicado donde hay que montar una verdadera empresa con todas sus labores de planificación, organización de presupuesto, obtención de fondos, viabilidad de ejecución de locaciones y producción del guión. Además, hay que liderar un equipo, que debe estar involucrado con el proyecto.
Hacer cine no es solo crear y en Chile es un área todavía muy incipiente, según explica Magdalena, a diferencia de la industria cinematográfica de Estados Unidos o Europa. “Cuestaconseguirun grupo de trabajo comprometido, el guionista tiene que lograr traspasar al director y al equipo la idea. La creación a veces se ve limitada por temas de presupuestos, porque aquí los recursos son escasos, y eso repercute mucho en la producción”.
Su primera experiencia personal fue como una aventura loca de juventud, que hizo a los veinticinco años. Un corto denominado Durmientes, que postuló al Festival de Cortometrajes de Talca y que logró el premio especial del jurado. Filmada en la línea del tren, transmitía en ocho minutos la rebeldía de la mujer ante la dependencia del amor masculino.
Sin embargo, su segunda experiencia de trabajo fue radical y constituyó la primeraparticipación en un proyecto profesional y de mayor envergadura. Fue un largometraje chileno.A los veintiséis años, hizo su práctica como tercera asistente de dirección en la película chilena, dirigida por Andrés Wood, La buena vida, ganadora del Goya de España. “Fue muy traumático, el trabajo es muy duro en ciertos grupos de producción en nuestro país. Lo pasé bien, aprendí mucho, pero la pega fue difícil. Ahí me di cuenta de lo sacrificado que es filmar y la dureza del rodaje”.
Como hay equipos de trabajos cohesionados también pudo conocer modos de producción más intensos. El rodaje duró tres meses,sin parar, seis días a la semana, con una rutina de diez horas diarias. Una forma de responsabilidad muy sacrificada.
Después Magdalena se incorporó a otra película, Secretos,que tenía un ambiente totalmente distinto.Un filme dirigido por Valeria Sarmiento, con un guión de Raúl Ruiz. “Él fue uno de los cineastas chilenos que ha filmado más en Francia. Hay gente que dice que su cine no es chileno sino francés”.
¿Cómo fue tu experiencia laboral en la película Secretos?
Excelente experiencia. Un equipo muy cohesionado, muy humano que logró tener una dirección motivadora. Aquí no había un estilo violento, muy por el contrario, todo se conversaba.Me desempeñé como segunda asistente de dirección. En este cargo estaba directamente relacionada con los actores y su organización funcional en el desarrollo del rodaje. Pero fue un trabajo mucho más motivador por la parte humana. Fue un rodaje menos tenso, más relajado,hippie, donde me reconcilié con la producción de cine”.
¿Cuándo vuelves a realizar una producción propia?
Después de Secretos quise hacer un proyecto propio. Mi mejor amigo, compañero de universidad que se había ido a vivir a Punta Arenas y tenía allá una productora; me propuso hacer algo. Y se dio la casualidad que encontré en mi casa un par de librosde escritores nacidos en Punta Arenas. Así surgió esta idea el dos mil nueve. Postulamos con buenos resultados al fondo regional del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), y al Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) para hacer una serie acerca de escritores magallánicos.La producción estuvo a cargo de Jaime Jiménez, mi amigo, y yo del guión y dirección.
LAS PALABRAS Y EL VIENTO
La serie se enmarca en un clima de viento y nieve, de frío y soledad, sin televisión, donde seis escritores de edad avanzada ven marcada su personalidad por la crudeza del paisaje, el frío y la quietud. El protagonista principal de la historia Solo tú, yo y el asombro, Hugo Vera Miranda, se esconde detrás del oscuro pasillo de un almacén de barrio. Es uno de los más cautivantes poetas chilenos vivos, quien escribe a diario para publicar solo en internet; mientras vende huevos y veneno para ratones; mientras levanta a su pequeño hijo para llevarlo al colegio cada día en una de las ciudades más australes del mundo, Puerto Natales, en plena Patagonia chilena. De la serie, este es el documental premiado que descubre a un sobreviviente. Un hombre que se salva a sí mismo en la poesía, dentro de un cuarto lleno de humo de cigarrillos.
¿Qué significó esta producción?
Cuando uno estudia cine es porque quiere llegar a hacer sus propias películas, a pesar de que para vivir de esto uno tiene que trabajar en otras producciones. Para mí esta serie, significó mi primer proyecto profesional. Mi seriefue muy apreciada por los habitantes de la zona, les gustó mucho, se sentían muy identificados; y eso fue muy gratificante para nosotros.El personaje es muy bello y un tremendo escritor, que no está obsesionado con la fama o con publicar su trabajo, lo que es bastante curioso. Son historias de vidas muy especiales y una buena producción.
¿Cuándo recibiste el premio, qué sentiste?
Cuando postulé esta serie como corto, “Documental Literario” al Festival de Santiago FEMCINE 2012, jamás pensé que iba a ganar, y cuando recibí el premio delprimer lugar, sentí que habíamos hecho un buen trabajo y habíamos logrado traspasar emociones y esa historia de vida. Con este premio obtuve los pasajes para presentarlo en el 35° Festival Films de Femmes de Créteil que se realizaba ese año en París. Allí me di cuenta de muchas cosas y entendí que no hay que cranearse tanto ni darse tantas vueltas antes de empezar y crear, solo hay que hacerlo.
¿Cuáles son tus proyectos?
Estoy trabajando en un documental, que me va a tomar mucho tiempo, acerca de la voz. He estudiado mucho la voz, porque me gusta cantar, además mi pareja es cantante, y en esos estudios me he sorprendido de lo que significa la voz como expresión humana, cómo refleja los traumas, se quiebra con las emociones, refleja si estas enferma o tu estado anímico. Todavía me queda mucho, y tengo que transformar todas estas ideas en guiones. También estoy viendo la realización de un largo de ficción que consiste en una historia de amor, que tiene que ver con la honestidad, de cómo tenemos que ser más valientes, atrevernos a decir la verdad, ya que en nuestras vidas, muchas veces, la ocultamos y no somos felices por temor a decir lo que realmente somos o sentimos.
“(En París) me di cuenta de que no había tanta diferencia con el cine chileno; hay mucho que aprender, pero también tenemos la capacidad de hacer buenas películas”.