Ahí donde la ciudad de San Javier se une al río Loncomilla, se encuentra el Centro de Entrenamiento Regional (CER). Una humilde casa que alberga algunos botes y remos, además de una oficina en donde los deportistas hacen sus ejercicios, ven videos y se reúnen con el instructor. Este es el Club de Canotaje de la localidad, en el que durante el año algunos niños practican de forma amateur y seis jóvenes entrenan de forma profesional el canotaje.
Para Matías Sepúlveda (18) su pasión está en lo remos desde los once años. Hace tres que participa de forma continua en el CER y este año sus sacrificios y esfuerzos han dado frutos, ya que después de someterse a un doble entrenamiento durante el verano, clasificó, en marzo pasado, para el sudamericano realizado en Valparaíso durante abril. Esta competencia internacional le dio un vuelco a su vida, pues junto a su compañero Diego Huircán, oriundo de la región de la Araucanía, lograron obtener la medalla de bronce en la maratón de los veinte kilómetros.
Todo esto ha sido posible gracias a que sus primos lo introdujeron en este deporte y, sobre todo, al apoyo de su familia, compuesta por sus abuelos, su madre y un tío, que lo motivan a seguir adelante y alcanzar su sueño, uno en el que la perseverancia es clave.
A través de mi familia. Todos mis primos mayores practicaban este deporte. Ellos me fueron incentivando hasta que un verano les seguí los pasos y me empezó a gustar. Desde ahí que no he dejado de practicarlo. Es un deporte difícil de aprender porque hay que tener equilibrio. Los primeros meses se basan en lograr equilibrarse sobre la embarcación, te lo pasas volcándote en el agua, pero es muy bonito.
Aquí tenemos remos que son del Instituto Nacional de Deportes (IND) y el profesor Víctor Sepúlveda —Técnico del CER y encargado de Alto Rendimiento en San Javier— nos presta además sus propios kayaks.
Fue por talento y por resultados, porque uno viene a entrenar en el verano y ahí se nos evalúa. Así se determina quiénes pueden entrar en el CER y lograr proyección. Tenía quince años cuando llegué. Vine a practicar un verano y empecé a ver videos, eso me motivó cada vez más, porque para entrar debía tener cierto nivel. Así comencé a competir en Constitución y Talca y fui logrando medallas. Eso me gustó y me llevó a entrenar más y más para subir mi nivel.
Con el correr de los años, Matías ha ido aumentando la intensidad de los entrenamientos. En la actualidad, practica todos los días de la semana, entre las 17:00 y las 20:00 horas, incluso cuando el clima no lo acompaña y las aguas del río Loncomilla se ponen revueltas y peligrosas. Pero para Matías el entrenamiento es sagrado, pues es eso lo que le permite obtener frutos en su carrera, algo que lo apasiona y se toma muy en serio.
Partí en Constitución con un tercer lugar, luego fui varias veces a Talca y obtuve segundos y primeros lugares. Después nos integramos al CER y fuimos a competir a Laja, donde — como delegación— ganamos en todas las categorías. Con lo logrado, me propuse como objetivo entrenar todo el verano para estar en el sudamericano, que se hizo en abril pasado en Valparaíso.
¿Cómo fue estar en ese encuentro?
Clasifiqué sexto en la competencia general. Entonces me llamaron a la Selección B para hacer bote de equipo con un chico de Imperial, Diego Huircán, y logramos un tercer lugar en los veinte kilómetros de la maratón.
¿Una fuerte competencia?
Sí, los argentinos y los uruguayos iban muy adelantados, así que nosotros competimos por el tercer lugar con Ecuador, Perú y Colombia. Fue muy duro, pero logramos el bronce.
¿Cómo fue esta experiencia internacional?
Increíble. Yo me sentía súper preparado, tenía un buen nivel. Lo que es más difícil en Chile es clasificar a la selección, porque dentro de un sudamericano los niveles son parejos y está la posibilidad de una medalla segura. Lo más difícil es clasificar.
¿Qué significa esta medalla para ti?
Refleja todo el sacrificio de estos años, el apoyo que me ha dado mi familia, que siempre está aquí, llueva o haya sol. Además del incentivo que me dan mis compañeros —son cinco—, porque siempre entrenamos juntos.
EL REMO DE APOYO
La familia de Matías es el pilar fundamental para continuar luchando por su carrera de canoista, pues están incondicionalmente junto a él, pese a que no pueden acompañarlo a las competencias que se realizan fuera de la región. Eso le permite cumplir con sus metas deportivas y en su colegio, el Liceo Manuel Montt. Además, en el CER le exigen tener un comportamiento intachable y ser responsable en todos los ámbitos de su vida, lo que le ha enseñado a ser muy disciplinado. Pero todo eso implica también un gran esfuerzo económico, que siempre es un escenario complejo.
¿Tienen auspicios?
Tenemos apoyo del Instituto Nacional de Deportes (IND), que a veces nos paga el técnico y hay que estar agradecido de eso, porque es profesional. La municipalidad siempre nos aporta con los furgones para los viajes, pero no tenemos apoyo de empresas privadas o para comprar implementación.
¿Tu colegio te ha ayudado?
Sí, ahora sí. Les conté que tenía medalla sudamericana y la presidenta del centro de alumnos me dijo que me van a apoyar con dinero para comprar suplementos naturales, que son súper necesarios, ya que el cuerpo tiene una carga fuerte con los entrenamientos. Estoy agradecido de eso.
¿Te proyectas con el canotaje?
Sí, pero según las posibilidades que tenga. Quiero estudiar Educación Física y así poder ir a los Odesur 2014, ya que hay posibilidades de entrar. Pero vivir del canotaje es muy difícil porque hay que estar en la selección y son muy pocos los cupos. No es como en Argentina que hay dieciséis cupos por categoría. Acá son los justos y necesarios: ocho cupos y yo estoy sexto en la juvenil.
¿Es muy difícil llegar a la selección adulta?
Sí. Hay gente que se dedica a esto y uno tiene que estar estudiando y entrenando, pero nada es imposible, siempre hay que perseverar.
¿Qué le ha aportado el deporte a tu vida?
Me sacó de una vida sedentaria, yo llegaba a la casa me ponía a ver televisión o a jugar Play Station. También me ha aportado disciplina, responsabilidad, respeto hacia mis compañeros y hacia los profesores. Además, nos enseñó a trabajar en equipo, que es fundamental, porque si uno se da vuelta, ahí estamos nosotros para ayudarlos.
¿Qué sacrificios has tenido que hacer para lograr tus metas?
Llevo dos veranos trabajando duro. Antes solía salir a veranear con mi familia, este año no. Estuve todo el tiempo concentrado, a veces dejaba de ver a mi mamá. Además, está el dolor físico que causa el entrenamiento, el esfuerzo es muy grande.
¿Qué crees que hace falta en el deporte chileno?
Hay deportistas que son muy buenos, pero sobresalen solo dos y se olvidan del resto, lo que desmotiva. Aquí se han desmotivado varios chicos porque no han tenido apoyo y son buenos, disciplinados. Eso pasa en el deporte en Chile. Falta más apoyo, hay que preocuparse del deporte en general, no solo del fútbol.
¿Tienes algún sueño especial?
Me gustaría llegar a los Juegos Olímpicos de Brasil 2016. Es mi sueño y creo que puede ser, viendo cómo está el nivel, sé que es difícil, pero nada es imposible, hay que entrenar y tener los pies sobre la tierra, venir todos los días a trabajar con humildad, porque nosotros somos súper humildes.